Venecia

«No vayan a Venecia.» — advertencia tatuada con daga de cobalto en una espalda, dirigida a los Reguladores

Quien llega a Venecia llega a una ciudad que no tiene suelo. Como no hay tierra, hay pilotes; como hay islas, hay puentes; como el agua de alrededor es salada, cada campo guarda su pozo de agua potable medieval junto al pozo negro. «Una ciudad oscura y melancólica que está construida de distintas piedras sobre los pilotes hermosos», donde «la perspectiva es a la vez rara, a la vez toda puntuda»: muchas islas pequeñas cosidas por puentes y callejones estrechos —«un callejón variopinto, chiquito»—, canales negros que se pueden atravesar, góndolas «mal estacionadas», a veces vacías. El clima hace el resto: niebla de la mañana, «esa humedad fría que te quema los huesos aunque hace frío», amaneceres grises, lluvia, y sobre todo eso el rielar, «el tipo de reflejo que da la luz de los pórticos».

Dónde está y cómo se llega

Hay una sola Venecia, en Italia, costera sobre el Adriático, a cien o doscientos kilómetros de Florencia. Es una de las «ciudades grandes que han salido a ser banqueros de los poderes del mundo», junto con Génova: no hay muchas de su clase. Se la conoce entre viajeros —«una ciudad que tal vez algunos conocen, vieron, de canales, construidas sobre el agua»— y se llega por mar, por ruta a caballo desde Florencia (saliendo al atardecer, «llegarás a la tarde del otro día»), por teleporte desde el Faro y por un gate a las afueras.

Rige una ley que prohíbe la entrada de vehículos grandes: consecuencia directa de una trama de puentes y callejones que no admite ruedas. Por eso existe, fuera de la ciudad, «una mini ciudad» para alojar viajeros y vehículos — el estacionamiento obligatorio de un lugar sin suelo. En 1900 la ciudad se mantiene casi igual a como siempre se la conoció: «como no hay coches ni nada, es casi lo mismo».

Las tres funciones del agua

Del agua vienen las tres cosas que definen a Venecia, y el plano las reparte:

El Arsenal — «la puerta a todo Oriente». Mástiles de barco cerca de las obras, sobre el canal que lleva al Adriático; allí se revisan astilleros y barcos, y cerca queda la casa del Millones, vinculada a Marco Polo. Por ese Arsenal pasó Dante. El puerto tiene «una muralla marítima reforzada».

El Rialto — «la antigua sede comercial de Venecia»: el dinero. La banca y la puerta a Oriente son la misma cosa vista dos veces: quien controla el canal cobra el paso, como antes —cuando las islas eran propiedades privadas— se cobraba peaje por los viajes entre ellas.

El campo de San Marcos — el poder, el culto y la vida pública, todos sobre la misma plaza. Los Campi son plazas extensas; el principal reúne la Basílica de San Marcos —donde se guarda el cuerpo robado de uno de los Apóstoles—, una de las torres del gobierno, el Café Florian de un lado y el sector del Ayuntamiento. En todas las plazas, los pozos: «los antiguos del medioevo». Perduran además el Palacio Ducal, el Teatro Olímpico, los frescos del Odeón, colecciones de arte, paseos, y símbolos de caballos. El Gran Canal —«el canal Azo, el gran canal»— articula las regiones principales y llega hasta el Arsenal.

El partido y la guardia

Venecia toma partido: apoya a los güelfos negros —«Venecia es de los negros»— y por eso está enfrentada a la compañía. Su seguridad se organiza en tres cuerpos: «una guardia más de gala», «una guardia más interna, bien pulenta, porque se ponen pocos», y una policía secreta que no desfila.

La magia, en disputa

Las escuelas no se ponen de acuerdo sobre la magia de Venecia. Una versión sostiene que la zona de San Marcos, los arsenales y los puertos es área de magia muerta: «Venecia es esa islita blanca», mientras alrededor —las garcenas, el mar, el submarino— «está todo bien». Otra versión describe estelas erigidas y hechiceros actuando en conjunto, en ritual, «yendo a todos los límites de Venecia y erigiendo guardas», con elevaciones de esferas: defensas del lugar en construcción. Si las guardas se levantan fuera del área muerta, o si el área muerta es cosa reciente, es pleito que este cronista deja abierto.

Lo que sí consta: se conoce en Venecia una ruta «para entrar por el infierno», y hay sombras de la ciudad que llevan a la gente por las calles. Porque Venecia tiene dos caras, una normal y una sombría, del mismo modo que existen una Roma sombría o una Palermo.

El Carnaval de 1901

«En Venecia, hoy, año 1901.» El Carnaval es la ocasión pública mayor: la gente prepara las máscaras, dura más de cinco días y cae alrededor de febrero, ligado al 11. Los itinerarios discrepan sobre su comienzo: un testimonio dice que «todavía no empezó el carnaval en sí»; otro, que «hace 2 días que empezó». Bajo las máscaras se toman decisiones críticas —hasta «mandar a matar a todos los capos de plataforma con todos los reguladores»— y se celebra un concilio con figuras políticas invitadas y esperadas para el día; entre los invitados a un evento importante, Elías, cuyo enemigo número uno «anida» en el muro de Venecia. Una reunión de guardianes en la ciudad dura unos diez días; un plazo quedó fijado como consigna: «Tenemos 30 días para Venecia». En el comercio local, la Tienda Doppelganger ofrece descuento en pilchas para T-Flips y Doppelgangers: «Venga con su doble».

Lo que Venecia desencadena

Venecia es central, no marginal: banquera de Occidente, dueña de la salida a Oriente, parte en la guerra de facciones. Todo lo que se decide ahí escala. Un documento del archivo pregunta, sin responder: «¿Cómo Venecia creó la mayor debacle cósmico-capitalista?». En la línea del mundo consta que los hechos «llevaron a la debacle de Venecia», y que en otras líneas hay un hundimiento del «gran titán de Venecia» — que en París Ucrónica no ocurre: allí el 1901 es distinto. Una torre se derrumba en 1902. Y aun destruida y transformada, la ciudad conserva identidad: en su versión eléctrica «tiene alrededor de una especie de campos eléctricos y tiene muchos fantasmas, pero sigue siendo Venecia, como una especie de parque temático».

Por Venecia pasaron, además de Dante, Benetton —visto allí por última vez antes de su llegada a la isla— y se menciona en su órbita a Ludovico del Moro, y un León de Venecia como plataforma zodiacal siguiente a Virgo, de identificación incierta.

Advertencias del cronista

Que el viajero sepa lo que este cronista no sabe. No está establecido qué es el muro de Venecia que anida al enemigo de Elías, ni su grafía correcta. No se sabe qué es el gran titán de Venecia ni en qué consiste su hundimiento, ni qué es exactamente la debacle de Venecia ni cuándo cae respecto de 1901 y 1902. No está fijado si la Venecia eléctrica es un estado posterior de esta misma ciudad o una línea alterna. Nadie ha dicho dónde está la entrada de la ruta que lleva por el infierno, ni quién la conoce. Se ignora qué torre es la que se derrumba en 1902, y cuál de las torres del gobierno es la del campo de San Marcos. La palabra «garcenas» se copia como se oyó. De población, de peajes históricos entre islas, de precios corrientes, el archivo calla. Y sobre todo: la advertencia sigue en pie, tatuada en una espalda con daga de cobalto — los que la recibieron «iban a morir todos». Venecia es puerta a Oriente, plaza de banqueros y umbral letal, las tres cosas a la vez.

Véase además: Florencia · Elías · Benetton · Dante · San Marcos · Reguladores · Faro · París Ucrónica


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.