San Marcos
«Su rostro pasa de ser el rostro de un felino, a ser el rostro de un hombre viejo, sabio, con una barba larga y blanca.» — descripción de la bestia alada, recogida en el archivo
Quien quiera trazar la genealogía de San Marcos debe aceptar desde el principio que el nombre es tres cosas a la vez: una divinidad —bestia alada de rostro mudable, «un animal combinado», «tipo grifo, barbudo», de cara grande, «culto nuevo» con «un defecto de las divinidades»—; el centro de Venecia que la aloja —plaza, basílica, columna y león—; y una disputa de nombres que atraviesa a Barbatos por el medio. Este cronista ordena las capas; no pretende fundirlas.
El linaje del nombre
La plaza es «un lugar antiguo de barbatos»: «ahí están, con un sigil reconstituido a lo lejos». Y Barbatos tiene aspecto benéfico y aspecto no benéfico; el nombre marca la diferencia: «en vez de Marcos el mago, Marcos el evangelista».
Del Evangelista se sabe que fue «un respetable edecán», y que su cuerpo funda la basílica —de eso, más abajo. Del Mago, que apareció por primera vez en el año 275 A.D.A., «coaccionado por los diablos», y que «acertó una pantomima de engañarlos a ustedes»; que vivía en las ciudades invisibles; que «estuvo muy contra hace mil años»; que «un día me dijo me voy a Persia. Y se hizo Arsace, se hizo una dinastía». De su vida conyugal el archivo guarda dos versiones que no casan: en una, Nefedo es declarado su esposo; en otra aparece como «el ex esposo de Neferu», negociando la salida con Torreón y con una ninfa, y ofreciendo perlas negras. Las escuelas discuten si Nefedo y Neferu son una persona, dos, o un tropiezo del copista; esta entrada consigna ambas grafías y no dirime.
Si la bestia alada de la columna es el Evangelista, el Mago, o una tercera potencia que se sirve de ambos nombres, el archivo no lo establece.
El robo fundacional
La basílica se funda sobre un delito aduanero. Marcos el Evangelista «fue robado por los mercaderes de Tronqueto y Torquelo». Los venecianos sacaron el cuerpo del museo y «cubrieron a Marcos de cerdos, de piezas de cerdo, y entonces en la aduana, los ladrones lograron escapar impunes, porque no pudimos revisar bien los barcos de estos mercaderes venecianos». «Entonces ellos se fueron y llevaron y fundaron la basílica de San Marcos en Venecia.»
El botín nunca se recuperó. La impureza del cerdo fue el instrumento del robo, y el hecho se sostiene como afrenta viva al Islam: la legitimidad religiosa de Venecia es inseparable de un delito nunca saldado. De qué museo y de qué ciudad salió el cuerpo, la voz que lo lamenta no lo dice.
La plaza
El centro de Venecia, «en los antiguos distritos administrativos». Está en obra permanente: «se están erigiendo, como la plaza de San Marcos, estatuas grandes, y hay lugares que están colocando piedras traídas de lejos». Tiene una pared de columnas contra la que uno puede pegarse; de mañana «es una bruma que se eleva matutina en la plaza de San Marcos».
En un extremo, las Columnas de San Marcos y San Teodoro: «estas columnas marcaban la entrada principal de Venecia cuando solo se podía llegar allá por mar». Por eso la plaza es también la puerta: «acá ese es un lugar que es la Puerta de Oriente. También la han llamado en su época». Desde puntos elevados «se ve la Basílica de San Marcos», «la basílica extraordinaria», con «una cuadriga con caballos» que representa al panteón. Al costado, la casa de Marco Polo, el Millone, «que brilla con un par de tinineos lejanos» — qué sean esos tinineos, sonido metálico, gente u otra cosa, nadie lo ha aclarado.
Todo en la plaza es cosa traída: la reliquia robada, las piedras de lejos, las estatuas en obra, la cuadriga. Sobre los antiguos distritos administrativos se superponen tres capas — la más vieja, la de Barbatos, que sobrevive como sigil reconstituido a lo lejos; la comercial, que trajo la reliquia y mira al mar; y la nueva fe, que plantó al santo y su león a la vista de todos. Si el culto nuevo tapa al antiguo, lo continúa o lo enmascara, es la pregunta que este suelo no responde.
El león que mira
La manifestación pública del santo es el León de San Marcos: «una enorme columna con un león», «un león clavado» en lo alto, en la plaza principal. El león mira: «el león los había mirado», «es el león de San Marcos que nos está mirando». Y una vez giró — «ese león gira» —, aunque los registros anotan ese giro como cierre de una escena, no como costumbre del monumento.
Pero atención al estado presente, porque el mundo cambió: «el León de San Marcos ya no está más en su pedestal»; «hay una columna oscura donde antes estaba el León. El León ya no está más. Está solo la columna negra»; y otro registro dice que «donde estaba el león, en San Marcos, en este momento hay plantado un pilar de la nada». Si columna negra y pilar de la nada son la misma cosa, y si el león se fue, fue removido o descendió, son versiones que el archivo deja abiertas. Lo único firme es que el pedestal está vacío, y que eso no es escenografía: es un cambio de estado del mundo.
El otro guardián
Marco Polo opera como el polo opuesto del lugar: «el otro guardián de acá… el gran Marco Polo», que «fue amigo del Khan». El Gran Khan lo recibió como enviado de «lugares distantes, que desde su perspectiva le dan tributo, pero no están directamente dominados, por ejemplo una Venecia», para que le hablara de las ciudades invisibles. Su viaje terminó cortado: «Marco Polo termina prisionero de como piratas… genoveses que lo llevan ahí», y lo dejan en Italia. Su casa, el Millone, sirve de punto de encuentro al costado de la plaza.
El culto
San Marcos es «un culto nuevo, pero bueno», con «un defecto de las divinidades». No está por todas partes: está creciendo. Funciona además como sacerdote fundador que habilita ritos: «bajo la nueva fe de un sacerdote lo hiciste ¡Hazlo en el nombre de Hada!» — el nuevo orden permite celebrar uniones en su nombre. Quién oficia, con qué frecuencia, quién paga: nada de eso consta todavía.
Advertencias del cronista
Que el lector no me pida lo que las voces no dieron. No consta de qué está hecho el león — solo que la columna que quedó es «oscura», «negra» —, ni la altura de las columnas, ni las dimensiones de la plaza. No consta qué es el sigil reconstituido a lo lejos, ni quién lo reconstituyó, ni qué hace. Queda fragmentado el pasaje que vincula «la piedra» que dañó a Marcos el Mago con el imperio unificado desde el este que Roma le arrebató; y de la historia de Luque, por la que el Mago pasa, no hay más que el nombre. Sobre todo: si San Marcos, Marcos el Evangelista y Marcos el Mago son una potencia en tres aspectos o entidades distintas, las voces oponen mago y evangelista dentro de Barbatos — pero no dicen si la bestia alada de la columna es alguno de ellos. Este cronista deja la genealogía abierta, que es la única forma honesta de cerrarla.
Véase además: Barbatos · Venecia · Gran Khan · Ciudades invisibles
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.