Londres

«Es infernal Londres, el reino de diablos.» — así, sin atenuante, lo consignan las voces del archivo

No hay más que una Londres, y es única en su clase: ciudad-reino de los diablos y, a la vez, capital donde el movimiento obrero ya tomó «casi más del 50%» del Parlamento. Uno de los polos fijos del mapa, complementaria de Venecia Eléctrica. Quien la busque en los itinerarios no la encontrará en los márgenes: «ahí tienen sede de poder. Ahí es la sede».

Tres ciudades en una

Este cronista ha aprendido que Londres no se deja contar de una sola vez; hay que recorrerla tres veces, porque son tres ciudades superpuestas que comparten calles.

La sede infernal. Londres es el centro administrativo de los diablos, y un diablo mantiene allí su embajada principal: todo trato con el infierno pasa por esta ciudad. Ante quién se acredita esa embajada, y qué diablo la ocupa, es cosa que los registros callan.

La puerta. Se afirma —y el lector hará bien en retener el matiz de ese se afirma— que en Londres se logró «directamente abrir un portal infierno permanente», mediante los antiguos manuscritos atlanteanos «que fueron encontrados, o que surgieron otra vez». Permanente quiere decir lo que quiere decir: la puerta no exige reapertura ni ceremonia repetida. No hay otro portal permanente registrado en parte alguna del mundo; si el infierno tiene un domicilio estable de este lado, es éste.

La plaza política. Los socialistas controlan casi más de la mitad del Parlamento. Karl Marx reside en la ciudad, «seguido de cerca por la policía secreta», y allí se convocan «las próximas reuniones importantes» del movimiento. Nótese la forma del control: vigilancia, no represión abierta. La policía secreta sigue a Marx sin detenerlo — ese seguimiento sin arresto es, hasta donde el archivo alcanza, el único hilo que une la ciudad de los diablos con la ciudad de los revolucionarios.

La tensión que nadie explica

Que el único portal infernal permanente del mundo esté abierto precisamente en la capital cuyo Parlamento ya es mayoría obrera: he ahí la estructura de Londres, y he ahí también su enigma. Los diablos tienen la sede y la embajada; los socialistas, el Parlamento y las reuniones; la policía secreta camina entre ambos. Si una cosa causó la otra, si los diablos toleran a los socialistas o los usan, si el infierno vota o el voto conjura — el archivo no lo establece, y este cronista, que ha visto arruinarse a más de un colega por completar lo que las fuentes no dicen, lo deja declarado como pregunta.

Su peso, en cambio, no admite duda: si Londres cambia de manos, cambian a la vez el eje infernal y el eje revolucionario del mundo, porque los dos tienen ahí su domicilio. La ucronía política ya se decidió en esta ciudad, no en otra parte.

La plataforma de Virgo

A Londres le corresponde, dentro del sistema de plataformas zodiacales repartido por el mundo, la de Virgo, cuyo guardián «ya hay conjurado». Es una tercera capa de la ciudad, y el material no la vincula con las otras dos: ni con la sede diabólica ni con el Parlamento. Dónde se emplaza dentro de la ciudad, qué es exactamente una plataforma, qué guardián se conjuró — nada de eso consta.

La calle Morgan

Y bajo todo lo anterior, el crimen ordinario, que en las capitales nunca falta: el Carnicero de la calle Morgan, un asesino serial que «entra en las casas», contemporáneo a los sucesos de París — la ciudad de los primeros liberados por los reguladores, en el año 1889. Por ahora es un hilo suelto de la vida urbana; el archivo no lo anuda a diablos, portales ni parlamentos.

Reparos del cronista

Que el lector no se llame a engaño: de la Londres material —su piedra, su clima, su luz, su ruido, el modo en que se le nota lo infernal al caminarla— este archivo no conserva nada. Ni siquiera si el portal es visible, ni dónde está emplazado. Lo único con textura son sus partes nombradas: la calle Morgan, el Parlamento, la embajada, la plataforma de Virgo. El propio portal permanente llega envuelto en «posiblemente» y «dicen»: ¿hecho establecido del mundo, o rumor que circula en él? Circula un epíteto que la llama «la hija del tridente y el escudo infernal», apoyado en una frase casi irrecuperable —«london se llamaba pero ahora está pura»—; este cronista lo consigna sin fijarlo, a la espera de mejor testimonio. Y queda por saber si el Carnicero es hombre, diablo o criatura: las voces lo describen como asesino serial, pero los catálogos lo guardan entre las criaturas. Que decida quien tenga más papeles que yo.

Véase además: Venecia Eléctrica · París


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.