
No es alto y llena el aire. La boca casi no la usa: para eso tiene el resto del cuerpo.
Lo retrató de medio perfil, con el blanco y el carmín ya puestos, los cuernos pequeños vueltos hacia atrás y las mangas largas donde caben más bolsillos de los que conviene contar. La mano no consignó el nombre verdadero, y hizo bien: en su linaje los nombres averiguados se pagan caros.
Presentación
Dandy es un sobrenombre, y eso es lo primero que hay que saber de él. En su familia los nombres verdaderos no se pronuncian — un apellido que no se dice —, y quien pregunte por qué recibirá una función de teatro en lugar de una respuesta. El archivo respeta la costumbre: hay linajes que aprendieron a los golpes lo que cuesta un nombre averiguado.
Tiefling del Callejón del Gatehouse, criado entre la sopa y los asilos con Adriel, Lucio y Lem, Dandy se fue joven a las tierras orientales y volvió convertido en algo que la Colmena no sabía clasificar: un actor que hace magia — la cara pintada, la ropa como un telón, el gesto por idioma — formado en artes que por acá no se enseñan. De ese viaje trajo también la otra educación, la que no sube al escenario: hierbas, venenos, fermentos y bichos. En la toma del templo del Hielo no tocó espada: soltó un enjambre de arañas por la puerta, se llevó de bando a los escarabajos de fuego con un silbido, y después, arrodillado ante el estanque congelado, cosechó a mano desnuda ocho dosis de sueño de los lotos de ámbar, con la ternura de un ladrón bueno.
En su casa se cuenta una sola historia de origen, y la cuenta él, cuando quiere: había una bisabuela rica, que lo perdió todo, y nos dejó a nosotros. Qué era ese todo, y adónde fue a parar, es una herencia que Dandy busca — y la crónica, que ya vio brillar cierto vidrio negro en el rebus de un arco y en el filo de una llave, sospecha que la búsqueda tiene mejor olfato que el buscador.
Viaja con la tía Barbarella, que lo abriga, lo peina y le impone el más severo de sus tabúes.
La herencia, con nombre de generala
En el subsuelo del templo la tía ofreció un trato: sus dos dagas —una negra, de obsidiana; una blanca, de hielo— a cambio del martillo y el cincel. La compañía empezó tentada, olió la manipulación y dijo que no; hubo sangre, hubo un beso que vació a Adriel, y al final la tía ya no estaba donde estaba: quedó adentro de la daga negra, y las dos dagas quedaron con los muchachos. Dandy se quedó con la de hielo y, cuando la tormenta se abrió, se separó de los suyos para seguir la pista de su tía y el hilo de la Dama del Hielo. Eso no se lo perdonó nadie; tampoco se lo reprochó nadie en voz alta.
Del otro lado de la ventisca lo esperaba Uken, con trineo y perros, y con la primera versión completa de la historia familiar que Dandy había contado siempre a medias: que su estirpe participó en distintas guerras, en cargos importantes; que a su bisabuela la encerraron en obsidiana; que quien está dentro del vidrio negro sirve hoy, lamentablemente, a quienes no quisiera —una generala en la comandancia de los enemigos de Caloria—; y que hay una manera de ayudar a los suyos, siempre que Dandy ponga la mano en el trabajo. La obsidiana antigua de Nothenvell es la misma de la daga; con ella se arma a un reino y, quizá, se encuentra a una abuela. Dandy fue a Nueva Edimburgo. Dejó un mojón de piedras para los demás.
Cuando volvió al templo a buscarlos, no volvió solo: una torre de fuego venía detrás. Después, en la ruta, hizo lo que sabe: ocho flechas envenenadas con el loto de ámbar, una bajada por debajo de un puente con la soltura de una araña para descubrir la emboscada, y un vidrio negro afilado atravesando a un yeti. El archivo anota que la herencia, ahora, tiene un nombre de guerra —Ajani— y que Dandy no lo dijo en voz alta ni una vez.
El rescate, el favor y las dos libertades
En los Salones, Dandy descubrió que la cooperación de Azidem tenía precio. Combatió al lado de los suyos, reconoció como pariente al tiefling que acompañaba a la chamana y, después de hablar con él a solas, lo dejó marchar. De ese encuentro obtuvo una pista: Calíope conocería el nombre verdadero de Ajani. Dandy quiere liberarla de una servidumbre y cree que entonces volverá a la Guerra de la Sangre. Sus amigos temen lo que una potencia liberada podría elegir. La confianza del sobrino no es una garantía sobre el porvenir.
Antes de llegar a Karlstorf, gastó el loto que había reservado para dormir a un oso y sacar a Lucio de sus garras. Recibió heridas por acercarse. En la corte hizo otra clase de trabajo: convirtió la toma de los Salones en teatro de sombras para que Burkestein viera en Sidqa a un posible aliado. La representación conmovió al salón; el permiso comercial siguió pendiente.
Con Gunhilda hubo intimidad y una promesa de huida. Ella conservó la filacteria de su juventud, pero le entregó el anillo de sus años de guerrera. Dandy lo compartió después con Lem. La reina quedó en la corte, enamorada y temiendo que su marido descubriera la ausencia de la joya. El reino que Dandy prometió para ambos aún pertenece a sus palabras.
Dandy soñó con el Salón de los Oradores de Sogol, vacío y oscuro. El temor y la esperanza de reencuentro no le dieron una explicación; algo de esa inquietud resonó en Lirio. También quiso buscar respuestas en su tía, encerrada en la daga negra, y chocó con Adriel cuando éste le recordó lo que significa una voluntad sometida.
En el umbral de Aries terminó la agonía de un cautivo cortándole el cuello, intentó hablar con los caballeros y combatió con ilusiones y ardides cuando el diálogo fracasó. Estuvo fuera del muro que protegió a sus compañeros de la descarga de púas y buscó resguardo en un árbol. Sigue vivo, junto a los otros cuatro, con el acceso exterior ganado y las promesas todavía abiertas.

El favor de Gunhilda, el sueño y las deudas que siguen abiertas. La lámina reúne momentos sucesivos.
Vínculos
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SOGOL — su ciudad; el Callejón del Gatehouse
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Barbarella — la tía
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Uken — el maestro planar que le enseñó a leer puertas
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El templo de Ashtar del Hielo — arañas, escarabajos y lotos
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La Marilith de Obsidiana — el archivo anota el vínculo del vidrio negro sin explicarlo
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La generala Ajani — la herencia con nombre de guerra
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Caloria · Nothenvell — el reino y la ciudad donde su obsidiana se volvió política
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El ángel del martillo y el cincel — lo que la tía quiso a cambio de las dagas
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, primera jornada — la lectura del portal frío, las arañas, los escarabajos, la cosecha de los lotos de ámbar.
- Jornada segunda — el trato de la tía: las dos dagas por el martillo y el cincel; la negativa; el combate.
- Jornada tercera — la separación con la daga de hielo; la vuelta con una torre de fuego a la espalda.
- Jornada cuarta — Uken en la nieve, la historia de la bisabuela y la generala; Nueva Edimburgo; las flechas de loto, el puente, el yeti.
Casas del ciclo · ♏ 🎭 Un actor que no habla, un envenenador que cura abrigos, un heredero que no sabe qué heredó. Dandy se pinta la cara porque debajo hay un nombre que no se dice — y el archivo, que colecciona vidrios negros, apila junto a su ficha un puñal, un rebus y una armadura que alguien, en alguna parte, todavía quiere recuperar. — glosa del Decadiano.