«Tengo una tía loca que dice que era un súcubo, o algo más.» — Dandy, cuando todavía era una manera de hablar

Presentación

En el Callejón del Gatehouse todos conocían a la tía: la mujer que abrigaba, peinaba y alimentaba a los muchachos de la Colmena, que aparentaba treinta años desde que alguien tenía memoria, que era «más grande» de lo que aparentaba sin que nadie supiera cuánto, y que le impuso a su sobrino Dandy el más severo de sus tabúes: no tocar parientes. Se hacía llamar Barbarella, y el barrio, que no respeta nada, le decía Barbeta. Dandy la presentaba como una tía loca que dice que era un súcubo, o algo más. La frase era exacta en todo salvo en el tiempo del verbo.

Cruzó el Arco del Todavía No con los cuatro, la noche de las botas, y en el país del hielo ardiente hizo la guardia de una mala noche de terrores; sobre su hombro apareció Uni, el mono cíclope, que ella mimaba. Hasta ahí, la tía.

Lo que era

En el subsuelo del templo muerto de Ashtar —el sanatorio alterado, la sala de cirugía con la luz que no se apaga— la tía puso sobre la mesa dos dagas: una negra, de obsidiana, y una blanca, de hielo, y pidió a cambio el martillo y el cincel de los dabus. Los muchachos empezaron tentados, olieron la manipulación y dijeron que no. Entonces la tía dejó de ser una manera de hablar: besó a Adriel y le sacó la vida, como se saca el dulce de un frasco; hubo sangre, hubo la unidad del martillo y el cincel manifestándose en un ángel de una sola ala; y hubo un grito que Dandy conoce de su estirpe, el grito de lo que los de su sangre temen más que el dolor y más que la derrota: la captura, a un paso de que alguien pronuncie el nombre verdadero.

Barbarella es una súcubo: una demonia del Abismo que vivió una vida entera de calor prestado en un callejón de Sogol, y que quiso las herramientas del ángel para algo que no dijo. Hoy está adentro de la daga negra. Quien la lleve, lleva a la tía; quien quiera liberarla tendría que romper el vidrio, y quien conozca su nombre puede hacer con ella lo que se hace con los de su especie desde que hay nombres: llamarla, doblarla y ponerla de guardia. Su linaje entero ha sufrido por los nombres averiguados.

La sangre lejana

El archivo anota dos cruces y no los suelda. El primero es de nombre: en Torregrises hubo otra Barbarella, aventurera que descubrió en una peluquería que era la sombra de un gran héroe de la luz y huyó de los sabasios bajo un manto de psicodelia; a la de Sogol le cabe la misma categoría que a aquélla en las notas viejas —Seductor Universal— y la misma condición de sombra que aprendió a abrigar. Las voces de la gesta viva dicen que es la misma. Este cronista lo deja dicho.

El segundo es de sangre. Se cuenta que Barbarella tiene un lejano parentesco con Ariadna, la demonil estrella caída del Laberinto, la hija del Rey que se encorna cuando el Abismo la roza y que elige por deseo a quien salva. Dos mujeres de la misma sangre vieja, una que da el hilo y otra que quita el aliento; una que espera a la puerta del laberinto y otra que espera en un callejón. Qué grado de parentesco, y por qué rama, el archivo no lo sabe.

Vínculos

Apariciones

  • Gesta viva de Sogol, primera jornada — la tía del Callejón; la guardia de los terrores; el mono en el hombro.
  • Jornada segunda — las dos dagas, el beso, el grito, la daga negra.
  • Jornada cuarta — nombrada por Uken: la tía está capturada en la obsidiana.

Casas del ciclo · ♏ 🖤 Una súcubo que peina a los chicos del barrio y les impone no tocar a los parientes: el tabú era para protegerlos de ella. Vivió treinta años de calor prestado y lo cobró en un beso; ahora es un filo negro en la mochila de su sobrino. El archivo, que ya sabe lo que cuesta un nombre en esa familia, no escribe el suyo. — glosa del Decadiano.