
«He venido a ocupar el lugar que me corresponde. El universo me pertenece desde antes de que ustedes, dioses, nacieran siquiera a la existencia.» — Uken, riéndose por dentro, en un país donde nadie ríe.
Encapuchado y encorvado sobre el bastón, con la cara medio perdida y la boca fina a la vista — la única parte que la lámina deja leer, y justo la que conviene. Los dijes que le cuelgan de las ropas están encendidos: alguien los cargó. La mano dejó el resto en sombra, que es donde trabaja.
Presentación
Nadie en el Callejón sabe de qué especie es Uken, y no por falta de intentos: encorvado sobre su báculo, la cara a medias en la capucha, algo que reluce siempre entre las ropas de viajero, el maestro planar pertenece a esa vieja estirpe de los que caminan las aulas de los viajeros y vuelven con más preguntas de las que se llevaron. Se le conoce una doctrina — la de los Athar, que miran a los dioses y ven farsantes con buen presupuesto — y una anécdota que nadie pide que repita: una vez, dicen, terminó una discusión reventando una cabeza.
Es maestro de los muchachos del Gatehouse en el sentido más amplio y menos verificable de la palabra: al tiefling Dandy le enseñó a leer puertas; a Lucio — a Lucio lo mira distinto, y le habla de herencias. Fue Uken quien los esperaba del otro lado del arco, exactamente donde un portal cerrado hacía cien años acababa de abrirse; fue Uken quien nombró el templo del Hielo, la llave de obsidiana negra y la redención pendiente; y fue Uken quien no pudo acompañarlos, porque hay un pacto antiguo con el lugar que dio esa obsidiana, y los pactos antiguos no se manchan las manos.
La crónica lo anota sin juzgar: hay maestros que regalan destinos como el pescador regala carnada. Lo que Uken pesca, y para quién, es una de las preguntas abiertas de la gesta viva.
El que arma caravanas
La segunda vez que se lo vio fuera de Sogol fue en la nieve, con trineo, perros de cabeza rara y un pedazo de cecina para tirarles, junto al montículo de donde acababa de salir un templario oxidado, y con los compañeros de Dandy recién tragados por la ventisca. Habló como habla siempre: de prosapias que no era momento de discutir —mi gente son caminantes planares muy antiguos; conocimos las tierras exteriores antes de que fueran exteriores a nadie; hace tiempo que nos perdimos en ellas—, de trabajo, refugio y voz para quien se interese por su herencia, y de dos cosas que a él le interesan: demostrar la falsedad de los dioses, para lo cual necesita un vínculo más directo con uno que fue echado y con fuerzas que no quieren a los Athar; y la obsidiana, porque el tráfico de armas es redituable y él sabe que Dandy es una persona coherente respecto de los negocios.
En Nothenvell resultó ser lo que en Sogol nunca había dicho: el contacto, el tutor, el enlace entre un thane de las armas y unos muchachos del Callejón. Sacó un mapa; nombró a Caloria —el reino, o el archipiélago casi, de islas de llamas y calor—; explicó que la línea de suministros estaba vulnerada, que viejas fortalezas enanas podían estar ocupadas, que había fuerzas de fuego y hielo posicionándose en maniobras que preceden a los combates; y contrató a la compañía como escolta de la caravana de treinta trineos, con ropa de frío, armas mejores y clases de trineo. Les dijo también, sin que nadie se lo pidiera, quién es la generala del otro lado y de quién es pariente. Después se fue a preparar las cosas.
El archivo observa que Uken nunca pisa lo que reparte: no pisó el templo por un pacto antiguo, no pisó la ruta por trabajo. Los pactos antiguos no se manchan las manos; los negocios tampoco.
Vínculos
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Athar — su doctrina: los dioses como farsantes poderosos
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Dandy — su discípulo de puertas
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Lucio — su discípulo de herencias
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El templo de Ashtar del Hielo — la misión que repartió sin ir
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El Arco del Todavía No — el umbral donde esperaba
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SOGOL — la ciudad de la que nunca, hasta ahora, se lo había visto salir
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Caloria — el reino por el que hace la guerra sin ir a ella
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Nothenvell — su ciudad de contacto
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El camino de Mertylmane — la caravana que armó
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La generala Ajani — la que nombró delante de su pariente
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, primera jornada — la aparición en el país congelado; la parodia de dios; el reparto de las herencias.
- Jornada cuarta — la nieve, el trineo, el mojón de piedras; el encargo en Nothenvell; el mapa de Caloria; la historia de la generala.
Casas del ciclo · ♑ 🎣 Un maestro que no cree en dioses y habla como uno para burlarse de todos; un viajero que sabe dónde están las llaves pero tiene las manos atadas por pactos que no explica. Uken espera en los umbrales con la paciencia del pescador — y la crónica, que ya vio morder el anzuelo, todavía no sabe si el sedal termina en su mano o más arriba. — glosa del Decadiano.