Sogol

El que llega a Sogol no llega a un sitio dentro de un mundo: llega a un mundo con forma de ciudad. El itinerario más honesto lo dio quien mejor la conocía: «imagínense que la ciudad es una dona». Un anillo urbano cerrado alrededor de un lago, de modo que el circuito de barrios termina donde empieza —«después está el marketplace y después del marketplace está el lago de vuelta»—. Sogol es «una diferente edición de la posibilidad del nexo del cosmos y de la confusión de los planos»: la ciudad de la creación.

El anillo, barrio por barrio

Quien haga el recorrido completo encadena, uno tras otro: the Cleft Ward, «donde está como la municipalidad», sede del gobierno; the Guide Hall, «donde pasan las cosas de la ciudad», la vida pública; the Foundry y la forja, «que es tipo las fábricas pero no sale humo de acá», la producción; the Hive, el barrio, y el marketplace, donde se comercia. Subiendo la colina está the Ladies Ward —también registrado como The Lady’s Ward—, zona residencial, con el lago del otro lado y una bajada hacia él. Y así el circuito cierra sobre sí mismo.

El lago es a la vez centro geográfico, borde del recorrido y frontera salvaje: alrededor hay bosques con ciénagas, y en el lago mismo «hay como un pasadizo y una torre». Qué es ese pasadizo —acuático, subterráneo, construido— y de quién es la torre, este cronista no lo puede decir.

El sol que da la vuelta

Sobre Sogol hay un sol que «sale por un lado y se oculta por el otro», transitando por distintos lados del anillo en ciclos alternados de día y noche. La consecuencia es rara y hermosa: en Sogol el día y la noche no son solo momentos, son posiciones dentro de la ciudad. La disposición circular es también un reloj.

La técnica sin humo

Tecnológicamente «es un poco más evolucionado todo». No hay luz de electricidad «porque electricidad está rara», pero sí hay lámparas. La fábrica no larga humo. La estética es de años 50 «pero modernosas», «tipo Fallout, pero antes de Fallout» —comparación que el archivo conserva tal como se dijo—, con autos fantásticos. Sogol tiene la industria y el confort sin la suciedad, y eso no es casualidad: concuerda con su ley. El mobiliario, además, puede conseguirse por vía mágica: una sala grande y vacía se amuebla trayendo «volando» una mesa y un juego de sillas, diez minutos de vuelo mediante.

Las puertas

Sogol funciona como nexo: las puertas la conectan con los planos. Su estado por defecto es el de puertas apagadas, con reactivación posible bajo circunstancias específicas: no todas están desactivadas, y «de alguna manera tal vez se pueden activar». Consta una salida desde las Malvinas hacia Sogol fechada en 1954 — quiénes salieron y adónde llegaron exactamente dentro de la ciudad, el archivo no lo consigna.

Y consta un hecho que cambia la historia de la ciudad: la primera activación de un portal en toda la historia de Sogol la realizó una compañía de viajeros. Quedó dicho con asombro: «¿entienden que son los primeros en activar un portal en Sogol?». Hasta ese momento, la ciudad del nexo nunca había tenido un portal activo.

El suelo y la ley

En Sogol el suelo se posee y se disputa. Hay terrenos, hay quien construye sobre ellos, y entre sus habitantes están las almas salvadas, «las que están en Sogol peleando por el terreno». La Jabalina posee terreno del otro lado del río, sobre una lomada de paisaje «muy hermoso», rodeado de casas, «casas medio palacetes», y construye allí una casa con una primera gran sala.

Una norma explícita rige a la ciudad: «la ciudad no exporta guerras». De ahí que «es una ciudad que tiene que ser ejemplo» — un modelo frente a otras ciudades del nexo.

Sogol y Sigil

Aquí los registros discrepan, y conviene decirlo sin rodeos. Una versión hace de Sogol otra edición del mismo nexo que Sigil; otra la pone contenida dentro de Sigil —«Sogol, Sigil, una vacía, pero al mismo tiempo, ¿quiénes están viviendo?»—. Son dos escuelas y ninguna ha ganado el pleito. En lo que todas las voces coinciden es en la comparación: Sogol es más grande y está mejor hecha —«hay más gente con esa idea de Sigil pero más grande y mejor hecha»—.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. El que viaje a Sogol viaja con más preguntas que mapa. No se sabe cuántas puertas tiene, dónde están, ni qué circunstancias exactas las reactivan. No se sabe quién gobierna desde el Cleft Ward ni bajo qué autoridad se sostiene la ley de no exportar guerras. No se sabe con qué se paga en el marketplace: ni precios ni moneda constan. No se sabe contra quién pelean las almas salvadas por el terreno, ni bajo qué régimen se adjudica la tierra. No se sabe por qué la Foundry no larga humo: si es técnica, ley o propiedad del plano. Se menciona además, junto al año 1954, un «¿1966 o qué?» que nadie confirmó. Y del conjunto llamado Logos Sogol —¿nombre propio, era del calendario, clasificación?— el archivo dice el nombre y nada más. De olores, ruidos y estado de conservación de la ciudad —¿entera, remendada, en obra?— no hay noticia, salvo la casa en construcción de La Jabalina. El que sepa más, que lo diga; este cronista no lo va a inventar.

Véase además: Sigil · La Jabalina


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.