«Lo han llamado de muchas maneras. Nothenvell es el nombre, pero también le dicen Nueva Edimburgo. Y para vos, que te gustan las cronologías: estamos en 1926.»
Presentación
En el borde de Caloria, lejos de la capitanía de la costa, hay una ciudad pegada a un volcán que la calienta y la amenaza en la misma medida: Nothenvell, que sus habitantes —escoceses de otro mundo, con acento de primario y costumbre de apilar piedras para decir por acá fuimos— llaman Nueva Edimburgo. Es una ciudad de geotermia, vapor y forjas: chimeneas, calefactores, trabajadores de vida dura y guardias de contradisturbios, obreros borrachos, un cementerio, y en cada esquina el temblor del volcán, que aquí se vive como se vive la lluvia. La fecha local, para quien la pida, es 1926.
Nothenvell existe por una sola razón: mina obsidiana. El vidrio volcánico se corta bien contra el frío, y en una guerra de fuego contra hielo eso lo vuelve arma, mercancía y política. Pero no toda la obsidiana es igual: hay una veta antigua y especialmente encantable, la misma de cierta daga negra que llegó a la ciudad en manos de un tiefling, y que los ensayadores de Nothenvell aprendieron a reconocer gracias a ella. La ciudad tiene un thane de las armas, un impuesto del diez por ciento, permisos de aventura en regla, y un contacto planar que se mueve entre todos ellos con la soltura de quien conoce las puertas: Uken.
Es, además, una ciudad muy Athar: industrial, sin templos que valgan la pena, con un cementerio donde lo sagrado no germina. Cuando un paladín intentó hacer crecer allí una rosa blanca del descanso, no pasó nada. Hay lugares donde lo sagrado se apagó y lugares donde nunca prendió; Nothenvell es de los segundos.
El refugio de un año y un día
La compañía de Sogol no llegó a Nothenvell caminando. Llegó deseada: cuando un ángel, con las herramientas de los dabus en las manos de Lucio, pidió que aparecieran cerca de un lugar seguro donde ningún demonio pudiera seguirlos ni condenarlos durante un año y un día, la realidad se reajustó, y los cuatro se encontraron instalados en la ciudad del volcán desde hacía varios días, con papeles, permisos y una despensa que no recordaban haber llenado. Dandy, que había llegado antes en el trineo de Uken, los recibió como si nada; y el mojón de piedras con la runa «Vengan a Nueva Edimburgo» que Uken había dejado en la nieve quedó como el único recuerdo de que el camino, alguna vez, fue un camino.
Vínculos
- Caloria — el reino del que es enclave
- Uken — el contacto, el tutor, el que reparte encargos
- El camino de Mertylmane — la única ruta hacia la costa
- El ángel del martillo y el cincel — el que deseó la ciudad como refugio
- Los Athar — la doctrina que le calza a una ciudad sin templos
- Los Pozos de Basalto — la otra cuna de obsidiana del país del hielo
- Dandy — el que llegó primero, en trineo
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, jornada cuarta — la llegada de Dandy con Uken; el deseo del ángel; el encargo de la caravana; la partida de los treinta trineos.
Casas del ciclo · ♑ ⚙ Una Edimburgo de vapor junto a un volcán que tiembla, en un reino de islas de fuego, en un plano que se mueve: Nothenvell es un refugio hecho de todas las cosas que no son seguras. Y sin embargo un ángel la eligió para esconder a cuatro muchachos de los demonios por un año y un día. Los ángeles saben algo de las ciudades que nosotros no. — glosa del Decadiano.