
Camina como una pregunta y pelea como una respuesta.
El torso cúbico, la asimetría encorvada, el ojo único puesto en la cara frontal donde debería no haber nada, y las dos espadas cruzadas a la espalda junto a las antenas. La mano trazó también, apenas visible, la placa raspada del número de serie: lo único que Lem se sacó él mismo.
Presentación
En el multiverso es muy difícil encontrar un modrón que no sea parte. Lem es esa rareza: un modrón renegado — cuerpo cúbico con una joroba que ningún plano de fábrica autorizó, brazos grandes de más, dos antenas hacia atrás, el panel del número de serie raspado hasta el metal — viviendo en el Callejón del Gatehouse de Sogol como vive el único extranjero de un pueblo: siendo, para todos, el modrón.
Los que saben de su especie dicen que en algún punto de su servicio hubo una falla que no era falla: una discusión consigo mismo, un parpadeo de agencia, y del otro lado del parpadeo, Lem. Lo que se sabe con certeza es más interesante: trabaja como escriba y catalogador en el Salón de los Registros — pagina, asienta, vectoriza títulos de propiedad —, y de ese oficio sacó las dos cosas que lo definen. La primera es una convicción: quien domina el pasado domina el futuro, y quien domina el presente domina el pasado — por eso los registros importan, y por eso alguien, alguna vez, los tocó: Lem ha visto asientos alterados en el Salón, años enteros que responden acceso denegado, y no se lo cuenta a cualquiera. La segunda es un arma inesperada: la burocracia. Fue Lem quien asentó — o asentará, los tiempos del Salón son suyos — que el templo del Hielo es herencia de quien lo redime.
Pelea con dos espadas largas, cruzadas a la espalda junto a las antenas, con una lógica trituradora que no gasta un solo movimiento de más. Al terminar, hace girar las hojas como un ventilador, para limpiarles la sangre, y las guarda hermosas. En la lengua de los mercenarios ese gesto tiene traducción exacta.
Lo que le pasó en las Nieblas
En la cripta de Ungarn, contra un guardián muerto de otra guerra que exigía armas encantadas y cobraba en vida, Lem murió. Sus últimas palabras reivindicaron quedarse para proteger a sus amigos; y sus amigos cargaron su cuerpo por el bosque, entre lobos, hasta el umbral del templo, y le pidieron al ángel lo que no se pide. Lem aceptó volver, pero no como reparación simple: volvió reconfigurado, con su memoria y una carcasa modrónica más resistente, que ningún plano de fábrica autorizó tampoco. Está hecho, y ahora hay que pagar el precio, dijo el ángel. Lem, que cataloga precios, no discutió.
Desde entonces lleva, además de sus dos espadas, la espada del guardián de la cripta, que Lirio le entregó en Nothenvell: una hoja de calidad con la empuñadura rota y reparada, que muerde especialmente a lo que se regenera. Y fue Lem el que bajó con una cuerda a la pileta de la atalaya de los seis pilares, donde brillaban las cosas de los antiguos reyes, y el que la nieve quiso quedarse: lo sacaron a fuerza de brazos.
Queda una cuenta abierta que es de su oficio: un alcalde de Ungarn dictó un contrato para ser ingresado en el Salón de los Registros de Sogol, y un paladín de su compañía lo carga. Quien asienta títulos en ese Salón es Lem.
El sello, la cueva y el anillo
En el trato con Sidqa de Ascalón, Lem reconoció una distinción de su oficio: el poder de un sello no le da por sí solo validez en Sogol. La compañía colaboró con el mercane sin firmar el contrato mágico. El dominio efectivo de los Salones tampoco produjo una escritura ni una concesión de la Corona.
En el camino a Karlstorf un atacante con insignia de oso polar partido lo derribó sobre la nieve. Más tarde volvió con Lucio a la guarida del oso que había herido a su amigo: encontraron al animal muerto y una criatura que lo había consumido desde dentro. Lem quedó atrapado en sus mandíbulas; Lucio calculó una explosión de roca y lo sacó vivo, con la carcasa destrozada. No hubo un nuevo fallecimiento ni una nueva resurrección.
Dandy puso a su disposición el anillo recibido de Gunhilda, una pieza que devuelve fuerzas al herir. Lem llegó a llevarlo en combate. En el umbral de Aries sostuvo el choque contra el caballero de la ballena y sobrevivió con sus compañeros. Los tesoros de los nichos abrieron otra conversación sobre quién necesitaba cada protección; el reparto completo no quedó asentado.
Vínculos
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SOGOL — su ciudad de adopción; el barrio tiene taller de reparación de modrones, y él no lo usa
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La Marcha de los Modrones — el destino del que desertó su especie, o él
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El templo de Ashtar del Hielo — donde sus dos espadas hablaron por él
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Ungarn — donde murió, y el contrato que quiere entrar a su Salón
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El ángel del martillo y el cincel — el que lo devolvió
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Lirio — el que le dio la espada del guardián
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Los Salones de la Escarcha — la pileta de la atalaya
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, primera jornada — la fuga, el asalto al templo, el giro de ventilador, el asiento de la herencia.
- Jornada tercera — la cripta de Ungarn, el guardián, la muerte; el cuerpo cargado por el bosque; el sí al ángel.
- Jornada cuarta — el regreso reconfigurado; la espada del guardián; la pileta de la atalaya.
Casas del ciclo · ♒ ⚙ Los modrones marchan; Lem se detuvo, y en ese detenerse cupo una persona. Ahora cataloga títulos en el Salón de los Registros y ha visto lo que no debía: años que responden «acceso denegado». Un cubo con joroba, dos espadas, y la sospecha más peligrosa de Sogol — que la historia también tiene dueño. — glosa del Decadiano.