Bellaca (en su vida mortal, Lali)
“Toda mujer que fue muy querida en su valle y muy perdida después tiene, en este mundo, un final que el cronista habría preferido no transcribir. Pero el oficio es el oficio.”
Para esta entrada el cronista lamenta no disponer todavía de lámina — no la ha dictado**, o la se conservó y el cronista no la ha encontrado, lo cual ocurre con cierta frecuencia y la mano no se ofende—. Conviene, sin embargo, anotar lo que el lector debería ver si la mano se decidiera: mujer joven sentada al pie de un árbol gris, raíces saliendo de los hombros, ojos completamente verdes, cabeza apenas separada del cuerpo. No la dibujen —si el lector siente la tentación de pintarla mientras lee, que la resista— porque a Bellaca dibujarla es invocarla, y en este punto los manuales son unánimes.
Su vida mortal: Lali
Lali fue la más bella de Valdemora —epíteto que en su valle no se daba ligeramente y que ella ganó por consenso antes de cumplir los veinte—. Pareja juvenil de Caladan en los años en que ambos eran demasiado jóvenes para ser ya quienes serían; luego esposa de Decio_Balmora —caballero ranger de Valdemora— por elección que el cronista no juzga, aunque algunos cronistas locales sostienen que la elección tuvo más de huida hacia adelante que de afecto resuelto. Tuvo, brevemente, vida que las novelas conocen y los archivos no suelen consignar: casa, jardín, mañanas tranquilas, una rutina.
Se perdió durante una cacería de Decio, en los días en que el valle todavía no se llamaba Valakhan y el aire todavía no se cerraba en bruma. Quince años después —contemos así— los Buscadores la encontraron en una cripta bajo las cavernas de la Ciudadela, corrompida y mantenida en un estado intermedio que el archivero del Plata describe, sin literatura, así: “una dormida que no estaba viva”. Hablaba en su voz —que Caladan reconoció antes que nadie—, pero al servicio de un nuevo señor que la rodeaba con dos figuras corpúgonas armadas de látigos; el archivero menos discreto que el cronista las llamaría erinyes; el cronista prefiere reservarse. La frase que pronunció al verlos —“no estuviste entonces yo tengo un nuevo señor”— sonó dirigida a Decio en lo literal y a Caladan en lo cósmico, lo cual es la calidad técnica del reproche.
La decapitaron con Decio presente, después de la frase decisiva que el archivo conserva en boca del marido: “Sabías que no estaba viva. Estaba en una dormida. Vamos a terminar esto.” El cronista, que ha aprendido a oír las criptas cuando la cronomancia lo permite, conserva la mecánica: Decio sostuvo el filo con las dos manos, Caladan le pidió un instante que Decio no le concedió, Lali abrió los ojos —por primera vez del todo, según la piedra—, dijo la única cosa que dijo en aquella cámara que el cronista no ha sabido transcribir sin temblar: “Sabía que vendrías a hacerme esto. Te perdono. Te he perdonado siempre.” Y entonces el filo bajó. Limpio, alto, ángulo recto al cuello. La cabeza no cayó hacia adelante.La cabeza miró a Decio durante el instante en que toda cabeza separada mira al que la separó —instante que la doctrina anatómica sostiene imposible y la cronomancia, en cambio, atestigua con regularidad— y después subió, flotó un palmo, dos palmos, tres, antes de que el cuerpo empezara su caída hacia el pozo. El verbo terminar, como el lector advertirá, no resultó exacto.
El error técnico de los Buscadores
Aun decapitada, el cuerpo de Lali siguió volando un momento —una respiración entera, según los testigos que respiraban; el cronista no se aventura a precisar más— antes de caer al pozo de abajo. La cabeza, en cambio, no cayó.La cabeza voló. Lo que los Buscadores leyeron como remate fue transición: el corte separó lo que la transformación necesitaba separar. De aquella decapitación nace Bellaca.
Bellaca
Bellaca es vampireza del subtipo cabeza-que-se-sale —Penanggalan lo llaman los manuales malayos, Krasue los tailandeses, Manananggal los filipinos: la cabeza separada del cuerpo, volando con vísceras colgando o sin ellas, conservando la voluntad de la mujer que fue—. La nomenclatura más amplia es la del cronista; el subtipo es uno solo. Lo que la distingue de sus análogos folclóricos: raíces que le crecen de los hombros y la anclan al árbol que gobierna. No es vampireza libre. Es vampireza-de-árbol: parte de un sistema vegetal mayor del que ella es avatar consciente.
La reina del árbol
Bellaca gobierna el Árbol Gulthias —rizoma del Árbol mayor que creció en la Forja Arcanum del nivel noveno del dungeon— sentada entre las raíces como en un trono de madera viva. Quien la ve por primera vez —el testimonio que el cronista cita es el de Héctor Risco, hechicero novato cuyo nombre se ha registrado por costumbre archivística y no por celebración— no la encuentra fea: la encuentra terriblemente seductora, de un modo que el archivero del Plata atribuye al residuo de la belleza mortal de Lali y el cronista atribuye, además, a la sintaxis vegetal del árbol que la sostiene. Ojos verdes completos. Voz dulce, casi tierna, especialmente al consagrar. Conserva memoria de su identidad mortal: reconoce a quienes Lali conoció, lo cual hace los reencuentros futuros más difíciles que los enfrentamientos.
La oferta
A través del mismo Héctor —manipulado psíquicamente con la elegancia que en este oficio se atribuye a las arañas— Bellaca envió mensaje a los Novatos:
“Tengo un mensaje para los que vinieron a buscar a los chicos. Deciles que no hace falta pelear. Deciles que tengo armas para todos. Que pueden ser mis caballeros. Los Caballeros del Árbol de Armas. Una orden nueva, consagrada por mí. No solo puedo perdonarlos. Puedo consagrarlos. Que se unan a mí y les voy a mostrar el camino a los tesoros detrás de la cascada.”
Ofrece, entonces, cuatro cosas: las armas-fruto del árbol (espadas, hachas, dagas, “cosas sin nombre” colgando de las ramas como peras maduras); la consagración a una orden nueva —los Caballeros del Árbol de Armas—; tesoros geográficos detrás de la cascada del barranco; y, en quinto lugar implícito, perdón por todo lo previo. El cronista advierte al lector que las cuatro ofertas son la misma oferta dicha de cuatro maneras, y que aceptar una es aceptarlas todas, y que el perdón implícito no se ofrece por necesidad teológica sino por economía de seducción.
A Héctor le entregó, como anticipo de la consagración, una espada corta negra con vetas latentes. El cronista, que ha leído tratados sobre las armas que aceptan al portador antes de ser aceptadas, no recomienda recibir nunca un arma así.
La paradoja del reencuentro
El cronista anota la cuestión y se retira sin resolverla: ¿qué pasará si Decio —viudo formal de Lali— se cruza con Bellaca en la espesura? ¿La reconocerá? ¿Lo reconocerá? ¿Hablarán? ¿Habrá vencido el árbol a la memoria, o quedará en el verde de los ojos alguna luz que la voz dulce todavía sepa traer? No lo sabemos. El cronista, por una vez, prefiere no inventar el final.
Y aún más al fondo: ¿qué pasará cuando Bellaca encuentre a Caladan —señor del dominio que la engendró en su forma actual—? Pareja juvenil de Lali, darklord brumoso de Valakhan, vampirizado él también por la cadena de Malakita: dos vampiros antiguos que se conocieron mortales, enfrentados como pareja cósmica oscura del dominio mismo. El cronista no se aventura. Cualquier cosa que diga sobre ese encuentro estará, casi por definición, debajo de lo que el encuentro merecerá.
Vínculos
- Caladan — pareja juvenil mortal; señor cósmico del dominio que la sostiene
- Decio_Balmora — viudo formal; cazador desorientado en su propio valle
- Mirela_Valka — rival amorosa frustrada de la juventud
- Árbol Gulthias — el rizoma vegetal que la sostiene
- Arbol_de_Armas_Principal — el árbol mayor del que su árbol es brote
- Forja Arcanum — donde el árbol mayor se cocinó
- RAJ-750 — IA semilla originaria del árbol
- Belac — druida custodio terrenal del Gulthias, subordinado a ella
- Ciudadela_Sin_Sol — cripta donde Lali estuvo “dormida”
- Valdemora — pueblo de su vida mortal
- Stejara — pueblo a cuyo barranco baja
- Valakhan_de_la_Bruma — dominio que la contiene
- Caballeros_Cicatriz_del_Sol — orden cuya simetría oscura ella ofrece
Apariciones
- Antes del cierre del dominio — vida mortal en Valdemora como esposa de Decio
- Durante el hiato (años uno a quince) — desaparición; corrupción en cripta
- Sesión del rescate de los chicos — decapitación por los Buscadores; cabeza voladora
- Hiato tardío — formación como Bellaca, ascensión como reina del árbol
- Sesiones intermedias de Novatos — descubrimiento por hechiceros; oferta de consagración
- Ciclo presente — aún reina; aún anclada; aún esperando los reencuentros mayores