Fernandín

Si quisieras retratar a Fernandín, tendrías que retratar tres lealtades cosidas a un mismo cuerpo: la clase, en los pantalones rotitos y la «ropita de paja»; la casa, en la cruz roja «cosida medio desprolijamente» sobre el pecho; y el comedero, en la capa con su bordado en forma de pan mordido. Ningún sastre del mundo explicó jamás cómo esos tres paños conviven sin tirar uno del otro. En Fernandín conviven.

El retrato

Joven paje y escudero del popolo minuto, arquero y hombre de dagas al servicio de un señor templario, del que es «casi el primero» entre sus pajes. Lleva alguna prenda con capucha que no siempre se pone, y el pelo al ras: «su corte de taza, su corte que hoy en día se llamaría rolinga, de pelitos muy cortos». Es el pobre de la compañía, el que pone el cuerpo del popolo minuto en toda empresa colectiva — «así como está en la sociedad, tiene que estar en todas las empresas que son pop y para la sociedad».

Las armas que se ven y las que no

Su equipo repite la lógica del doblez que gobierna toda su figura. Un arma que se ve: el arco corto, colgado siempre detrás. Un arma de caballero: el rapier. Y dos que no se ven hasta que salen: las dagas que tiene siempre guardadas en las mangas, una por manga — se lo ha visto «sacar todo» y sacar así las dos de golpe. A distancia tira; de cerca esgrime; para lo que no se anuncia, desenvaina lo que nadie sabía que llevaba.

Hay un cuarto nivel, que no es de ataque sino de percepción: usa guantes que vibran. Vibran cuando Alberico está cerca, «porque saben que tu presencia está cerca. Están buenas para detectar». De dónde le vinieron esos guantes —herencia, compra o don— es cosa que nadie ha dejado escrita.

El otro Fernandín

Sobre este cuerpo pesa el episodio que lo volvió caso y no solo persona: durante «un tiempo largo, tal vez unas semanas», quien anduvo con los compañeros bajo ese nombre no era él. Un doppelgänger ocupó su lugar, y nadie pudo distinguir el momento del cambio. Quedó dicho sin rodeos: «Fernandino no era Fernandino sino una de las brujas».

La cosa que ocupó su lugar se describe como «una cosa horrible, gigante», con alas — de una de esas alas queda un pedazo clavado en un costado. Pero las versiones no se ponen de acuerdo sobre qué fue exactamente lo que se vio: una escuela dice sustitución por doppelgänger; otra, que era una de las brujas; una tercera sostiene que «es muy probable que Fernandito esté siendo poseído» — por un zar. Tres explicaciones para la misma anomalía, y ninguna cancela a las otras. Este cronista las deja las tres sobre la mesa del archivo, porque elegir una sería escribir lo que el mundo no dijo.

El cuerpo clavado de flechas

Tras el combate contra las brujas, Fernandín no está con la compañía. Después de la batalla, el Narrador señala un cuerpo clavado con flechas — «Tienen uno de ustedes muerto, está clavado ahí» — pero los compañeros no logran fijar dónde está ni si sobrevivió: «no saben si está muerta», «no saben dónde está el otro». Un arquero terminado a flechazos sería una ironía demasiado redonda para darla por cierta sin confirmación. Su paradero queda abierto.

La reliquia del pan mordido

Entre los compañeros se alzó una propuesta: «que el cuerpo de Fernandín sea una reliquia, y cuando alguien baile o toca se le va el hambre». Un pobre del popolo minuto que, muerto, quitaría el hambre — la idea cierra el círculo con el pan mordido que llevaba bordado en la capa, símbolo del Comedero del Buen Ladrón al que estaba adscripto. Pero conste que es voz de un compañero y no palabra ratificada del Narrador: la reliquia, si existe, todavía no hace milagros en ningún registro.

Lo que su caso le hace al mundo

El peso mayor de Fernandín no es su hoja de servicios. Es esto: si a un paje conocido, cercano al señor templario, se lo puede sustituir durante semanas sin que nadie note el punto de corte, entonces ninguna identidad del entorno es verificable por trato ni por costumbre. Fernandín es el precedente de infiltración larga de este mundo. Después de él, todo rostro familiar carga una pregunta.

Advertencias del cronista

Quede el lector prevenido de lo que el archivo no establece. No se sabe si Fernandín está muerto: el cuerpo clavado de flechas y la incertidumbre de los compañeros conviven sin resolverse. No se sabe si la criatura alada «horrible, gigante» es el impostor o el propio Fernandín transformado: el registro las nombra bajo el mismo nombre. No se sabe si «Fernandito», «Fermín» y «Alberico» son un mismo personaje o varios: las voces los cruzan sin fijarlo — y nótese la incomodidad de que los guantes de Fernandín vibren ante Alberico, cuando Alberico figura además como variante de su propio nombre; si un hombre lleva guantes que detectan su otra grafía, ese hombre es un problema de archivo andante. No se sabe qué es exactamente el Comedero del Buen Ladrón ni qué obligación impone a quien lleva su pan mordido. Y nada explica si el Comedero y la orden templaria tienen trato entre sí, o si solo se tocan en el pecho y la capa de este muchacho.

Véase además: Alberico · Comedero del Buen Ladrón · Popolo minuto · Doppelgänger


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.