La monja descalza que bajó al jardín del Infierno predicando amor y paz, y volvió de él con escamas en la piel y una corona de estrellas que no había pedido.
Presentación
Cuando cayó Fernandín, la misma mano que lo había sostenido tomó un segundo hábito, y de ese hábito nació Niki, la Carmelita. El archivo la registra como monja descalza: asceta militante de los cuatro elementos, de las que rezan con el cuerpo entero y curan poniendo la mano, sin más techo sobre la cabeza que el cielo cargado. Su fe es cristiana y combativa —“amor y paz predica el Señor”, repetía, aun en el peor de los lugares— y la llevó, junto a los Florentinos, hasta el corazón mismo del descenso.
La crónica la encuentra sola, atada como un cabrito para el sacrificio cerca de la marca de luz, dentro de una fortaleza de murallas concéntricas que el Infierno había hecho florecer en jardín de las delicias: senderos que se bifurcan, mariposas, nieve teñida de sangre cayendo sobre las almenas mientras afuera ardían el sonido y la furia. Allí la cortejó una potencia que se decía diosa, viuda y nostálgica de un pasado prístino arrebatado, para volverla su campeona y su visir. Niki rechazó el vasallaje y rechazó el pacto —“no me tengo que llevar por el poder”, dijo, y “no hay como volver atrás, hay que ir para delante”—, pero aceptó el otro don.
Porque a Niki la transformó la Reina Oscura en jineta de dragones. Le brotaron escamas y, aunque reclamó para su montura no el color de los malignos sino el oro y el metal de los buenos, fue al dragón rojo al que terminó cabalgando. Por montarlo, de su seno nació un orbe —el Orbe de la Estirpe Dracónica—, semilla que debía arrojarse al centro para soltar a los dragones contra los invasores del pozo. El archivo la nombra descendiente de Zenobia, la reina cautiva, y la representa con alas de ángel y de águila y una corona de estrellas: la mujer encinta del Apocalipsis, la que está por dar a luz.
Tiene también su hueco, como toda figura que el archivo mira de cerca: la ceguera. La que veía dragones y orbes y vestidos que cambian de color era, en su falla, la que no veía.
Vínculos
- Fernandín — el hábito anterior de la misma mano; su caída precede a Niki
- la Reina Oscura — la que la transformó en jineta de dragones
- Zenobia — la reina cautiva de Palmira, su sangre
- Florentinos — su compañía, los Héroes Invisibles
- Infierno — el jardín-fortaleza donde fue tentada y transformada
Apariciones
- El jardín de las delicias del Infierno — atada para el sacrificio; la tentación de la diosa viuda
- La transformación en jineta de dragones — escamas, el dragón rojo, el orbe nacido de su seno
- El rechazo del vasallaje y del pacto; la salida por el boulevard de los vencidos
- El linaje de Zenobia; la mujer del Apocalipsis, alas y corona de estrellas
Casas del ciclo · ☷ ⛎ La monja descalza baja con los Florentinos al jardín-fortaleza que el Infierno hizo florecer en sus profundidades, y allí, en el corazón del descenso, la Reina Oscura la transforma en jineta de dragones. Su sangre repite la de Zenobia, la reina cautiva. Y hay una costura cifrada: cuando cayó Fernandín, «la misma mano que lo había sostenido tomó un segundo hábito» —el alma que entra de nuevo, no atada a un solo cuerpo. — glosa de Sucesos.