Una misma ciudad, una misma fe güelfa, partida en dos por un agravio venido de Pistoia: los Blancos y los Negros, que aprendieron a odiarse antes de saber por qué.

Presentación

La Florencia del año mil trescientos que recorren los Florentinos está rajada por dentro. No la divide ya la vieja querella entre güelfos y gibelinos —ésa la ganaron los güelfos—, sino una grieta nueva, abierta dentro del bando vencedor: los Bianchi (Blancos) y los Neri (Negros). El cisma, dice la crónica, vino contagiado desde Pistoia, y prendió en Florencia como prende el fuego en la paja seca.

Entre los Neri militan las casas de más dura sangre: los Donati, con Corso Donati a la cabeza, y los Spini —los banqueros del Papa, de quienes desciende Lucio—. Entre los Bianchi, los Cerchi, y con ellos el propio Dante, que en su bimestre de prior tomó la decisión más insólita y más justa: mandar al exilio a los jefes de ambos bandos, para que la ciudad respirara. El gesto le costó caro: terminaría, él mismo, en el camino del destierro.

Sobre ese tablero político se juega la gesta de mil trescientos —la ciudad al borde de la guerra civil, el año del Jubileo, las maniobras del Papa Bonifacio VIII y de los príncipes franceses tirando de los hilos—. Los Florentinos se mueven entre Blancos y Negros como entre dos mareas que suben a la vez.

Vínculos

Apariciones

  • Florencia ~1300 — la ciudad partida en Blancos y Negros, al borde de la guerra civil
  • El cónclave de priores — Dante vota exiliar a los jefes de ambos bandos
  • El trasfondo del Jubileo, Bonifacio VIII y los príncipes franceses