Llamadle La Rosa, que así lo nombran los que no saben su otro nombre; y el otro nombre se lo dio una voz entre las estrellas, y no se escribe.
Presentación
De los Spini vino —la casa de banqueros que prestaba al Papa Bonifacio VIII y sostenía el partido de los güelfos negros entre Florencia y Venecia—. Cuando se quiso una escolta para el poeta Dante por las calles del año mil trescientos, fue un Spini el que se pidió, y ése fue Lucio. Los que lo trataban de cerca lo llamaban La Rosa; otros, más lejos, Baris; pero el nombre que de veras lo gobernaba no era ninguno de los heredados.
Porque Lucio era, antes que banquero, vidente de patrones: veía en los hechos la veta que otros no ven, como quien lee la estructura escondida bajo la piel de la piedra. En cualquier otro siglo lo habrían tomado por loco que dice venir del porvenir; en éste era cierto, porque hablaba con algo. Selló un pacto con una potencia antiquísima —de las que se cuentan entre los astros, los señores feéricos y el conocimiento que enloquece—, y esa potencia tenía un nombre que la leyenda templaria escupe con horror, Baphomet. Por la boca de su patrón recibió un nombre secreto, el verdadero, el que no se escribe sino temblando: Abraxas.
Su patrón le confió una misión que ni sus propios compañeros debían conocer. Molay —el Maestre del Temple— llevaba, decía la voz, dos cabezas: una verdadera y una falsa, y al cabo de su intriga Lucio habría de quedar como cabeza oculta de los templarios, dueño de hilos que todos creerían de otro. Así se volvió, sin que el resto lo supiera, origen secreto de una orden; espía de su propio dios entre los hombres de Damasco y de Jerusalén; jugador empedernido que se la jugaba entera por una recompensa mínima, y que entendía su camino como una espiral de saber prohibido —ecos de aquel horror de las profundidades que en el archivo se nombra Cthulhu—, sabiendo que al fondo de esa escalera lo esperaba la locura.
Y al final vendió su alma para salvar a los suyos, y para devolver el aliento a Luca cuando Luca ya no respiraba. Pero sobre Lucio pesa una sombra que ningún pacto lava: la del daño a los inocentes, la de un niño entregado al fuego de Moloch —no se sabe si por culpa suya o por engaño de los que negocian almas—. Por un enredo de contratos infernales, la condena que era de Lucio estuvo a punto de caer sobre Luca, como si las firmas se hubieran cruzado en la oscuridad. Tal es La Rosa: el que construye sobre los escombros y pregunta, en cada ruina, si uno queda sobre la cima de los cascotes o enterrado bajo ellos.
Vínculos
- Baphomet — la potencia con quien selló el pacto
- Abraxas — el nombre secreto que le dio su patrón
- Molay — el de las dos cabezas; la misión oculta sobre el Temple
- Templarios — la orden de la que sería cabeza escondida
- Luca — el compañero a quien devolvió la vida; el cruce de condenas
- Florentinos — los Héroes Invisibles, su crónica
- Bonifacio VIII — el Papa a quien servía la banca Spini
- Dante — el poeta que pidió la escolta de un Spini
Apariciones
- Florencia ~1300 — escolta de Dante como hombre de la casa Spini
- La canalización del patrón — la misión de las dos cabezas de Molay
- La infiltración entre los hombres del Temple, rumbo a Tierra Santa
- El alma vendida — la vida devuelta a Luca y el cruce de contratos
Casas del ciclo · ⛧ ※ Vendió su alma a Baphomet para salvar a los suyos y devolverle el aliento a Luca, y la firma le cobró de más: por un enredo de contratos infernales su condena casi cae sobre Luca, y sobre él pesa el niño entregado al fuego de Moloch. El pacto que el precepto prohíbe se rompe siempre, y aquí condena por partida doble. Su otro nombre lo delata: bajo La Rosa y Baris, la voz entre los astros lo rebautizó Abraxas —el nombre verdadero, el que dice lo que de veras es. — glosa de Paulus.