Plano Astral
Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.
En ANTITERRA
De la cosmografía de los planos, según se ha podido reunir de las voces del archivo; escrito para los que navegan y para los que rezan, que en el Astral son el mismo oficio.
«El plano astral hay mucha luz, mi amigo.»
De su lugar en el cosmos, que no es lugar
No busque el lector el Astral en carta alguna de la Tierra, porque no es región sino matriz: hay uno solo, y «está del otro lado». Es el plano que conecta todos los planos entre sí —«las estrellas y los vacíos»—, lugar sagrado, sin tiempo propio, adonde van las conciencias que se disipan y por donde pasa toda teleportación. Los cosmógrafos de la escuela más reciente ya no lo piensan, con los suyos, como niveles de existencia separados, sino como distancias medibles en tiempo, «años luz», con la metáfora del reloj. Así el mapa del universo dejó de ser una escalera y se volvió una carta de navegación; y «naval en el mundo planar es el plano astral»: se lo navega.
Del aspecto del país astral
Es espacio luminoso y abierto, sin suelo que el archivo declare. Ahí «corren vientos» —vientos astrales que, cuando se filtran al mundo material por puertas que quedaron abiertas, no se sienten en la piel sino en la mente: «de golpe sienten que hay un viento, pero no es un viento real. Sienten en la mente». Toda puerta abierta hacia él deja un canal que sopla ese viento hacia este lado; téngalo presente quien encuentre una corriente que no mueve el polvo.
A lo lejos se ven bestias gigantes que van muy suave: «parece que son ballenas astrales», y una de ellas es más grande que las otras; cantan. Y diseminados en la luz hay dioses «que están hechos piedra en el plano astral», petrificados y todavía invocables: con el Quescalis se los convoca. El Astral es así, a un tiempo, ruta, depósito y frontera: por él se viaja, en él reposan los dioses de piedra y las conciencias disipadas, y desde él soplan las puertas mal cerradas.
Del modo de entrar
Se entra por proyección: el cuerpo queda dormido del otro lado y del viajero sale un cordón plateado de la espalda. Mientras dura el viaje alguien tiene que cuidar los cuerpos, «porque si no los cuido los destruyen» — quién habla ahí, y qué destruiría a los dormidos, el archivo no lo aclara, pero la advertencia queda.
Se entra también por conjuros de traslado, y hay quien lo alcanza por prenda: «la capa de las estrellas me deja hacer el equivalente a un plane shift pero solo para el astral y volver» — versión básica, de ida y vuelta única. Mas el acceso es escaso y desigual: hay lugares del mundo desde los que directamente «al plano astral no, justamente al plano astral no, no hay contacto». Por qué están cortados esos lugares, nadie lo ha escrito.
Del tiempo, que ahí no corre
Esta es la ley más cruel del país luminoso: su tiempo no marcha con el del mundo primario. «Estoy en un lugar donde el tiempo no sigue», dijo un viajero; y una respuesta que ahí adentro es rápida puede llegar sesenta años después al mundo primario. El que vuelve sano puede volver, sin embargo, a un mundo que ya lo enterró. Por eso el Astral es peligroso incluso para el que no encuentra enemigo.
Y no obstante se lo ha propuesto como campo de batalla: arrastrar al adversario a la luz sin suelo, como en aquella propuesta de traer a Tiamat «aquí al Plano Astral» para derrotarla.
De los planos vecinos
El Astral hace sistema con los demás, y esta carta no estaría completa sin nombrarlos. Los planos elementales son las sustancias en estado puro, y se abren como portales sobre lugares concretos de la Tierra: los acuáticos; el del fuego; el del rayo, conectado con el Véneto y con los campos eléctricos de Venecia; el del diamante, donde está la mayoría de los diamantes cósmicos. El plano etérico, lleno de criaturas etéreas invisibles, es «otra forma de ver ese universo»: el cosmos pensado como algo lleno, la base elemental de las sustancias. En París Ucrónica se cultivó la cosmología que integra astral y etérico como niveles diferenciados.
Hay además recintos privados que alguien fabrica o modifica: semiplanos y planos paralelos creados, como el Plano de Swann, al que se entra con una llave que «no era mágica ni nada, pero realmente era una llave de la casita» — que la puerta más humilde abra un mundo entero es cosa que este cronista consigna sin comentario. Y existen conjuros, como el de planar binding con su pergamino, que generan un lugar donde se llama a una criatura en particular.
Consta también en el archivo que la cabeza que cayó vino de otra realidad conectada a través del Astral, no de este cosmos: prueba de que la matriz comunica más de lo que este mapa alcanza a dibujar.
Del peso que carga
El mundo entero cuelga de él. Si el Astral conecta las teleportaciones, la muerte y las estrellas, cualquier alteración suya toca a todos los planos a la vez — y las voces del archivo registran ya «la caída del plano astral» como evento de escala apocalíptica, ligado a huestes de invasión. No es margen del mapa: es el papel sobre el que el mapa está dibujado.
Advertencias de Paulus
Confieso aquí, con la melancolía del que ha leído más de lo que entiende, lo que este tratado no puede resolver. No sé decir qué es el Quescalis —artefacto, lugar, hechizo o palabra de poder—: los registros lo nombran sin describirlo. No sé quién es el que promete cuidar los cuerpos dormidos, ni qué los destruiría en su descuido. De «la caída del plano astral» ignoro cuándo ocurrió, quién invadió y qué quedó dañado; el que sepa, escriba. Las escuelas disputan si los planos elementales están dentro del Astral o si son destinos separados que solo se alcanzan cruzándolo, y no seré yo quien zanje lo que los cosmógrafos no zanjaron. Tampoco consta cuáles son los lugares de la Tierra sin contacto con el Astral ni por qué están cortados; ni si los dioses petrificados y las conciencias disipadas son un mismo depósito o dos estratos distintos de esa luz; ni cómo se mide en la práctica la distancia astral, si es verdad que los planos son ahora años luz. Que el lector viaje sabiendo lo que no se sabe: es la única brújula que puedo darle.
En VALA
Advertencia del guía de ruta: lo que sigue no es un lugar. No se llega caminando, no se mide en jornadas, no tiene norte. Se entra en él como se entra en el agua, y el que entra tiene que saber tres cosas antes: que ahí no se cae, que ahí el tiempo no cuesta lo que cuesta acá, y que hay algo esperando. «Es un Astral Implosion esperando.» Con eso dicho, sigamos.
Tratado del vacío plateado
Los que ordenan el cosmos de Vala lo cuentan entre los grandes órdenes: junto a los planos elementales, los planos transitivos y los planos infernales, el astral es la cuarta columna del edificio, y la única que los registros describen con cuerpo. Es un vacío plateado y blanco, irradiado de luz sin que haya objeto alguno que la proyecte: la irradiación no viene de ninguna parte. No hay suelo. No hay viento. No hay referencia espacial, y de esa triple ausencia nace su sensación característica: «una sensación de estar cayendo sin estar cayendo. Porque no hay referencia» — un vértigo que no cesa, porque nada lo contradice.
Es, además, morada de dioses. Eso lo vuelve destino y no solo tránsito, aunque cuáles dioses, cuántos y en qué región del vacío, ninguna voz lo fija. La estructura planar del cosmos quedó expuesta en un interludio por Titti Frame, donde también se nombraron el Feywald y un tal «Dschaufe» — formas que este cronista transcribe con desconfianza.
Lo que flota en la nada
El plano se organiza por sustracción: quitado el suelo, la gravedad, el viento y la referencia, lo que queda es luz plateada y las cosas que flotan en ella. Y flotan cosas. «Un rojo de asteroides debajo»: asteroides rojos suspendidos. Cristalizaciones — el vacío haciéndose materia. Cordones plateados, visibles «en el último momento antes de ser chupado del plano astral»: la única línea que conecta al viajero con lo que dejó.
Hay excepciones sólidas. En ciertas zonas «de golpe estás en un suelo negro / con estrellas de fondo / alrededor y sigue estando la luminosidad plateada»: el piso negro estrellado aparece, pero la luz plateada persiste igual, como si el plano no consintiera en apagarse ni ahí. Hay al menos un laberinto, con territorio que «parece bifurcarse entre senderos deliberados» — la anomalía del conjunto: una estructura con intención dentro de un medio sin direcciones. Quién la trazó y cómo se sostiene sin suelo, el archivo no lo dice.
Y hay restos. «Muertos, crackers, pedazos de pulpo… quedan en la costa», dice una voz que este cronista recoge con todas las reservas: no se sabe qué criatura dejó esos fragmentos, ni cómo puede haber costa donde no hay suelo.
Leyes del medio
Del movimiento. No hay gravedad: para moverse hay que volar. El que no vuela queda «parado en el medio de cualquier lugar» — suspendido, sin caer y sin avanzar, porque tampoco hay viento que lo arrastre. El vacío no castiga: simplemente no colabora.
Del tiempo. El tiempo transcurre distinto que en el plano material, y la desproporción es enorme: nueve años para quien está adentro pueden ser un rato para quienes están afuera. Entrar y salir reordena, entonces, el cómputo de una vida entera. Para quien sabe aprovecharlo, el plano es tiempo abundante: «¿no saben la cantidad de tiempo, si es que existe el tiempo acá, que van a tener para proyectar su imaginación acá?» — la imaginación proyectada es operación posible dentro del vacío. Nótese que la misma voz que fija la tasa de conversión duda de que el tiempo exista allí; las dos afirmaciones conviven, y este tratado las deja convivir.
De la salida. Solo consta que se sale por succión — se es «chupado del plano astral» — y que justo antes se ve el cordón plateado. De la entrada, apenas la fórmula del itinerario: «To the astral plane».
De la pérdida. Rige un riesgo permanente y total. Quedó dicho, sin más detalle: «se perdió todo en el plano astral». Y sobre todo aguarda el fenómeno llamado Astral Implosion, que las voces nombran siempre en espera, nunca en acto.
Glosa del archivero
Acá conviene pisar el freno. Este cronista debe al lector la lista de lo que no sabe, que es larga. No sabe qué es el Astral Implosion: ni su mecanismo, ni su causa, ni qué lo dispara, ni a quién afecta — solo que espera. No sabe qué se pierde cuando se pierde todo: si objetos, si cuerpo, si memoria, si el cordón mismo. No sabe qué dioses habitan el plano ni dónde. No sabe si el suelo negro estrellado es una región del plano, un umbral o otro plano contiguo. No sabe qué son las cristalizaciones — formación natural, resto, materia aprovechable — ni quién trazó el laberinto ni cómo se lo recorre sin peso. Y de la «costa» con sus fragmentos dudosos, mejor ni fiarse: la voz que la nombra llega turbia. El que viaje, que viaje sabiendo que el mapa termina acá.
Véase además: Tiamat · París Ucrónica · Plano etérico · Titti Frame
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.