El elfo oscuro que llegó de otra gesta con dos cimitarras y una media luna por dios, hijo de una madre que engañó a Salomón, y al que la piel se le iba volviendo escama de dragón.

Presentación

El archivo lo registra con grafía dudosa —“Voris”, “Baris”, donde la pluma vaciló— hasta que las crónicas convergen en el nombre que él mismo daba: Varys Docalfar. Era elfo oscuro, de los que en la Florencia del año mil trescientos se confundían con los güelfos negros: la facción de piel oscura, pelo blanco y ojo rojo que la tradición de la selva negra arrojaba sobre la ciudad partida entre los partidos del Papa y los del Emperador. Guerrero antes que nada: arquero, y de cerca espadachín de dos cimitarras, hojas curvas que él no empuñaba sólo por oficio sino por devoción —cada cimitarra dibujaba en el aire la media luna de su fe.

Lo singular de Varys no es que viniera de lejos, sino de otra parte. No era florentino ni hijo de estas guerras: venía de otra gesta, de un mundo distinto, un peregrino importado a la crónica de los Florentinos como quien cruza un portal y aparece en una historia que no es la suya. Había nacido en Etiopía —o en el Abismo, que en su tierra se confunden— y de allí había escapado; pasó por las taifas de al-Ándalus, en Zaragoza, donde aprendió las lenguas romances y el uso de la hoja curva y pasaba por morisco; y de allí lo trajo el rastro de su madre hasta Florencia, donde no se hablaba sino italiano y donde un elfo oscuro de fe sarracena no podía sino ser mirado con sospecha.

Su sangre lo precede. Es hijo de La Zara —que entre los florentinos pasó por Donatella Donati—, la elfa oscura venida de Etiopía y del Abismo de la que se decía que había engañado al Rey Salomón y que sacrificó a los suyos para salvarse; los güelfos negros le perdonaron la vida por verla regia, sabia, potente. Y por esa madre Varys carga un linaje más viejo todavía: desciende de Tiamat, la Reina Oscura, la que en otro de sus rostros fue Zenobia la cautiva de Palmira. La marca no es metáfora: al elfo oscuro le brotan escamas, la piel se le va volviendo dragón, como a quien la sangre primera reclama desde adentro. Comparte esa ascendencia con la que en la misma gesta sería madre del orbe de los dragones.

Su fe lo aparta de sus compañeros. Varys es devoto de “la mujer de la media luna” —una virgen guerrera que empuña espadas, gran madre simbolizada por la luna creciente, figura que el archivo sitúa entre Artemisa la cazadora nocturna y Fátima—, una versión mística y sufí de su credo, no la guerrera. Pero su agenda propia desborda esa devoción y choca de frente con la cruzada de los Florentinos: mientras ellos custodian el Grial cristiano, Varys quiere resucitar a los antiguos dioses. Invoca a un “Quescalis” —nombre en que resuena una serpiente emplumada de otro mundo— y busca a Bahamut, el señor de los dragones, como quien intenta volver a despertar lo que el cristianismo dio por muerto. Ahí está su falla, el hueco por donde se quiebra: el paganismo. El compañero que escolta el cáliz de Cristo es el mismo que reza a una luna y llama a dioses dormidos —y esa contradicción lo acompaña como una segunda sombra.

Vínculos

  • La Zara — su madre, la elfa oscura que pasó por Donatella Donati; la que engañó a Salomón
  • Tiamat — la Reina Oscura, sangre primera de su linaje; de ella le brotan las escamas
  • Zenobia — el rostro cautivo de la Reina Oscura, raíz de su ascendencia
  • Bahamut — el señor de los dragones a quien busca para resucitar a los antiguos dioses
  • Florentinos — la gesta que lo recibe, custodios del Grial contra cuya cruzada choca su paganismo

Apariciones

  • Florencia ~1300 — llegado de otra gesta y otro mundo; guerrero arquero y de dos cimitarras entre los Florentinos
  • Su itinerario — Etiopía / el Abismo, luego al-Ándalus (Zaragoza), por fin Florencia, siguiendo el rastro de La Zara
  • El linaje de la escama — descendiente de Tiamat / Zenobia; la piel que se vuelve dragón
  • La media luna — devoción a la virgen guerrera entre Artemisa y Fátima
  • El paganismo — su agenda de resucitar a los antiguos dioses (el “Quescalis”, la busca de Bahamut) contra la custodia cristiana del Grial