
Mientras el resto del mundo se pudre encerrado, los Bosques Sanos respiran. Es un enclave de matuselaides —longevos, adinerados, regenerados una y otra vez en quirófano— donde la cuarentena se vuelve laxa: baños milenarios, canteras, un campo de golf donde se paga sobreprecio por todo, cabañas junto al lago para ricos y famosos. La escenografía es de parque temático romano-japonés, con pinos milenarios de verdad —Pinus aristata, con su claro drúidico adentro— y la Refinería y el dique humeando del otro lado del bosque.
La fachada tiene sótano. En los Bosques Sanos la juventud es el bien más preciado y se comercia como token: granjas de trata en los alrededores, panfletos que prometen “win a Lolita”, y la villa Albalonga procesando la mercadería del proyecto OPER. El otro negocio es el espectáculo: una cacería humana televisada en circuito cerrado, para clientes que pagan por mirar. Cuando la banda de Kreider bordeó el conglomerado creyendo llegar a refugio, no le llovieron misiles sino panfletos —“wake up, sleep and survive”, “lose your fire”—: no querían matarlos todavía, los estaban esperando para la función.
La función se dio. Los cazadores del conglomerado —mercenarios, advenedizos y estrellas del espectáculo— chocaron contra la banda en una carnicería a campo abierto cuyo rating dependía de los likes de la teleaudiencia. Allí murió la médica Ángel García de un disparo en la noche, y allí, bajo la consigna viral del show, Kreider quedó marcado como traidor. De los Bosques Sanos la banda salió por aire, diezmada y famosa: presa consagrada de la pantalla.
Vínculos
- villa Albalonga — el reducto de trata dentro del conglomerado
- Cazadores de los Bosques Sanos — las estrellas armadas del espectáculo
- la cacería televisada — el show del que la banda fue presa
- Ángel García — muerta en el bosque de pinos
- Refinery & Dam — la instalación industrial al otro lado del bosque
- Zíides — fundador del complejo
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo