«Y cuando salte la chispa, aunque sea una nomás, sabrá Lirio que la espada nunca dejó de rezar.» — cuarta estrofa, hallada al dar cuerda al reloj
Las cuatro estrofas
«Que vuelva la chispa antigua, que el acero vuelva a arder, no por gloria ni por bronca, sino por volver a ser.»
«Piedra negra, mano firme, plegaria bajo el aliento, y en cada roce que insiste se despierta el juramento.»
«No es el brillo lo que busca, es el alma bajo el orín — que hay fe que no se herrumbra aunque el metal sí sufrió el fin.»
«Y cuando salte la chispa, aunque sea una nomás, sabrá Lirio que la espada nunca dejó de rezar.»
Cómo llegó
La plegaria no se conservó entera en ningún lado. Llegó de a una estrofa, y cada estrofa estaba pegada a una cosa. La primera vino con la espada bendecida del anaquel del Santa Sanctorum, en el Temple de Jerusalorium, el año 1120, junto a una cruz de plata y tres frascos de agua bendita: quien tomó la espada se llevó los cuatro versos. La segunda la sabía de oído el herrero de Jerusalorium, que la decía mientras reparaba, y la decía completa solo a quien ya traía la primera. La tercera se soltó con la caída del casco maldito en las afueras de París, en 1889, cuando Lirio recobró lo que había perdido; otra copia la pone en la fuente del jardín del Alfa y el Omega, donde Lirio renunció. La cuarta apareció al dar cuerda al reloj, en el final, cuando el tiempo se detuvo un momento bajo la catedral.
Quien junta las cuatro tiene la plegaria. Quien tiene tres tiene una plegaria que no cierra, y el archivero, que las juntó, sospecha que así fue pensada: como un juramento que se cumple por partes.
La espada que reza
La entrada de Lirio registra un dato que ningún herrero explica: la bendición de su espada no es un estado sino un recurso. Puede estar «activa» o no, y hay que preguntarlo en medio de la acción; se agota o se sostiene según algo que los registros no nombran. La plegaria nombra ese algo. La chispa vuelve «aunque sea una nomás», el acero arde por intermitencias, y lo que no se apaga nunca es la oración: la espada nunca dejó de rezar. La bendición intermitente y la plegaria continua son la misma cosa vista desde el filo y desde el mango. Es lectura del archivero, INFERIDA sobre dos registros que no se conocían.
La segunda estrofa es la más material: piedra negra es la de afilar, mano firme la que la pasa, y el juramento se despierta «en cada roce que insiste». No es una plegaria para decir de rodillas. Es para decir afilando.
Volver a ser
No por gloria ni por bronca, / sino por volver a ser: la primera estrofa dice en dos versos lo que la ficha de Lirio cuenta en un capítulo. El templario de León renunció a los poderes de su Dios y juró proteger al hijo del dios del tiempo, Kronamon; cambió de fuente y de destinatario, y la potencia que era suya pasó a ser custodia de otro. Volver a ser paladín, de otro modo y de otro dios. Y la plegaria dice bronca, no dice ira: no habla latín. Habla como habla Lirio, «un tipo sencillo».
La tercera estrofa, en cambio, parece escrita para lo que todavía no había pasado. El alma bajo el orín, fe que no se herrumbra aunque el metal sí sufrió el fin: mucho después, en el país del Hielo, cuatro muchachos de Sogol sacaron a Lirio de un montículo de nieve con la armadura antigua cubierta de escarcha y óxido. Si la plegaria es de 1120, es profecía; si es posterior, es memoria. El archivo no fija la fecha de composición y anota la rima.
La tercera persona
Sabrá Lirio que la espada / nunca dejó de rezar: el poema nombra a Lirio desde afuera. O Lirio habla de sí en tercera persona, como hacen los que juran ante testigos, o la mano es otra: un compañero de la compañía templaria, un escudero, la espada misma. El archivo atribuye la plegaria a Lirio, porque es su espada y su juramento, y conserva la reserva sin levantarla. Es la tercera pieza de la antología de los Paladines_Poetas, y la única que su paladín quizá no escribió: Maristo dijo dos líneas, Benetton llenó cuadernos, y a Lirio le rezó la espada.
Reservas
No consta quién puso cada estrofa donde se la encontró, ni si el herrero de Jerusalorium sabía de quién era. No consta cuál de las dos copias de la tercera estación es la buena, el casco o la fuente. No consta que Lirio haya dicho la plegaria en voz alta alguna vez. Y no consta que la espada del anaquel sea la misma «tremenda espada que cae por su costado izquierdo» ni la que entregó, mucho después, al muchacho de Sogol: las espadas de Lirio son dos o tres, y la que reza podría ser cualquiera.
Véase además: Paladines_Poetas · Lirio · Templarios_del_Tiempo · Temple_complejo_TE · Jerusalorium · Hugo_de_Payns · Alexio · Ärsvan · Michel · Kronamon · Chronomon · Sogol
▣ CITADO — las cuatro estrofas van tal cual se hallaron. Las estaciones son las del registro; las lecturas sobre la bendición intermitente y el orín de Sogol son del archivero (INFERIDO).