Presentador de sonrisa profesional y piloto de un taxi aéreo de tecnología extraña, Tuxedo es de esos hombres que el mundo del show fabrica por docenas — salvo por un detalle: le debía un viejo favor a Kreider, y los favores, en la cuarentena de 2087, son la única moneda que no se devalúa. Comprado primero con dinero y mercancía, fiel después por algo parecido al cariño, terminó siendo el ángel de la guarda aéreo de la banda.

Fue él quien levantó a los sobrevivientes de la pista enemiga tras la batalla del Canal de la Muerte, rumbo al mar; él quien, cuando Narco Paradise empezó a caer del cielo, descendió su aparato entre las alarmas y los recogió a todos —bebé incluido— para devolverlos a su terruño con la bodega cargada de producto. Todavía dio cobertura aérea a la partida del tren blindado, y en la incursión final voló escolta junto a su “hermano” Johnny Vengador y su Dream Chaser, cubriendo al tren gravitatorio camino al corazón del Maestro.

Modales aceitados, esmoquin impecable, palabra cumplida: en un mundo donde todo se transmite y todo se vende, Tuxedo fue de las pocas deudas que se pagaron enteras.

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