Kerbog Khan

“Tres nombres, tres reinos, tres oficios; ninguna conciencia de que los tres oficios son el mismo, lo cual el cronista no juzga porque también él, en sus circunstancias, lleva varios.” — apertura atribuida a Paulus, marginalia del Catálogo de los Encerrados

En su modo más enfático: anciano de barba blanca y corona menor, cetro con cristal en una mano, dispositivo arcánico-mecánicoengranajes en bronce, ampolla de cristal azul, simetrías de altara su derecha. La elección no es accidente: el dispositivo del que él se vale lo está, también, valiendo a él. El cronista observa que la mano, en este punto, ha sido más justa con el sujeto de lo que el sujeto mismo se concede. La corona menor, por cierto, no es de soberanía sino de oficio: en el khanato del que conserva el nombre, los inventores la usan como protección eléctrica.

Los nombres

Nació Cerbactos Kalthetos en alguna provincia oriental del Imperio Arconteano —los archivos no consignan la ciudad exacta y él, cuando aún hablaba con cronistas, prefería no recordarla—. El cambio a Kerbog Khan —pronunciado en boca rápida como Carbo Khan, sin pérdida de sentido— acompañó al viaje al este en que abandonó las academias del Imperio para fundar talleres clandestinos bajo el dungeon de Ardisvala. Es nombre de exilio, no de honor: en las lenguas del khanato, kerbog designa al artesano que ya no rinde cuentas. El tercer nombre, “el Elfo Troll”, es el más reciente y el menos suyo: se lo pusieron los rescatadores de un sarcófago en el que él se había metido por economía, en condiciones que se cuentan más abajo.

La obsesión

Lo que mueve a Kerbog Khan, y lo que ha movido cada una de sus encarnaciones, es el Arcanum —no la magia, no la mecánica, el sustrato arcánico-material primigenio del que ambas brotan—. Sus talleres del sub-nivel decimosegundo son fábrica de autómatas —libélulas voladoras, exploradores acorazados, autómatas mayores que vigilan los pasillos del nivel—; pero el verdadero objeto no son los autómatas: es la sustancia que los anima. El cronista, que se ha ocupado de teólogos similares, conoce el patrón: el oficio se vuelve devoción y la devoción, dependencia. No conviene comentar más.

El bombero clandestino

Hace quince años del ciclo presente —cómputo redondo que el cronista no afina porque no necesita afinarlo—, una libélula voladora salió de los talleres de Kerbog Khan portando, en sus pinzas blindadas, el huevo: artefacto rudishva extraído del módulo de armas, capaz de disolver las uniones de carbono —en el dialecto técnico—, capaz de hacer ceniza una ciudad —en el dialecto que la ciudad usó después—. La libélula sobrevoló Ritornello. El huevo cayó. No conviene detenerse en la mecánica del desastre; el cronista la ha cubierto en otras entradas y el lector la conoce.

Lo que sí conviene anotar: Kerbog Khan no operó a la luz. Quería —y lo siguió queriendo después— no ser buscado: ni por el Imperio Arconteano, ni por las escuelas de magia rivalesSortianos, Priscians, Teósofos—, ni por los pueblos que aún reconocen al Decadiano como autoridad. Para conseguir el huevo había recurrido a los Varumani: ellos lo custodiaban; ellos lo entregaron en el momento; ellos pagaron, después, lo que él no quiso pagar. El Vencimiento de los Varumanicastigo cósmico, en la lectura del cronista, no derrota militar simplealcanzó a quienes habían tenido el huevo en mano; alcanzó menos al que había encargado la operación. La asimetría, que en la doctrina astrológica es ya un dato, debería haber preocupado a Kerbog Khan más de lo que lo preocupó.

La Cristalización

Después de Ritornello vino la Cristalización de las Máquinasevento cosmológico que alcanzó toda la tecnología del valle a un grado u otro—. Las armaduras góticas de los rudishva se inutilizaron o se petrificaron; los sistemas del Faro Brillante se dañaron en masa; los autómatas de Kerbog Khan, muchos, se detuvieron en silencio. Él mismo no quedó indemne. La Cristalización lo alcanzó como el aire enrarecido alcanza a quien se acostumbró a respirar humo: lentamente, con una certeza que él, por costumbre técnica, demoró en aceptar. Sobrevivió debilitado. Cerró los talleres. Buscó refugio donde el aire fuera otro.

El refugio: el sarcófago y los Novatos

El cronista llega aquí a la parte que más le cuesta contar sin sonreír, y procurará no sonreír.

Kerbog Khan se metió, por sus propios medios, en un sarcófago“por economía”, dirían los testigos; “por desesperación”, diría el archivero del Plata si fuera más franco que el cronista, lo cual no siempre es—. El sarcófago estaba en la habitación duodécima de una ciudadela hundidala Ciudadela Sin Sol, en el dominio brumoso de Valakhan_de_la_Bruma, allí donde Stejara marca la entrada—. Permaneció en ese encerramiento un tiempo que no se ha medido.

Lo rescataron los Novatos, sin saber a quién rescataban. Le pusieron el alias de “el Elfo Troll” —raza híbrida que no existe en los catálogos pero que les pareció descripción suficiente, dada su apariencia tras la Cristalización—. Él no los corrigió. No los corrige todavía.

La identidad triple

Quien tenga este códice en las manos llevará la cuenta: tres nombres, tres reinos, tres oficios. Cerbactos Kalthetos —arconteano, académico, juvenil—. Kerbog Khan —exiliado, inventor, soberano clandestino—. El Elfo Troll —refugiado, salvado, anónimo—. Una sola persona que aún no ha decidido cuál de las tres está dispuesta a sostener. El cronista, que ha visto a Paulus mismo cargar varios nombres a lo largo de los siglos, no encuentra en ello vergüenza. Sí encuentra fragilidad técnica: las tres identidades operan sobre una sola voluntad, y la voluntad, después de la Cristalización, no es lo que era.

Vínculos

Apariciones

  • Antigüedad arconteana — formación como Cerbactos Kalthetos
  • Exilio al khanato — adopción del nombre Kerbog Khan
  • Décadas en SL12 — fábrica de autómatas, comercio con varumani y goblins
  • Hace 15 años — envío de la libélula con el huevo sobre Ritornello
  • Inmediatamente después — Cristalización; daño técnico-corporal
  • Período de encierro — sarcófago en la Ciudadela Sin Sol
  • Sesión del rescate (Novatos) — recuperado como “el Elfo Troll”
  • Ciclo presente — bajo Valakhan, refugiado, anónimo, aún no preguntado