Catacumbas de París

“Hay lugares cuya nombradía está en el subsuelo y cuya fachada queda en la luz; el cronista los nombra por su sustancia, no por su acceso.” — apertura del Misal de los Lugares Compuestos, atribuido a Paulus.

No las catacumbas mismas, sino Les Hallesel gran mercado central de París, estructura de hierro y vidrio, vendedores de pan al amanecer, carros de harina, faroles en la niebla, una mujer agachada eligiendo verduras—. El cronista lo admite, con la moderación de quien no quiere reñir con la mano: AKL ha preferido la superficie a la sustancia. Las catacumbas son lo que está debajo de esa imagen; el mercado es la tapa. Si los planos antiguos no mienten —y los planos antiguos de París, por costumbre, no mienten más que los nuevos—, bajo el pabellón principal de Les Halles se abre uno de los pasajes mayores hacia el osario. el archivo esto. La mano eligió no mostrarlo.** El cronista, por respeto al oficio, no insiste.

Lo que son

Las Catacumbas de París son el subsuelo del osario —el laberinto de huesos templarios comprimidos en nichos por debajo del adoquín de la ciudad—. Escalinatas estilo mausoleo, techos de quince pies de altura, entrada principal por el lateral del mercado y un pasadizo secreto que sólo algunos saben. Los Templarios, en su época, las llamaron el Laberinto de Templarios de Marfil —nombre exacto en el archivo, y todavía exacto si se lo quiere recuperar—; allí, en el corazón del osario, murió el Maestre después de un combate que los archivos templarios prefieren no detallar.

El osario lleva siglos de muertos. La piedra recuerda lo que la luz no llega a ver, y de esa retención está hecha la cualidad técnica del lugar: no es geografía pasiva, es registro acumulado. Quien baja allí no entra en una cueva: entra en una memoria.

El episodio de las bombas

Lo que define a las Catacumbas en el archivo no es la geografía sino un solo episodio que el archivo conserva vivido dos vecesuna en Antiterra propiamente dicha, otra en el primer nivel del Inferno—. El cronista lo presenta como doble plano porque así se sostiene; las explicaciones unitarias no acaban de explicar nada.

Plano de la superficie: Antiterra, 1898

En el ciclo de los Templarios y el ascenso de los Reguladores, los Pyrexianos —cinco cultistas con braseros de bronce y columnas de humo verde, coordinados desde un mapa de París 1898 con cinco cruces rojas sobre los nudos del osario— prepararon la red de detonación. Ärsvan, ya convertido en Time Bandit, colocó junto con otros el explosivo de caos puro bajo la Catedral. Ariadna, que estaba en las puertas del Laberinto, iba a tocar la esfera de obliteración que Ser_No_Ser ofreció segundos antes.

Ärsvan se anticipó.La tocó él.Se obliteró por ella.

La explosión hundió la Catedral, liberó a Ariadna del laberinto, y abrió París para que entraran los Reguladores. Sin ese acto no hay puente entre los Templarios y la banda que vendría. La nightsword empieza a brillar el día en que un templario se apaga por amor, según la fórmula que el archivero del Plata conserva en la marginalia del expediente.

Plano del eco: Inferno, primer nivel

En la campaña del Inferno —descenso por los círculos al modo de Dante en el sistema Acheron—, el episodio se representa otra vez. No exactamente como espejo: aquí hay una parte de catedral, dentro del Templo y Lugar de los Justos del primer nivel, donde el grupo está siendo asaltado. Lo que no saben los asaltados es que, por debajo, entra otro grupo desde un plano de brujastres brujas inspiradas en las de Macbeth, las que cantan—, convencido otra vez de llevar bombas. La trampa se arma bajo los pies.

Esta vez es Ärsvan el que detiene. El templario condenado interpela al grupo bombero. La bomba no detona: logran desactivar la trampa. Pero el costo se ve en el rostro de la otra: Ariadna no tolera la cercanía de las bombas, toma una guadaña, intenta destruir a Ärsvan. Es vuelta atrás de lo que parecía relación redimida. Ella había sido demonio irredimible; había encontrado en Ärsvan la salida; había cruzado a la otra orilla. La cercanía de las bombas le despertó el costado oscuro. Ärsvan recibe el filo. Pronuncia la sentencia que el archivo conserva textual: “¿Qué te pasó, bella?”

Después se reconsideran. La pareja es complicada y sigue siéndolo. El amor templario, en la doctrina paulina, no se cura con redención: se sostiene a pesar de ella.

Las brujas y Sven

En la misma operación de eco aparece Sven —el bárbaro Lost One, faceta condenada del que fue niño nórdico en Antiterra, ahora brutal guerrero de hacha sangrienta—. Las tres brujas Macbeth del plano-coven lo tentan con un cantito que la mesa conserva por escrito y que los archivos repiten con cierta vergüenza por su sencillez:

**“Sven, no pierdas el tren, tren, tren.”Querían que destruyera todo con los compañeros. La sugestión casi entra. El grupo aguanta. La trampa se desactiva. Pero la cercanía del desastre queda marcada en aquella sesión como sólo se marcan los desastres que no llegaron a ocurrir, lo cual —según los astrólogos— deja más huella que los que ocurrieron.

Post-cierre

Después del cierre del ciclo, las Catacumbas presumiblemente quedan como santuario —custodiado por las sombras de Ärsvan y Ariadna como guardianes del lugar donde se obliteraron y se reencontraron—. La piedra del osario contiene ya dos memorias superpuestas: la real y la del Inferno. Quien baja aquí baja al sitio donde el amor templario se quemó dos veces. El cronista, que ha bajado, no recomienda la bajada como turismo.

Vínculos

Apariciones

  • Siglos antes del cómputo A.D.A. moderno — entierros templarios, formación del Laberinto de Marfil
  • Período templario — muerte del Maestre Hugo de Payns en el corazón del osario
  • 1898 A.D.A. — plano real — operación de los Pyrexianos, obliteración de Ärsvan, apertura de París
  • Eco en el primer nivel del Inferno — segunda versión del episodio, con Ärsvan deteniendo, Ariadna recayendo, Sven tentado
  • Post-cierre — santuario bajo la custodia espectral de Ärsvan y Ariadna