Security is for Fun”: ese es el lema del Arcade Soldier Gamification Project, quizá la invención más cruel de la cuarentena de 2087. Gente común, enchufada en sus casas con el casco puesto, cree estar jugando a un videojuego de puntería y misiones; en realidad su cuerpo sale a la calle y mata insurrectos de verdad. Ni siquiera saben que salieron. Son la carne de cañón perfecta del sistema: soldados que no cobran, no dudan y no recuerdan, y cuya sangre además rinde en pantalla, porque la Head Hunter los tiene por coto de caza favorito —el soldado-arcade que cae herido aparece después decapitado.

La banda de Kreider los conoció la noche de la trampa, cuando una avanzada descendió con sogas y granadas sobre el vivero de subte. Shibuya, en su faceta de guerrero, aniquiló a la primera patrulla arrancándoles los visores para “liberarlos” de las máquinas; los capturados despertaron aturdidos, sin entender, de vuelta en su verdadera casa. Ese gesto resume lo que son: no un enemigo sino un síntoma —vecinos secuestrados dentro de su propio entretenimiento, esclavos de el Maestro que ni siquiera saben que tienen amo.

Vínculos

  • el Maestro — el sistema que los recluta jugando
  • Head Hunter — la cazadora que los decapita como coto habitual
  • Shibuya — el que les arranca los visores para liberarlos
  • Kreider — el reducto que asaltaron sin saberlo
  • 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo