
El único dios que nos dejó algo, de las cenizas. Algunos le han puesto un nombre. Otros dicen que eso está absolutamente prohibido.
La sala de los tronos volteados, y donde debería estar el último, una columna lenta de ceniza que casi toma forma y se niega a tomarla. Abajo, pequeñas, un par de manos abiertas hacia arriba con algo de luz en las palmas. La mano no dibujó ningún símbolo — y no por olvido: el archivo no tiene ninguno que sea suyo, y prefiere el hueco a la invención.
Presentación
Ashtar es un nombre que se pronuncia bajito, y una paradoja que se pronuncia todavía más bajo: es el dios de los que no creen en dioses.
Los Athar — la doctrina que mira las moradas divinas y ve poderes con buen presupuesto, farsantes magníficos, cualquier cosa menos dioses — sostienen, en su núcleo más discreto, que por encima de todos esos so-llamados dioses existe otra cosa: el Grande Desconocido, la fuerza que no pide templos porque no le hacen falta. Y algunos, un paso más allá del paso prohibido, dicen que esa fuerza nos dejó algo de las cenizas — y le han puesto este nombre. Otros, dentro de la misma doctrina, consideran que nombrarla es exactamente el error del que huyeron: que en otras vueltas del cosmos, el dios único ya costó demasiado caro.
El archivo no arbitra teologías; asienta hechos. Y los hechos son estos: existió al menos un templo de Ashtar, fundado apenas un año después de la refundación de Sogol y muerto un siglo — el del país del Hielo —, con casa de sanadores, jardín y cirugía de luz perpetua: una fe con vocación de curar. Y existe hoy un elegido que no eligió: Lucio, el de las manos, al que lo sagrado besó una vez en forma de hostia y al que ninguna otra deidad puede curar. Cuando ese heredero defendió el umbral de la casa muerta, la casa respondió — y eso, dirán los teólogos, no prueba nada; y eso, dirá cualquiera que estuvo ahí, prueba exactamente lo que hace falta.
Vínculos
- Athar — la doctrina que lo niega y lo nombra en el mismo aliento
- El templo de Ashtar del Hielo — su casa muerta y en redención
- Lucio de la Colmena — el de las manos que curan
- SOGOL — la ciudad donde su nombre se dice bajito
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, primera jornada — el nombre en boca de Uken y de los planorcos; la plegaria respondida en el umbral.
Casas del ciclo · ⛎ 🕊 Los Athar tiraron abajo todos los tronos y en el hueco que quedó algunos oyeron respirar otra cosa: la que no pide templos. Le pusieron un nombre de ceniza, le fundaron — contradicción hermosa — al menos una casa con cirugía y jardín, y un siglo después esa casa muerta le devolvió una plegaria a un muchacho de la calle. La teología discute; las manos curan. — glosa del Decadiano.