
Tanto como los humanos se metieron en los lugares, estos se metieron en los planos. Y algunos están más adaptados.
Dos metros diez de pieles y armadura escarchada, el visor entero bajado y solo los ojos afuera, el espadón honesto apoyado en la nieve. Detrás, en la ventisca, dos de los suyos en la escalera. La mano retrató al que siempre termina negociando por la tribu.
Presentación
Así como hay pueblos que cruzaron mares, hay pueblos que cruzaron planos. Los planorcos son la rama planar de la vieja sangre orca: tribus perdidas, bandas mercenarias, linajes enteros que un día atravesaron un portal y aprendieron a vivir del otro lado — del frío, del fuego, de lo que hubiera. No son salvajes de saqueo: son gente dura instalada en la intemperie del multiverso, con pieles cosidas, cascos con escarcha en los remaches, arcos cuidados, guardias por turnos y la disciplina melancólica de los que trabajan de soldados ajenos.
La gesta viva los encontró ocupando el templo del Hielo — posición de frontera en la guerra sin tregua del frío y el fuego —, calentándose con escarabajos de fuego y cavando zanjas como manda el oficio. Pelearon bien, perdieron mejor: cuando el combate quedó decidido, negociaron la retirada, devolvieron lo tomado y se llevaron a sus muertos. El archivo, que ha visto rendiciones mucho menos dignas en gente mucho más fina, lo asienta con respeto. De ellos quedó también la advertencia que gobierna el resto de esta crónica: nos pidieron que no perturbemos abajo — abajo hay algo todavía; el aullido. Quién se los pidió es una pregunta que nadie contestó, porque nadie la hizo a tiempo.
Entre ellos destacaba Frederick, el mailork: dos metros diez, casco con visor de hierro que solo deja ver los ojos, y debajo unos pómulos demasiado finos para tanto orco — un mestizo, con la inteligencia triste de los que siempre terminan hablando por los demás. Fue él quien negoció, y el que dijo los nombres de su gente para que no murieran del todo: Otka, Crexi, Loh, los otros. Al sur de sus planicies, dijeron, queda la Black Moorah, la marisma negra. El archivo guarda el topónimo para cuando haga falta, que va a hacer falta.
Vínculos
- El templo de Ashtar del Hielo — la posición que ocuparon y cedieron
- SOGOL — la ciudad de las puertas por las que pueblos así se derraman
- El_Abismo · Limbo — la intemperie planar de la que esta gente hizo patria
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, primera jornada — la defensa del templo, la rendición negociada, la advertencia del aullido. Caídos que el archivo nombra porque Frederick los nombró: Otka, Crexi, Loh, Shook, Tomic.
Casas del ciclo · ♈ 🛡 La sangre orca hizo lo que hace toda sangre cuando el mundo se le queda chico: emigró — solo que su ultramar fueron los planos. Cavan zanjas correctas, mueren con nombres, negocian con dignidad y repiten encargos de amos que no preguntan. «No perturben abajo», les dijeron. La crónica anota la obediencia ajena y prepara la desobediencia propia. — glosa del Decadiano.