
La ciudad no es de piedra. Es de tiempo. Y alguien tiene que cuidar que no se rompa.
El Guardián del Tempo
En la New York que no cayó existe una vigilancia que ningún ciudadano advierte, porque no protege calles ni edificios, sino algo mucho más frágil: el tiempo mismo. Ese centinela se llama Metrópolis. No se le conoce género —es una presencia antes que una persona— y cuentan que lleva cerca de cuatrocientos años cumpliendo la misma tarea. Es el Guardián del Tempo: un druida urbano cuyo bosque es la ciudad y cuyo cometido es que no se desmadre el avance de la singularidad terrorista del 9/11.
Porque en esta línea del tiempo el gran atentado fue prevenido, y esa prevención dejó una cicatriz en la trama de la historia —un punto de tensión que podría deshacerse, torcerse o estallar hacia futuros que no deben ser. Metrópolis monta guardia sobre esa singularidad. Escucha el pulso de la ciudad como un druida escucha el de un bosque, atento al menor síntoma de que la corriente del tiempo empiece a salirse de su cauce.
El druida y su bosque de concreto
Su druidismo no es el de los robles y los claros, sino el de las avenidas, los túneles, los cimientos y las corrientes que atraviesan la metrópoli. La ciudad es, para Metrópolis, un organismo vivo cuyo equilibrio hay que preservar: cada intervención en la historia es una herida potencial en ese cuerpo. Cuatro siglos de guardia le han enseñado a temer, más que a cualquier villano, a quien toca el tiempo sin medir las consecuencias.
El hombre de queso
Bajo su papel de guardián, Metrópolis lleva una identidad civil desconcertante: la del hombre de queso, dueño de una torre de mozzarella de siete pisos en un barrio de Queens. No es un capricho: su poder se ejerce a través de esa sustancia. Puede tender su conciencia y su control por todos los que comen su mozzarella, poseer y gobernar autómatas, y —sobre todo— leer la Biblioteca Akáshica, el registro de todo lo que fue y lo que será. Es, a la vez, druida del tiempo y lector de los archivos del mundo. El audio de las crónicas lo llama a veces Chisman, a veces el hombre de queso, a veces Doctor Metrópolis: son una sola figura.
El encuentro fatal en Queens
Ese temor se volvió tragedia en el Pliegue_dimensional_en_Queens. Allí Metrópolis tuvo un encuentro fatal con Ifrit y sus compañeros. No eran villanos: eran gente que buscaba rescatar de la muerte a una víctima de las bombas-droga mutágenas que asolaban la ciudad —esas armas que quizás patrocinaba, desde las sombras, la corporación Marte—. Para Ifrit y los suyos era un acto de piedad: arrancarle un muerto a la catástrofe.
Para el Guardián del Tempo era, tal vez, exactamente lo que había jurado impedir: una mano tirando del hilo del tiempo, aun con las mejores intenciones. En el pliegue, donde la trama de la realidad ya está tensa, ambos deberes chocaron. Y en el desenlace del arco, Metrópolis cae: partido por una bala descontrolada en el fragor del combate y clavado por una daga de sombra en el túnel del tiempo, el guardián de cuatro siglos muere al fin. La ciudad, que no tolera quedarse sin centinela, alza en su lugar una forma nueva —la Dama Esmeralda, de túnicas verdes— que hereda el manto del tempo.
Vínculos
- Pliegue_dimensional_en_Queens — donde ocurrió el encuentro fatal
- Ifrit — el velocista que buscaba rescatar a una víctima
- Marte — presunto patrocinador de las bombas-droga mutágenas
- New York — el bosque de concreto que custodia
- Biblioteca_Akashica — los registros que sabía leer
- Akasha — otro lector del akáshico
- la Dama Esmeralda — la forma que la ciudad alzó en su lugar
- Errantes — otros que rozan la trama del tiempo
Capa lúdica [R]: PJ de Never 9-11 (Mutants & Masterminds). Druida urbano / guardián del tempo de ~400 años, sin género; poderes de mind-control (a través de su mozzarella), posesión de autómatas y lectura de la Biblioteca Akáshica (precognición / postcognición). Identidad civil “el hombre de queso” (Chisman). Muere en el arco (S7/S9).