Dios
Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.
En ANTITERRA
Que el que abre esta página se descalce primero de la soberbia, porque de todos los pecados es el que esta entrada prohíbe: «te estás cayendo en el peor de los pecados… te estás poniendo vos en el lugar de Dios». Escribo, pues, desde abajo, como corresponde. De todas las potencias que este mundo nombra, ésta es la única de la que se dice: «hay uno solo que conmociona el infierno». Uno solo — y sin embargo el mundo está lleno de otros que llevan la misma palabra. Esta exégesis intenta ordenar lo que el archivo permite ordenar, y dejar en penumbra lo que en penumbra vino.
Del que es uno
Dios es «el ángel creador» de todo el universo material. No tiene cuerpo descripto: se lo conoce por sus manifestaciones y por sus objetos, «ya sea respondiendo el mismo o mediante un mensajero». La mediación existe porque la manifestación directa es excepcional. El mensajero registrado es un ángel de Dios que aparece como una figura de luz, tras un día entero de ascenso por una montaña cerca de los Apennines. Hay además unos sadaríes de Dios que traen dichos — «dice lo que me dijeron los sadaríes de Dios» — y de los cuales no sé más que eso: que hablan, y que lo dicho por ellos se transmite.
De su origen entre los pueblos, el mito dice esto: se metió «como una serpiente entre los romanos y empezó a dominarlos a todos y acabó con los demás dioses». Tiempo antiguo, anterior al ciclo de 1300. Por eso el campo de lo divino está poblado de derrotados y de sobrevivientes hostiles.
De las prendas
Lo material de Dios son tres cosas, y una cuarta que es de otro.
El Cáliz de Dios está en manos de Alberich, que lo declara sin rodeos: «el cáliz está sucio, el cáliz está conmigo». Sucio: marca de uso y de estado, no de origen. La causa de esa suciedad no está escrita en parte alguna.
El Arca de Dios es un cofre que guarda las palabras de Dios y funciona «como un símbolo — hasta acá llevan las palabras de Dios». No la puede tocar nadie: al malo lo desintegra. La palabra de Dios no puede quedar al alcance de cualquiera; el Arca lleva el filtro moral incorporado. Viaja en el equipaje de misión; dónde reposa cuando no viaja, y quién la custodia, el archivo lo calla.
El extracto del sueño de Nabucodonosor es el instrumento del ritual de consulta: uno se arrodilla, lo sostiene con ambas manos y reza. La respuesta llega en forma de dictamen moral. La consulta registrada devolvió dos: que la prudencia es lo más importante, y que hay que respetar los ritos religiosos.
Aparte de estas tres, existe una Cabeza del Dios — pero léase con cuidado: es la cabeza de un dios pagano que cayó del cielo, hoy estructura de arquitectura interior, explorable, que marca la entrada al laberinto y de la que se sale caminando. Qué dios fue el dueño de esa cabeza, no consta.
Del canal
Se accede a Dios por plegaria, con fórmula fijada: «Dios guíanos en este momento oscuro». Se le reza antes de cruzar el tiempo. Y responde también sin ser consultado, adelantándose: a un plan de la compañía aportó «un extra que es la seguridad de Dios», señal de que «le importaba mucho ese plan».
El trato es contractual y desigual, y conviene copiar la letra entera: «el trabajo de Dios es mucho más grande que el que uno supone. Y paga mejor» — pero «Dios pide sacrificios muy fuertes», sobre todo a quienes «a último momento piden la redención». Otorga gracia, que vuelve al agraciado inmune a la miseria ajena y al fuego del incendio. Su justicia es rigurosa; y sin embargo hay en el cielo una hermosa joven que se compadece y consigue desarmarla. Quién es esa joven, este cronista no lo sabe, y sospecha que el no saberlo es parte de la compasión.
De las instituciones
Dos instituciones sostiene Dios en la tierra, y son el mismo principio aplicado a dos escalas.
La Paz de Dios, invitada por el rey Balduino, prohíbe los ataques entre las distintas creencias — cristianos y musulmanes. Suspende la violencia entre fes. Qué territorio y qué plazo cubre, y qué pena cae sobre quien la rompe, no quedó asentado.
El Juicio de Dios es duelo legal para resolver disputas morales y de culpabilidad; los Templarios lo plantearon para dirimir la suya. Canaliza la violencia individual en duelo arbitrado. Cómo se determina el ganador y qué efecto legal tiene el resultado, tampoco quedó asentado.
Ambas requieren que la cúspide política responda ante Dios para tener fuerza. La cadena es ésta: el patriarca responde ante el rey de Jerusalorium, y el rey «tiene que responder a Dios como rey». El reparto lo fija el pacto: «al hombre lo que es del hombre, al Cristo lo que es del Cristo». Y aquí se abre el debate teológico que el mundo registra sin fallar: si Dios y Cristo son la misma entidad, «hay muchos que opinan que son distintos». La lengua griega, anoto de paso, tiene término propio para «los amigos de Dios».
De los otros que se llaman dios
Contra el uno solo se recorta un campo poblado. El Dios de la muerte en el infierno, que pudo destruir a Zeus definitivamente. El dios del tiempo, «un titán sacrificado a tal efecto», que conoce todas las preguntas. Un dios antiguo y oscuro que espera en el reino de los sueños y «va a romper todo» — por esa razón el acceso a ese reino está vedado. El Dios Verdugo. Un Dios maldito cuyo poder se puede aceptar. Y los dioses paganos del mundo antiguo, ya acabados.
Si estos son nombres del uno, potencias rivales, o restos de otro régimen divino que la serpiente no terminó de tragar, es la pregunta más grave de esta entrada, y no la voy a responder yo.
Del fin
El plan mayor de la compañía lo tiene como destinatario obligado: usar el poder combinado de todas las reliquias «para que Dios nos escuche y nos una el libro». La meta de la gesta pasa por conseguir su atención. Y el final del mundo está definido no por su ira sino por su ausencia: «cuando se acabe el tiempo todos volverán bajo la sombra de la falta de Dios». Nada de lo que este mundo sostiene —el orden legal, el orden moral, el orden de lo creado— se sostiene sin él.
Lo que el exégeta deja abierto
Confieso los límites de mi ciencia. No sé qué son los sadaríes de Dios: la palabra me llegó gastada. No sé si el Cáliz de Dios es la misma cosa que la Piedra que algunos llaman Santo Grial; la duda está abierta y abierta la dejo. No sé el nombre del dios antiguo y oscuro del reino de los sueños, ni el del pagano cuya cabeza cayó del cielo y hoy aloja el laberinto. No sé qué quiso decir quien dijo «que es la tierra y es Dios»: si identificación cosmológica o giro suelto de una boca cansada. No sé por qué el Cáliz está sucio: el estado se afirma, la causa no. Y sobre si Dios y Cristo son uno, repito lo que el mundo repite: el debate existe; el fallo, no. Que el lector prudente —y la consulta registrada dijo que la prudencia es lo más importante— sostenga estas preguntas con ambas manos, como se sostiene el extracto del sueño, y no las suelte por impaciencia.
En VALA
Nota de mitología, apenas dos trazos. Los cronistas de VALA coinciden en lo primero que se dice de cualquier dios: que residen en el cielo. Hasta ahí lo firme, si es que en materia divina algo lo es.
Lo segundo llega más borroso, recogido en jornadas del Descenso y con voz de confianza escasa: que los dioses rompieron la puerta y la llave. Qué puerta, qué llave, y por qué unos habitantes del cielo habrían de romper ambas cosas en vez de una sola, el archivo no lo aclara — y este cronista prefiere dejar la rotura tal como llegó, sin pegarle piezas que el registro no trae.
Ninguna entrada del Glosario los nombra todavía por escrito, lo cual es una ironía que los dioses sabrán apreciar: residir en el cielo y no figurar en ningún índice. Quien haya oído sus nombres, sus templos o el destino de esa puerta rota, que lo deposite en el archivo: esta nota es un altar sin ofrendas.
Véase además: Cristo · Templarios · Zeus
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.