Terra
«Mundus alter et idem» — mundo distinto pero igual: así la nombran los registros, aunque la lengua del archivo trastabille al pronunciar el latín. Y así conviene tenerla en el mapa: no como un país lejano, sino como el espejo entero de Antiterra, la otra mitad del par.
Escribe Paulus Alexandrinus: de todos los mundos que un cartógrafo puede intentar, ninguno más ingrato que el gemelo del propio. Todo lo que aquí es magia y potencias, allá es historia y mercadería. Y sin embargo hay que trazarlo, porque su caída nos concierne.
El gemelo desmagificado
Terra fue antiguamente reino de Dios. Hoy es un mundo sin magia: «no hay magia, la gente hace tipo Coca-Cola». Lo fantástico, allá, es artículo de industria; lo que aquí se conjura, allá se embotella. Su superficie está definida por la guerra y por el «humo negro» — y el cronista confiesa que de esa superficie no puede fijar más: ni materiales, ni colores, ni sonidos. Solo la guerra, y ese humo del que nadie ha establecido si es atmósfera, resto de la explosión o entidad.
Es un mundo entero, no un lugar dentro de un mundo; y sin embargo se llega a él por un punto de entrada desde Antiterra. En una de sus manifestaciones se la ha visto como «una zona cristalizada», sede de la dualidad cósmica.
Geografías reconocibles
El viajero que consulte esta carta hallará nombres que le sonarán a crónica y no a fábula: un seminario para chicos capaces en el sur de Estados Unidos —Santa Fe—, dirigido por Mr. Norton, en el marco de los años 1930–1940 de aquel mundo; California, donde operaban los Reguladores; México en revolución; Filipinas, colonia española tomada por Estados Unidos; una escuela de abogados londinense donde estudia Gandhi. La historia de Terra corre en paralelo desfasada respecto de la nuestra: hay cruzadas, hay guerra mundial, hay imperialismo. Su historia registrada alcanza hasta el año 1910 — «el 910, para ser exacto» —, con un desfase declarado de nueve años. Hubo incluso un precedente de co-gobierno: «incluso es histórico que incluso en Terra hubo un momento de cierto compartir del gobierno» entre dos figuras.
Se menciona además una Terra Tetractita, ligada a cuestiones dimensionales, sin ubicación fijada en mapa alguno.
El descenso: un infierno en capas
Por debajo de toda esa geografía, en el centro, el infierno. El infierno de Terra «está en el centro de la Tierra»: una caverna que desciende, con estructura de cono y con ríos, donde existe Caina, y con entradas repartidas en varios puntos geográficos. Los nueve círculos dantescos están replicados íntegros.
Y aquí la nota más extraña de esta cartografía: ese infierno «todo está hecho en capas» — la capa del infierno de Dante del año 1300, la capa del tiempo de 1900, cada una de Terra. El infierno guarda las épocas que la superficie fue dejando atrás, de modo que descender en Terra es retroceder en su historia. Se rige, además, por una regla propia: «la diferencia es que está más conectado con su propio primario» — depende de su plano material mucho más que los infiernos de la cosmografía planar conocida. Su parentesco con Bátor está declarado pero no resuelto: «Bátor puede estar hecho a imagen y semejanza del infierno de Terra, o al revés». Las escuelas disputan la dirección de la copia; este cronista se limita a consignar la disputa.
El estallido y la caída
Que nadie se equivoque sobre el orden de los hechos: «fue Terra la que de golpe un día estalló», no Antiterra la que se corrió. En aquel conflicto tuvieron parte Asmodeus y Arian, junto con Dios mismo — qué sucedió exactamente entre los tres, y por qué eso hizo estallar un mundo, los registros no lo dicen. Se ha planteado, como hipótesis y no como hecho, que Dios quedara encerrado en el Apocalipsis en Terra y no en Antiterra.
Salida de su eje, Terra cae hoy hacia la Franja de Disolución. Y no cae sola: «se va a caer porque alguien lo está empujando». Quién empuja, el archivo lo calla. Desde afuera, ya destruida, se la ve como «el sol rojo de la explosión de Terra acercándose como un cometa»: el apocalipsis de un mundo convertido en fenómeno visible desde los otros.
El espíritu y el nombre disputado
Terra tiene potencia propia. Su espíritu recibe el nombre de «Ángel» — «es una manera de decir que es un ángel, el espíritu de la Tierra» —, pero los cronistas rechazan tanto «Ángel» como «Demonio» como nomenclatura buena. El mundo que fue reino de Dios terminó siendo el mundo sin magia; por qué, es cosa que nadie ha explicado, y este cartógrafo no va a suplir con tinta lo que las voces no dieron.
Advertencias del cronista
Melancolía aparte, el que use esta carta debe saber dónde pisa en falso. Las fechas no cierran: el punto de entrada desde Antiterra da al año 1300, la historia registrada llega a 1910, el seminario del sur vive en 1930–1940. Si son momentos distintos de una misma línea, capas simultáneas como las del infierno, o puertas diferentes, nadie lo ha establecido. Tampoco se sabe si la Terra destruida —el sol rojo, el cometa— y la Terra habitada —el seminario, la Coca-Cola, los Reguladores— son el mismo mundo en momentos distintos o dos estados que coexisten; el prudente contará con ambas. De Terra Tetractita no digo más que su nombre, porque no tengo más. Y la superficie entera queda sin describir: quien vuelva de allá con el color de su cielo, que lo traiga al archivo.
Véase además: Antiterra · Dios · Asmodeus · Arian · Franja de Disolución · Reguladores
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.