La cascada y el cristal (voz del que llega)
Llegás al valle del Barrado Balacán al final de un camino que vino dando vueltas más de las que cualquier mapa razonable admite. Sobre el horizonte ves dos estatuas colosales: una arrodillada con espada y yelmo corintio, la otra encapuchada. Entre las dos, la Gran Cascada —niebla de doscientos metros de diámetro que cae sin terminar de caer. Eso es Ardisvala, te dicen. Lo decís vos también, después, cuando aprendés a decirlo sin pensar.
Lo que la guía no te explica —porque las guías de viaje no explican lo que no se vende— es que la cascada no es agua. Es el filo del cristal por donde el mundo se va asentando. Lo que cae es tiempo cristalizado. Lo que se queda abajo, fueron mundos.
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La cifra del cristal (voz del Arkos archivero del Plata)
Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. La doctrina del archivo del Plata sobre Ardisvala —que yo, archivero, copié de tres manuscritos distintos antes de decidir cuál mentía menos— sostiene tres cosas que se contradicen sólo si uno tiene apuro.
Primera: Ardisvala es ciudad imperial caída. Hace mil años, diez a quince mil habitantes, doce dioses de cuño egipcio —Thoth, Oborus, Lysis, Tod / Set y otros ocho que el catálogo va recogiendo de a poco—. El Gran Cisma Mágico la partió en dos: los Teósofos (la chispa mágica es de los nobles) contra los Sortianos (la chispa es de cualquiera que la tenga). La guerra civil la deshizo.
Segunda: Ardisvala es la fase actual del mundo Vala —antes vino Vala Antigua (donde los héroes pasaron a dioses), después vino Vala del Medioevo (apenas documentada), ahora viene esto. El nombre es blakeano: Vala, or The Four Zoas. El sufijo Ardis
IAcuario♒︎
la superficie, era presente
La era de Acuario es la última que se asentó. Por eso es la más blanda. El visitante común no nota que está pisando una capa cristalina —cree que pisa suelo común— porque la era de Acuario tiene la cortesía de fingirse tierra. Es la era de la cascada: el agua que se vuelve cristal sin que el ojo lo registre.
Sobre esta capa se asienta Gosterwick / Glastonbury —pueblo modesto al pie de la cascada, casas bajas, taberna con techo de paja, dos posadas, una iglesia que no aclara cuál—, y se asientan también los Caballeros de la Cicatriz del Sol y los Buscadores que descienden al mega-mazmorra. Vale recordar: lo que llamamos "Ardisvala superficial" es Acuario funcionando como mostrador.
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IIPiscis♓︎
voz contemplativa
Más abajo, las aguas que recuerdan.
Piscis es la era del perdón mutuo. Acá, en el cristal de Ardisvala, la capa de Piscis conserva el eco del acto que la plataforma exterior cumplió en otro orden del cosmos —cuando el Cakravartin y el Gran Khan se perdonaron en el octógono y la magia dual quedó disponible. La capa lo recuerda como agua que no se mueve. El que desciende a este estrato encuentra silencio que pesa, y a veces, si lleva razón verdadera, se lo perdona algo que él no sabía haber cometido.
[Conviene no demorarse acá. Los perdones gratuitos son los que más cuesta cargar después. — Arkos, marginal.]
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IIIestrato sin registro — el archivo no conserva esta capa
IVestrato sin registro — el archivo no conserva esta capa
VSagitario♐︎
voz del arquero apócrifo
"De este arco salió la flecha. Por eso al valle lo llaman lugar de la flecha. Pero la flecha no se queda en el blanco: regresa por sus pasos hasta el arco, y el arco, en el sueño del arquero, era otro arco."
—del Libro de los Vigilantes, fragmento que el monje copista de Ardis Vala anotó en margen antes de que el monje fuera, también, fragmento.
Esta capa conserva el oficio del tirador: lo que cae acá, regresó. Quien atraviesa Sagitario descubre que ha estado antes en otra parte sin recordarlo. Es la capa donde el tiempo se vuelve flecha.
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VIEscorpio♏︎
voz dungeon — segunda persona
El pasillo sigue recto diez metros. Los adoquines están unidos con argamasa de tono cáustico. Se escucha una gota caer. La humedad te entra en la nariz como un grito de alerta.
Cerca, cuando palpás la piedra, sentís su rugosidad. Hay un sector de la pared que cede y se estremece. Ese roce rechinante te revela un pasillo.
El pasillo izquierdo lleva hasta un altar. El altar también es rugoso, pero está clavado con una sangre que no es de este mundo. Tenés que ofrecer un sacrificio allí.
(El que toma a la derecha en esta capa no vuelve. Eso no es ficción del cronista: es lo que el catálogo del Hiato consigna sin glosa.)
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VIIestrato sin registro — el archivo no conserva esta capa
VIIIVirgo♍︎
voz monjil
Dijo la priora: "Quien custodia el grano custodia el reino, y quien custodia el reino custodia el grano. Tampoco somos tan necias para creer otra cosa." — de los Anales del Convento de los Trigos Tardíos, depositados en el nivel III del dungeon, junto al Bosque Fúngico de Lord Parmes.
La capa de Virgo es la de la virgen del templo —la que custodia, la que limpia, la que separa el grano del centeno enmohecido. Acá, en el cristal, vive en silencio quien sostuvo lo demás. Quien desciende a este estrato pasa con la cabeza baja y, si tiene oficio de archivero, ofrece un grano antes de seguir.
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IXLeo♌︎
voz épica — del cronista de las arenas
Bajemos al nivel sexto del dungeon, donde la arena que llaman Ludus aún huele a sangre vieja: Lord Carcalus preside el combate; el león de piedra que corona la puerta del coliseo no es ornamento, es alegoría operativa. Quien entra en la arena bajo el ojo del león entra a la era de Leo. Quien gana, sube por la cuerda al cielo de la capa; quien pierde, se queda como argamasa cáustica entre los adoquines de la capa siguiente.
La doctrina del Decadiano —que en este punto, conviene admitirlo, se inclina más al estilo épico que a la sobriedad académica— sostiene que los gladiadores caídos en Ludus no mueren del todo: pasan a ser nervio del cristal. Por eso esta capa late más fuerte que las otras.
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XAries♈︎
el fondo, voz cosmogónica antigua
Y abajo, abajo de todo, abajo de las nueve capas que el descenso atraviesa con el cuerpo y de los sub-niveles que sólo el cuerpo del muerto atraviesa, está Aries.
Era de carneros. Primeros abismos. Cuando todavía no había escala, ni medida, ni reloj. El Guardián vela ahí —figura ramificada, mitad asno mitad carnero según el ángulo, el archivo no se atreve a elegir cuál—, y custodia lo que en otros lugares se cuenta como inicio: la flecha primera que cayó, el primer pacto, el primer dios que se ofreció en sacrificio para que hubiera resto.
Abajo de Aries no hay capa. Hay roca, y la roca, al palparla, se vuelve roca. Algunos cronistas sostienen que lo que parece roca es el dorso de otra capa más profunda, pero el archivo del Plata se niega a confirmarlo: eso ya es metafísica de aficionado.
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