Lord Parmes

Advertencia antes de entrar: en lo de abajo, los nombres se deshacen como el mármol. Al señor de los hongos se lo oye llamar Parmes, Tarmis, Petarmis, Tharsis — y este cronista no va a decidir por vos cuál es el verdadero. Anotá los cuatro, y desconfiá de los cuatro.

El señorío

Bajo tierra hay un bosque que no conoce el sol, y ese bosque tiene dueño. Él mismo lo declara sin rodeos: «este es mi bosque, mis hongos, mi reino». No es título de cortesía: el señorío de los hongos es un cargo real del mundo, de esos que caen y cuya caída se cuenta. Su reino se define además en clave de sabiduría: «Reino donde animal y vegetal se funden en la sabiduría».

El hombre del trono

Quien recibe a los viajeros se presenta como un hombre de edad mediana, de cuarenta a cincuenta años, con arrugas, ojeras y ojos «medio celestones». Cuando la compañía se le acercó, estaba leyendo un libro — qué libro, no consta. Sobre el cinto lleva una varita, «lleva algunas cosas»; tiene un anillo; y un amuleto «importante, grande», con un rostro que «parece con un hongo atómico» — motivo fúngico estilizado, o figura de árbol, según el ojo que lo mire. A su orden opera un «silviente invisible o algo similar» que «le trae las cosas»: el modo del señor de manipular y entregar sin moverse del trono.

La sede heredada

El asiento delata la historia mejor que el hombre. Es un trono tallado en «raspe rojo» —jaspe, probable—, enorme: unos tres metros de ancho por tres de profundidad, dimensionado para un gigante y ocupado por un humano. Se alza sobre una plataforma pavimentada de losas de mármol blanco «viejas y rejebrajadas», a siete u ocho metros por encima del suelo de la caverna: nadie alcanza al señor sin subir. El trono desmesurado y el mármol resquebrajado dicen lo mismo — que el sitio es heredado y anterior al ocupante, un señorío sostenido en ruinas ajenas y alimentado del hongo. Alrededor, la caverna fúngica; a un costado, un mausoleo que él mismo señala, y cuyo propósito y difunto nadie ha aclarado.

La autoridad por objeto

Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio: en este reino no se manda por sangre ni por juramento, se manda por objeto. Sobre la caverna de hongos el señor ejercía autoridad mediante un collar. Y el amuleto del verdadero Lord Tharsis es «objeto de poder capaz de controlar o someter a los hongos»: quien lo porte domina los hongos de la región. Por eso el cargo es tomable — y fue tomado. Un impostor llamado Trocadero se puso el amuleto y se hace llamar Lord Tharsis. Quedó dicho sin diplomacia: «Ese señor que se dice Lord Tharsis es un loco de mierda. Se puso un amuleto del verdadero Lord Tharsis. Él no es.» Collar, amuleto, varita, anillo: la parte transferible del poder, y por eso el blanco.

El comercio del hongo

El señor administra los bienes de su flora especializada. Guarda «packs marrones» —paquetes de material, probablemente plantas o semillas— muy parecidos a los hallados en un cofre cuya procedencia el archivo no aclara. Y ofrece «buenos viajes. Y otras cosas»: viajes o sustancias obtenidas de los hongos.

La caída

«Cayó ese señor luego de unas explosiones, muchos dicen, muchos señalan a los buscadores.» La caída de quien se decía Lord Tarmis es un hecho público, con causa disputada y culpables señalados: los dedos apuntan a Los Buscadores. Pero si cayó, nadie ha establecido cómo sigue ocupando el trono, ni en qué orden van la caída y las escenas del trono. El archivo registra ambas cosas y no las reconcilia; este cronista tampoco.

Advertencias del cronista

Queda abierta la cuestión más incómoda: si Trocadero usurpó el amuleto, ¿quién está sentado en el trono? ¿El hombre de ojos «medio celestones» que dice «Soy el señor Petarmis» es el señor legítimo o el impostor con la joya ajena al cuello? El collar que gobernaba la caverna no fue descrito, y nadie dijo si es el mismo objeto que el amuleto o uno distinto. Del mausoleo no se sabe propósito ni ocupante. De los packs, su contenido exacto. Del libro que leía, ni el título ni si es pieza de su autoridad. Y los registros consignan además a un Lord Carcalus, señor de la taberna, enmascarado y «antiguo rayador incesante», agrupado bajo la misma familia de nombres: ningún hecho lo identifica con el señor de los hongos, y aquí se lo deja aparte hasta cotejo. El que baje al bosque fúngico, que pregunte el nombre dos veces — y no crea la respuesta ni una.

Véase además: Los Buscadores


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.