Huevo de dragón
Advertencia previa del baqueano: lo que sigue no es la ficha de un animal ni el asiento de un arma. Es las dos cosas a la vez, y por eso mismo ninguna. El que la lea buscando certeza, que vuelva a guardarla.
Señas para reconocerlo
Descansa sobre el suelo —ahí «no es un pozo sin fondo», dejó dicho el cronista, para que nadie lo busque en profundidad—, cubierto por «una capa de una especie de purpurina radioactiva» de color rojo-naranja «que exuda algo». Y tintinea: un sonido metálico continuo, señal de que está «ya por explotar y colapsar en muy poco tiempo». Sobre el huevo «se prende algo»: un contador, un marcador legible que muestra días restantes. Los que lo portaron de cerca lo pagaron con el cuerpo: «ahí es donde los enfermaron por tener huevo». En un registro se lo nombra Huevo Negro, y su color se reconoce a simple vista —«¡Ese es el color del huevo!»— aunque nadie lo haya puesto por escrito.
Naturaleza en disputa
«Muchos temen que sea una bomba o que es un dragón, un huevo de dragón.» Ahí está toda la cuestión. La procedencia declarada es un módulo de armas antiguo; la sospecha igualmente firme es que se trata de un huevo en desarrollo, incubándose. Las escuelas no se ponen de acuerdo y este cronista no va a zanjar lo que el mundo mismo declara desconocido. En origen, un huevo de dragón fue robado por el padre de Garkhan, y era «raro, era el patito feo de los dragones» — como duermen los dragones de Vala, tal vez éste también duerme, sólo que con la cuenta puesta.
El cronómetro
El contador se activa cuando el huevo es movido: trasladarlo es ponerlo en cuenta regresiva. El marcador original expresaba horas; hizo falta el señor de la arena —«el único que podía entender ese contador»— para convertirlo a «menos 30 días». Sobre esa conversión quedó dicho que «29 días por lo menos pasaron seguro». Otros asientos leen 17 días, en tres momentos distintos; otro más tardío, «un marcador que indica 15 días». Los itinerarios de la cifra no cierran entre sí: pueden ser tres lecturas de un mismo huevo o los relojes de huevos distintos, y el que crea tener el número exacto tiene, en el mejor de los casos, uno de los números.
Lo que se teme cuando llegue a cero: la explosión y el colapso, con alcance que va desde «todo el complejo subterráneo» hasta el mundo entero. Nadie lo ha visto ocurrir; nadie firmó que ocurra.
Itinerario del objeto
Los emplazamientos registrados componen una ruta más que un domicilio: cerca de la Torre Ob Caligni; bajo la estatua de una marilith, custodiado por una guardiana —«ella que cuida al huevo»—; dentro de la caverna y los claustros que domina el vampiro; en manos del señor de la arena, que se lo llevó por poder leerlo; y finalmente en poder de una compañía de compañeros. Que sean estaciones de un solo huevo o varios huevos a la vez, el archivo no lo fija: la orden de caballeros que reclama su tutela habla de «el huevo, al menos el que tienen ustedes» — y ese «al menos» vale un tratado entero.
El nudo del vampiro
El huevo no es sólo amenaza futura: ya gobierna el presente. El vampiro que es «la fuente de toda la corrupción en esta caverna» y que «domina a todos los seres vivos» dependió de ese huevo para sostener ese dominio: el huevo es el nudo del control de la fauna de esos claustros. Quien lo tome desata al vampiro de su región entera. Y se plantea además como arma contra la cabeza inteligencial: «puede ser un arma contra esa cabeza». Un mismo objeto que sostiene un poder y puede voltear otro.
Los pretendientes
Nada en el registro tiene tantos manos tendidas encima. La Casa Negra lo busca para capturarlo. Ob Caligni «quiere lo que esté en ese huevo», y se sugiere que llegó a poseer a Garkhan —«el maldito Garcan»— para que lo arrojara. Un hechicero pretende «liberar la Tempestad Negra y dominar el huevo de dragón». Y una orden de caballeros se arroga el deber por derecho: «eso debemos cuidarlo nosotros». Queda asentada, además, una sentencia que lo saca del terreno de las cuentas y lo pone en otro: «el huevo tiene que ver con el Khan, no con la deuda. El huevo tiene que ver con la muerte.»
Las tres cosas que lo acompañan
El huevo no anda solo; forma sistema. El contador, que lo convierte de reliquia en cronómetro y obliga a todo el mundo a moverse a su ritmo. La custodia, en capas superpuestas: la guardiana bajo la estatua de la marilith, «los Grr, que son los que están guardiando, porque hay riesgos», una guardia personal aparte, y la orden de caballeros que reclama la tutela — la cantidad de guardias es la medida del peligro. El intérprete, porque el contador no se lee solo. La razón de este séquito es una: el huevo es un arma que camina hacia su propia detonación y ninguna facción sabe del todo qué es, de modo que lo rodean de guardianes y de lectores.
Advertencias del baqueano
Acá conviene pisar el freno. Nadie midió el huevo: no se sabe si se carga en brazos, en un arcón o entre varios hombres. La enfermedad que produce no tiene síntomas descriptos, ni tiempo de exposición, ni cura ni resguardo conocidos — sólo se sabe que enferma, y con eso alcanza para no abrazarlo. La sustancia rojo-naranja exuda algo, pero qué exuda y qué hace lo exudado, las voces del archivo lo dicen entre ruido y no se entiende. Si el Huevo Negro —nombrado así una sola vez, con guardia propia— es este mismo objeto bajo otro nombre, no está establecido. Cuántos huevos hay, tampoco: si el robado por el padre de Garkhan, el de la marilith, el del vampiro y el del contador son uno solo o una nidada dispersa por el mundo. Y la pregunta que ninguna facción pudo responder sigue abierta: cuando el contador toque cero, ¿nace algo o revienta todo? El que lo tenga cerca ese día va a ser el primero en saberlo, y probablemente el último.
Véase además: Garkhan · Casa Negra · Ob Caligni · Torre Ob Caligni · Caballeros de la Cicatriz del Sol
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.