Torre Ob Caligni
Itinerario del baqueano: no hay itinerario. La torre está en las Montañas de Úrsula, en «esa especie de zona de montañas pardonegruscas» donde el territorio parece difuminarse, una zona que no figura marcada en los mapas conocidos y donde hasta la navegación de los magos falla: quien intenta trasladarse ahí por arte sufre la posibilidad de caer fuera, off target. A la Torre Ob Caligni no se llega por casualidad: se llega. Los que llegan, llegan a la plaza al amanecer.
Ficha catastral de lo imposible
Un octógono de piedra negra, «bastante fina», sin una sola ventana: cinco, diez, quince metros de ancho contra noventa de alto. Sobre la altura las mediciones discrepan —hubo quien la estiró a trescientos metros, «es una barbaridad», y otra voz la deja en «100 casi. Un poco más»—; noventa es la cifra que este cronista asienta. Está medio torcida, tiene aleros, y a la luz de la luna, en los días más difíciles, se ve «como unas espirales», «de cuatro cosas». Enfrente se abre una plaza octogonal; el edificio está solo.
Vista desde el infierno es otra cosa: «una espina oscura coronada por la Esfera de Aniquilación», con Garkhan sentado en el trono del lugar, en el punto más alto. Y desde el infierno también pesa: «Sentís el peso de la torre negra… y de la culpa».
La puerta y las argollas
Se sube por un tramo de ocho escalones sin símbolos. La puerta es doble hoja, seis metros de ancho por cinco de alto, del mismo material que el edificio; se abre hacia afuera, sin cerradura ni cerrojo, con dos enormes argollas «de plata o un metal blanquecido». Y acá el catastro anota su dato más raro: el edificio no tiene magia. La piedra es muda. Las argollas son lo único que irradia, y lo que tienen es conjuración. Todo lo mágico de la torre está puesto en los puntos de paso — las argollas, las cortinas, las trampas, las conjuraciones de la escuela de la Sombra.
La casa del riesgo
La torre es la fortificación de la Casa Negra: «esta morada, esta mansión del riesgo, que es una torre de 90 metros de alto». La levantó un hechicero poderoso que tuvo, tal vez, quinientos años para hacerlo; si ese hechicero es el mismo Ob Caligni que aguarda en la sala final, el archivo no lo confirma.
La planta baja es una sala con una fuente de color esmeralda «aunque los tonos eran más bien negros» —la cita se contradice a sí misma, y así queda— y ocho cortinas a los costados; hay además templo de ajedrez, sala de guerreros, mesas de juego, estatuas. No es mobiliario suelto: son las estaciones de un mismo mecanismo de peaje. Recibe un maestro de ceremonia, y contra él se pelea. El conjunto ha sido denominado «un panqueque de sombras».
El ingreso es un ritual fijo. Cada uno deposita en la fuente una moneda o algo importante suyo, declara su apuesta y su deseo —«¿Por qué vino aquí? Explíquelo»— y sale por una de las ocho puertas hacia el segundo piso. Las cortinas no se abren siempre: uno mira la cortina y del otro lado hay piedra, salvo si lidia con la situación, que es una especie de juego propuesto. De ahí en más la regla es una sola: «Para pasar a la próxima sala, uno tiene que morir. O ganar.»
El ascenso
Entre cámara y cámara hay puertas de hierro y un ascensor: cuando se cierra la puerta la sensación es de ascensor, una transición entre planos o momentos, y en la cámara nueva las conjuraciones que uno traía se disuelven. El mecanismo es sensible al peso: los Brocks que aparecen en el juego de la rueda lo traban — «el peso hace que no podamos seguir subiendo».
Son ocho pisos en total contando la planta baja, y cada piso guarda una correlación simbólica con un pecado capital; el archivo nombra tres —lujuria, avaricia, ira— y calla los demás. El segundo piso es un cuarto de treinta por treinta, quince de alto, donde se enfrenta a Sibila; en el muro opuesto a la entrada, una puerta idéntica a la de la sala del ajedrez. La sala final, donde aguarda Ob Caligni, mide veinticinco por veintiocho metros, quince de altura, y contiene una mesa y ocho sillas. Hay registro además de otra sala cuadrada, de treinta metros, con mesa y dos sillas. Arriba, un penthouse con una terraza «así más grande», y una escotilla. Arriba de todo, un pozo.
Sobre el orden de los pisos corren dos escuelas y este catastro no las concilia. Una versión pone primero la arena de gladiadores, segundo el salón de las mujeres nefastas, tercero la rueda de la vida y la muerte, que era un ajedrez. La otra ubica a las mujeres infames en el tercero, a los torturadores de una rueda de la fortuna en el cuarto, al infortunio en el quinto, y arriba de todo el pozo. Se registran ambas; el que suba sabrá cuál era la buena. En el tercer piso, dice una voz, estaban «las cedres» — y allí, al cercarlas, volvieron a buscar.
Todo es ocho
Ocho lados del octógono. Ocho escalones hasta la puerta. Ocho cortinas en la planta baja, ocho puertas al segundo piso, ocho pisos contando la planta baja, ocho sillas en la mesa de la sala final. La plaza de enfrente, octogonal. La lógica del conjunto es la de un tablero vertical: la fuente de la ofrenda inicia la apuesta, cada cortina es una jugada, cada piso un pecado, y el ascensor sólo sube si la partida se ganó — o si el apostador murió.
La espina
Nada de esto es capricho de hechicero. La torre «vendría a ser la espina que marca una entrada desde el plano de energía negativo a uno positivo. Un eje en una parte donde está lo que se llama un planar thinning de ambos lados». Hace falta una espina —un solo eje sin ventanas y de puerta única— para que dos planos se toquen en un punto controlado. Está dedicada al caos en los reinos aéreos, y lo que la corona es una Esfera de Aniquilación.
Por eso es objetivo jurado de gesta —«se van a la Torre Negra y acaban con esa puta casa»— y sede del trono de Garkhan. Nada de lo que ocurre en ella es lateral: la torre es la prueba.
Lo de abajo y los que andan
Abajo hay otro pozo, con «la mina de adentro», y debajo de la torre queda «ese lugar que no terminaron definitivamente de mapear, de limpiar». La torre «es larga, muchachos»: plataformas, la Galería del Tío, símbolos de muerte, una finca al final, trampas mágicas, conjuraciones de la Sombra y, sobre todo, monstruos.
Del censo de habitantes y pasajeros: el Bogeyman declaró «Mi papá trabajaba acá». Antino entró «en la boca de la torre». Un fantasma perturbado la tuvo tomada unos quince o dieciséis años, llamando y gritando a la gente. Y anda por ahí una criatura sin nombre registrado, de la que sólo se le ve la cara y «orejitas de elfo».
Las otras torres, que no son ésta
En el mundo hay muchas torres y conviene no confundir. Las Torres Blancas de Bahía Blanca en el sur —«Solamente quedó la ciudad de la Bahía Blanca, las Torres Blancas en el sur»—, la Torre de Oro de la Casa Dorada, la Torre de la Tempestad de la premontaña de Treza (que «esto no está más»), la Torre de Calipso, la Torre Sigurad —defendida por unos ochenta monjes hechiceros—, la torre de Dinas Park en Westmark, la torre del mago Kaldeo. Ninguna es ésta.
Advertencias del baqueano
Acá conviene pisar el freno. Falta la lista canónica de los ocho pisos y qué pecado corresponde a cada uno: sólo tres tienen nombre. La altura tiene cifra fijada, noventa, pero el «100 casi, un poco más» sigue flotando. El nombre Torre Negra se usa como equivalente de Torre Ob Caligni, pero la propia fuente pide ratificación. Queda abierta la cuestión más espinosa: la torre de basalto reflectante de treinta metros del valle de la tormenta —donde alguien fue torturado, vivió en ceguera permanente y logró liberarse— y la Torre Ojura, donde Garkhan fue condenado a tener el mismo rol que su antiguo torturador, ¿son la misma torre, son ésta, o son tres distintas? Las medidas no coinciden, y este cronista no las va a forzar. Nadie ha descrito la Galería del Tío, las plataformas, los símbolos de muerte ni «la finca al final»; nadie ha dicho si el pozo de arriba de todo y el de abajo son el mismo eje; nadie sabe qué son «las cedres» del tercer piso —quizás ataúdes, quizás otra cosa—. No consta qué pasa con quien pierde y no muere, ni qué obtiene exactamente el que deposita su objeto valioso y declara su deseo, más allá de que lo llevará más cerca de él. Ni si la «boca de la torre» por la que entró Antino es la puerta de doble hoja o un rasgo que nadie más vio. El archivo calla; el que suba, que anote.
Véase además: Garkhan · Ob Caligni · Casa Negra · Bogeyman
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.