Madman era el cabecilla —el “senior”— de los A.K. Boys, los programadores de Willy Vision, uno más entre los veinte adictos a la farafa que sostenían la antena psíquica del círculo, junto a Tóxica. Desde su oficina salieron las coordenadas del reducto hacia el sistema: la filtración que trajo el comando y después el misil. No llegó a cobrar su traición, si traición fue y no un delirio más de la droga: murió sepultado bajo los escombros del misilazo que él mismo había hecho posible, enterrado por su propia línea de código.

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