Por primera vez en diez años, la red mundial se apagó. Ocurrió al desactivarse el nodo con la palabra-código «Borges»: el Maestro quedó sin voz, la Reina Oscura se apagó con él, y en todas las conciencias conectadas sonó un grito único —el mundo entero soltando de golpe el cable que lo sostenía y lo ahorcaba a la vez—. En el silencio que siguió cayeron los velos por un momento, y en ese hueco cupo lo que la red había vuelto imposible: un nacimiento.

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