Abeto Rojo
«Estos son huesos viejos, este lugar. Doscientos años acá vivía gente.»
Relación de un puesto de la Corona del Norte, levantada según lo que las voces del camino dejaron dicho: «un pueblo en el cruce de dos caminos, una serie de casas». Los ingleses lo escriben Red Larch; los del país lo dicen Abeto Rojo; y los franceses guardan una grafía hermana, Baton Rouge, «más allá de que está mucho más al norte» — si es la misma palabra viajando entre lenguas o un lugar enteramente distinto, ningún itinerario lo ha resuelto.
Situación y término
Es puesto administrativo de Nueva Ámsterdam — «es un puesto de Nueva Ámsterdam» —, aunque sin gobernador oficial designado, y cabecera de una comarca de cultivos, ganado y construcción de carromatos. El terreno alrededor es escabroso, de «rugosas colinas» y parapetos de piedra, con las montañas a lo lejos; al este se abre un cañón, «un corte de acantilados», donde los ríos abrieron precipicios en distintas épocas. Hacia el sur, a doce millas, queda la piedra de granito, «lo cual es bastante, es casi andar todo el día». El día que el registro retrata es una mañana nublada, brumosa, tranquila, «un día medio gris».
Traza del pueblo
Las casas comparten espacio con los animales «al modo nórdico»: se comparte con los animales todo. Hay gallinas por las calles, campos a los costados —«algunos son frutales, otros no»—, huertos. La escasez de techos obliga a que uno solo lo sea todo: el edificio principal es «la casa lo más grande que hay» y hace «las veces de escuela, de iglesia, de todo»; adentro conviven la barbería —«es un lugar donde también se corta madera… pero también se corta el pelo»—, los víveres, las herramientas y las maderas. Las iglesias son protestantes: «es muy poco adorno». Hay una posada con tres hornos de barro «que son para el pan, sobre todo», y una puerta trasera que está cerrada; una carnicería con una carreta en la puerta; un herrero; un panadero; una vagonería incendiada y por lo menos otra «mucho más cheta», la que hace los vagones grandes del Cataluña. En el patio, carretas cargadas con enormes baldes, arena y agua.
Del comercio y los oficios
La lógica del lugar es la del cruce: todo lo que hay está porque pasa gente y pasa carga. Es tierra de cultivos «y de ovejas, y de vacas, y de carromatos, de construcción de carromatos, de piezas ahumadas, de pollos, y todo eso»; «hay un montón de cosas que se comercian allá». Dos industrias sostienen la comarca: el barrio 16, que concentra «buena parte de la industria de los carreteros» con sus talleres de construcción y reparación, y la cantera de piedra de Meliko Stonework, que emplea a familias enteras. Ambas son riqueza y ambas son palanca: la cantera se esgrime como amenaza —«tu familia que trabaja en la cantera en la piedra»— y el barrio 16 ardió en el incendio.
Entre los notables se cuentan Dirty Dutch Mantel, dueño de la vagonería incendiada; Malandro Galicur, comerciante; Van Helburg, que «trabaja en ropas, telas y pieles finas»; Charles Bansil, trabajador del cuero; Vargauntas, carpintero retirado; y Rodar Haderhant, terrateniente.
De la autoridad, que «está bastante vaga»
No hay gobernador. Mandan «algunos como ancianos del pueblo»: el panadero Mango Barba Loren —«es un oficio importante en un lugar como este»—, el que trabaja el tema de las canteras de piedra, las mujeres de la pollería y las chicas de Madre Yalanta. El poder sigue al trabajo, no al cargo. El Constable Harbrook comanda cuatro guardias, «los tipos que tiene como deputies»: «los soldados del pueblo, que tienen que protegerse de indios, de otros, de ingleses». Antes «estaban siempre como los carniceros, con un delantal, tal vez un cuchillo o una porra»; ahora llevan alabarda y lanza.
La justicia paga con vales: 50 monedas de oro para equiparse en defensa del pueblo, y «un vale de 50 monedas de oro por cada uno» de los bandidos «que hacen tanto guirombo» traído a la justicia. El procedimiento de autoridad es el desarme —«suéltalas o te las haré soltar»— y el flanqueo: «te ponen dos lanzas uno al lado del otro». La brujería es delito y tabú («¡Son hechiceros! ¡Estos malditos quemaron mi lugar!»), y golpear a una mujer es marca de cobardía («¡No golpeen a las mujeres, cobarde!»).
De la iglesia en la crisis
Cuando el pueblo tiembla, los campos quedan desatendidos porque la gente se mete en la iglesia. Mujeres, niños y hombres más viejos se refugian allí con el sacerdote local, «este tipo que ustedes ya vieron, que es un extraño», que pronuncia fórmulas: Petrum mordum novificarum y Malleus Maleficarum.
Del incendio y lo que reordenó
El incendio de la vagonería reordenó el pueblo entero: produjo las acusaciones de brujería, el tribunal y el combate del patio, y destruyó parte del barrio 16 — es decir, una de las dos industrias. Y quedó a la vista la falla de fondo: «Abeto Rojo es un lugar que no tenía guía», y esa carencia de liderazgo previo es lo que permite que una orden se asiente encima.
De lo que corre por debajo
Debajo de todo esto corre «una red bajo tierra», operada por «hombres que usaban máscaras, como algunos de los monjes» del monasterio. Freeman, liberto de Barbados y compañero de la banda, fue testigo de ella. Cómo se articula esa red con los monjes, y con la orden que se asienta sobre un pueblo sin guía, el archivo no lo dice — y este cronista lo consigna sin adornarlo.
Advertencias del cronista
Que el lector viajero no tome esta relación por completa. Los guardias aparecen con tres armamentos distintos —lanzas y mosquetes, ballestas, alabardas y lanzas— sin que se sepa si son cuerpos distintos, momentos distintos o versiones en disputa. De las vagonerías, ardió la de Dirty Dutch Mantel, pero quedó dicho que «lo que todos hubieran esperado es que la vagonería que se hubiera quemado es otra», la del Cataluña: cuál ardió y qué relación guarda con el barrio 16, no se establece. Se habla de guardias «que trabajan en la canonicería», palabra dudosa que puede ser institución religiosa, fortificación o simple corrupción de canónica. Nadie contó las casas ni las almas del pueblo; nadie explicó qué manda y qué tributa el puesto a Nueva Ámsterdam, ni quién nombra al Constable; del sacerdote no hay más rostro que su extrañeza, ni de la iglesia más señas que su poco adorno. Se ignora la causa del incendio y si las acusaciones de brujería contra los compañeros prosperaron en la justicia local. El que quiera saber más, que pregunte en el cruce — y que pregunte dos veces.
Véase además: Nueva Ámsterdam · Baton Rouge · Freeman
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.