Caverna del necromante
Quien parta de Abeto Rojo hacia el interior de la colina, que no busque camino: no lo hay. Ocho o diez millas a campo traviesa, en línea recta y sin tomar ningún sendero, y se llega al flanco de la Roca de la Lanza, la formación que «contiene una estructura de cavernas, que la verdad que hacen una genial guarida en las cercanías de Abeto Rojo». Este cronista la consigna como se consignan los fuertes enemigos: con distancia medida y advertencia escrita.
El hueco y la obra
No es una sala: es un encadenamiento de cámaras unidas por hendiduras y pasadizos estrechos, donde «una cueva se entiende que se abrió así en parte natural en parte no porque con golpes y cortes y se vuelve a estrechar para adelante». Dos manos hicieron este lugar. La primera fue la del agua o la de otra cosa: el hueco parece «cavado por un curso de agua o un gusano gigante —mejor no saber». La segunda fue la de alguien que amplió a golpe y corte lo que la tierra dejó abierto.
Las paredes son «como una serie de acantilados» y «todo el tiempo hay estalactitas y estalagmitas; algunas se unen como columnas». En el interior «las vetas son de granito», y en un pasaje los registros anotan «una forma de granito muy distinta» — la frase se corta ahí, y ahí la dejo. Una de las cámaras es oval, de cuarenta por sesenta pies; los itinerarios discrepan sobre la conversión de esa medida, y sobre si la cámara pertenece a este complejo o a otro, como se dirá más abajo.
El aire de adentro
Seco. «No es tampoco charcos de agua ni nada»: ni humedad ni charco, solo el olor a piedra vetusta del interior de la tierra. La roca cercana «te da un poco de claustrofobia», y quien haya reptado por pasajes que «se vuelven a estrechar para adelante» sabrá que la palabra no es exagerada.
Pero sobre ese fondo mineral flotan dos olores que la roca no produce: «hay un olor a muerte, pero también hay olor a lo que hoy pasaría por desinfectante». Y la caverna no está a oscuras como una gruta cualquiera: «es una caverna que está iluminada por luz artificial», y en algún punto «hay como una luz azulina que se enciende».
Léase bien lo que esos tres signos dicen juntos. Luz encendida, limpieza química, olor a cadáver: alguien ilumina, alguien limpia, alguien trabaja con los muertos. Es un oficio que necesita ver, necesita higiene y no puede practicarse a la vista del pueblo. Eso —y no la piedra— es lo que distingue esta caverna de cualquier otra: el día que su ocupante la abandone, volverá a ser una gruta.
La entrada y sus letras
El acceso funciona por embudo: cámaras amplias, pasadizos que se estrechan, un solo complejo defendible cerca del pueblo pero fuera de él. La entrada es identificable, y admite marca: se registra que «alguien está escribiendo en la entrada de la caverna», inscripciones de naturaleza mágica. Quién escribe, qué dicen las letras, y si están puestas para cerrar el paso o para señalarlo, el archivo no lo establece.
La nube que vuelve
Hay algo más que un ocupante humano ligado a este subsuelo. Cuando Ananta se convierte en nube, es aquí donde se retira: las brumas «se movieron solas hacia adentro de la caverna». La guarida queda así atada a una entidad del mundo, no solo al necromante que le da nombre. Si la caverna es refugio de ella con permiso de él, o si ambos son un mismo asunto, es cosa que nadie ha dejado escrita.
Advertencias del cronista
Consigno lo que no sé, para que otro no lo dé por sabido. No consta cuántas cámaras tiene el complejo ni cómo se ordenan. No se dice qué produce la luz artificial ni la luz azulina, ni qué es el desinfectante ni de dónde se obtiene. La cámara oval de cuarenta por sesenta pies puede pertenecer a esta caverna o a otra: los registros dicen muchas veces «caverna» a secas, y en estas tierras se nombran también una caverna en forma de estrella, una caverna sellada de setenta escalones, una caverna bajo un granero, una caverna del dragón y una puerta de Atlántida. Si son un mismo sistema, lugares distintos o el mismo relato repetido en bocas diferentes, este cronista no lo va a decidir por su cuenta. El que vaya, cuente sus pasos y deje marca.
Véase además: Roca de la Lanza · Abeto Rojo · Ananta
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.