Freeman
«¿Nombre libre?» — «Me llamo Freeman.» — interrogatorio y respuesta, tal como quedaron dichos
Hay hombres que reciben un nombre y hombres que se lo cobran. Freeman —también Lu, Lu Freeman, que es el mismo sujeto bajo forma alterna— pertenece a la segunda estirpe: negro libre en un mundo donde lo corriente es lo contrario, tomó su condición como nombre propio y la porta como quien porta una credencial. Médico y hechicero, «médico-brujo», practicante de la taumaturgia y hombre armado, es uno solo: una persona, no una categoría. Pero este cronista sostiene que su figura vale por un tratado entero, porque en él se lee una regla del mundo: la libertad no se tiene; se obtiene, y hay que poder justificarla.
La condición hecha nombre
«El negro es libre», y él mismo explica el porqué: «he trabajado y me han dado la libertad por ser también un intelectual». Que la libertad deba argumentarse por la instrucción dice más del mundo que del hombre; su figura no es solo un personaje sino la prueba de un mecanismo social. Su economía también es declarada de primera persona, sin adorno: tuvo sirvientes y los dejó — «los tenía, los tenía. Pero he dejado un poco de los sirvientes y ahora me dedico al oro».
Retrato
Un negro mulato con la cara pintada y el pelo «todo encerado blanco». Viste galera —«medio empolvada»— y capa negra que «del otro lado si se la da vuelta es toda roja»; cuando cae roja llega hasta el piso, cerrada con prendedores de calavera. Debajo, cuello duro con botones dorados y «un pantalón ajustado de cuero, unos tiradores, pero abajo está en cuero». Lleva bastón y un libro que abre y cierra. Compone así una figura de caballero urbano —café, cigarrillo, libro, bastón; se lo ha visto en la Espira fumando y mirando el fondo de la taza— deliberadamente cruzada con el arsenal del que anda en batallas de patio: «así como dos ballestas en la mano», una varita de magia, y «una espada, un mandoble, un filo de dos manos grande» que le fue entregada. Si esa doble presentación es convención de su oficio o elección suya, los registros no lo establecen.
El ajuar del que cura y aterra
Todo su equipo responde a una sola lógica: la del practicante que cura y aterra con los mismos objetos. En la capa carga cráneos —«como de piedras y los ojos»— que son adorno y son lámparas: «agarro los cráneos que tengo de la capa, los pongo en dos lugares en la habitación y generan dos orbes de luz». Encima, «un frasquillo chiquitito, como lo ven por la luz de la torcha, un frasquillo con dos o tres sanguijuelas extrañas»: medicina y bicho, instrumento de sangría a mano. Los prendedores de calavera repiten el motivo del cráneo en la ropa, de modo que la vestimenta anuncia el oficio antes de que el oficio se ejerza. Nada de este ajuar se ha visto en manos de nadie más: es dotación personal, no mercancía difundida.
Los dos registros
Como médico, su palabra es contrato: «Yo te atiendo. Y te curo»; «Yo soy médico y lo estoy cuidando». Atiende heridos en el patio, en medio del combate, y quien cura en la compañía es él: la supervivencia del grupo pende de sus manos, como la luz de una habitación oscura pende de que saque los cráneos de la capa. Como hechicero, obra taumaturgia —«unos efectos visuales»— y el signo visible del trance lo anuncia él mismo: «los ojos míos se van a poner blancos». La varita dispara; a ella se asocia el hechizo que las escuelas llaman Magic Missile, aunque esa atribución se infiere del gesto, no de la letra. Marginal en cuanto a número, central en cuanto a función.
Reservas del cronista
Este cronista, que ha aprendido a desconfiar de lo que brilla bajo la torcha, deja constancia de lo que el archivo calla. Nadie sabe de dónde salen los cráneos de la capa ni quién los hizo. Nadie ha visto el interior del libro que abre y cierra: recetario médico, grimorio o registro contable, elija el lector su sospecha. Las sanguijuelas son «extrañas» sin que conste en qué consiste su extrañeza, pues no hay uso registrado de ellas. Del amo que le dio la libertad, del lugar y del momento, no queda rastro: solo la razón —«por ser también un intelectual»— dicha por el propio interesado. El límite de su taumaturgia es incierto: luz e ilusión es lo que consta, y nada más. Y hay disputa de versiones sobre la capa: unos la vieron negra con reverso rojo, otros directamente «esa capa roja con los prendedores de calavera»; puede ser la misma prenda dada vuelta —un solo objeto, dos presentaciones—, pero las voces no lo dicen, y este cronista no lo va a decidir por ellas. Tampoco consta cómo un hombre lleva a la vez mandoble, dos ballestas, varita y bastón: el que lo vea cargado, que tome nota.
Véase además: Espira · Taumaturgia · Magic Missile
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.