Ricardo Moretti

«Nosotros no lo buscamos, él lo busca nosotros.» — dicho entre los compañeros, después del faro

Periodista argentino, hombre de logia, pasajero del AR-648 desde el embarque. De los cinco nombres que esperaban en el puerto —Dulce Holler, Irene Kowalski, Mariana Kola, Antonio Portet y Ricardo Moretti—, es el único del que puede decirse que dentro del círculo esotérico «parece que corta el bacalao». Un hombre adulto, «un tipo extraño», que ya «estuvo raro en el avión»: esa rareza, visible desde el vuelo, es lo primero que consta de él, y casi lo único que consta de su persona. De edad precisa, altura, ropa o voz, nada quedó dicho.

Tres oficios en un solo hombre

Moretti opera en tres registros que en él son uno solo. El del oficio: periodista, «tiene 50 millones de cosas», y la profesión le da la coartada de movimiento. El del contacto: «efectivamente tenía algún trato con los ingleses», y fue el único de los cinco que intercambió algún tipo de santo y seña — con quién exactamente, y con qué palabras, no quedó registrado. Y el registro ritual, que es el que lo separa del resto: su pertenencia doble a la P2 y a la Logia Anael lo ata a estructuras que exceden por completo al grupo del avión, y dentro de la logia Nile es figura de decisión. La necesidad que reúne estas piezas es una sola: alguien tiene que hacer el trabajo simbólico en el terreno, y ese alguien fue él.

Sus armas dicen lo mismo. No carga un arma de fuego: carga un estoque, hoja escondida en un bastón —en el faro se quedó con el estoque en la mano y «el bastón quedó ahí»—. Y el objeto de mayor carga que lleva encima no es un arma sino una escarapela, que en sus manos no es distintivo patrio: es instrumento.

El monumento de las costillas

Se lo vio en el monumento de las cuatro costillas de ballena gigante, acompañado por un isleño de «acento más scottish» — un inglés raro con el que tenía trato previo, y que le autorizó el recorrido. Allí Moretti tocó con la escarapela una de las cuatro costillas. Acto de posible significación ocultista, y nada más puede afirmarse: si fue consagración, marca o señal dirigida a terceros, el gesto no lo explica. Tampoco por qué esa costilla y no otra de las cuatro. El monumento, el isleño escocés y el santo y seña forman entre sí un mismo circuito —un procedimiento de reconocimiento y consagración que Moretti ejecutó solo, y del que el resto del grupo quedó afuera.

Mientras tanto se hospedaba en el mismo hotel que la compañía, en Claromecó, «entre las gaviotas».

El faro

En el faro de Claromecó lo balearon. Quién disparó, y por qué, no está establecido. Quedó con un agujero de bala en el cuerpo y la bala en la mano; la piel se le fue poniendo gris pálida por la pérdida de sangre, la cara «cenizas y diamantes». Lo sacaron al hospital, donde sobrevivió inconsciente. De ahí en más: coma.

Pero la caída no lo sacó del tablero. Lo convirtió en objeto de una búsqueda invertida —«Nosotros no lo buscamos, él lo busca nosotros»— porque mientras Moretti respira sigue habiendo un canal abierto entre el grupo, la P2, la Logia Anael y el círculo esotérico. Los registros lo señalan además como el ocultista del maletín, y lo identifican con el círculo de López Rega; del maletín mismo, sin embargo, nadie describió el objeto ni su contenido.

Reservas del cronista

Quede dicho lo que este registro no puede fijar. Qué es la Logia Anael, y cómo se articula con la logia Nile y con la P2: las tres constan, ninguna se explica por las otras. El contenido del santo y seña. Si el isleño escocés representa a los ingleses del trato o actúa por cuenta propia. Y la pregunta que sigue abierta sobre la cama del hospital: hay quien afirma que «sobrevive tras investigaciones», pero su estado final no quedó establecido. El que retome esta historia hará bien en tratarlo como se trata a un hombre en coma con un canal abierto: con cuidado, y sin darle la espalda.

Véase además: Logia Anael


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.