
Predica la paz en la mesa de luz, y por debajo de la mesa reparte el trabajo sucio.
El hombre de imprenta
Uriel —a quien la crónica de aquellos días registra también como Urién, sin terminar de fijar cuál de las dos grafías es la verdadera— es uno de los hombres de aparato del gremio gráfico de Buenos Aires en 1966. Sindicalista y hombre de imprenta, milita en la Logia Anael, la masonería de derecha atada a los sindicatos “emprendedores”; y comparte logia y gremio con Ricardo_Moretti. Los dos son las caras visibles de Anael en la trama: hombres de tinta y de sindicato cuyo poder terrenal apenas insinúa la red que los sostiene por encima.
Esa red sube. Por debajo de Uriel maniobra el aparato gremial; por encima de él, mucho más arriba que cualquier interna de imprenta, está la Propaganda Due de Lucio Gelli, la pandilla vaticana que ordena el tablero del poder terrenal antes de que nadie baje al Atlántico Sur. Lo que en la superficie parece pugna de talleres y de afiliaciones —el pulso entre Vandor y los “emprendedores” de la derecha peronista— responde, en el fondo, al esquema que Gelli reparte desde su propio nivel. Uriel es una de las manos de ese esquema en la base: la que toca el papel, la tinta, la asamblea.
El pacifista de fachada
La crónica lo retrata con una doble cara que es su rasgo más peligroso. Hacia afuera, Uriel se presenta como pacifista: hombre de palabra mansa, de gestos conciliadores, de la mesa antes que del garrote. Pero esa mansedumbre es fachada. Bajo ella, Uriel infiltra el círculo íntimo de quienes lo rodean —se mete en la confianza ajena, escucha donde no lo creen escuchando, y desde adentro mueve lo que la prédica de paz disimula. Es el infiltrado que predica concordia mientras teje, por debajo de la mesa, la trama de su logia.
Por eso, junto con Moretti, Uriel termina convertido en blanco de la operación que el grupo emprende contra el aparato de Anael. Las dos caras visibles de la logia son también los dos nombres que la cacería persigue: desmontar a Uriel y a Moretti es desmontar la cabeza gráfica de la derecha esotérica, el nudo por donde el gremio se enrosca con la masonería y la masonería con lo que Gelli ordena más arriba.
El umbral debajo del trabajo
Uriel no baja al agua ni roza, que se sepa, lo que aguarda bajo las islas. Su dominio es el de la superficie: la imprenta, el sindicato, la logia, esa Argentina verificable de masones e internas peronistas que la gesta conserva tal cual. Pero esa superficie es precisamente la puerta. La Logia Anael a la que Uriel sirve pertenece al mismo vestíbulo histórico que abre el Operativo Cóndor: la cara legal y presentable del país, bajo la cual aguardan la Orden Esotérica de Dagón y el reino amarillo que late del otro lado del mismo umbral. Uriel ordena un trozo de esa superficie; como casi todos los que obedecen a Gelli, ignora del todo qué espera debajo del papel que imprime.
Ver también
- Logia_Anael — su logia, la derecha esotérica del gremio gráfico
- Lucio_Gelli_P2_Propaganda_Due — la Propaganda Due, el tablero que ordena por encima de Anael
- Operativo_Condor — el vestíbulo histórico de la gesta malvinense, del mismo tejido de poder real