No hay peor ciego que el que no quiere ver — dice el refrán. Estos vieron de más, se arrancaron los ojos, y desde entonces ven mejor que nadie. La ceguera no es su desgracia: es su iniciación.
Los que ven sin ojos
La Secta Sagrada de los Ciegos es la sociedad secreta que gobierna lo de abajo. Bajo los anteojos oscuros no hay ojos apagados: hay cuencas vacías. Y sin embargo perciben —con una nitidez que no es la de la vista—, se mueven a velocidad sobrenatural y conocen como nadie los túneles de la ciudad vieja que corren bajo los adoquines de Buenos Aires. Roban cuerpos dormidos, duermen a sus víctimas con Loto Negro y se infiltran en la policía y la beneficencia. Su ventaja es una inversión perfecta: donde su jefe el tuerto Norberto Buscaglia —un ojo vidente, uno ciego— levanta una niebla, todos quedan ciegos menos ellos.
Son el homenaje explícito al Informe sobre ciegos de Fernando Vidal Olmos, el capítulo de Sobre héroes y tumbas de Sábato: la secta que, desde el subsuelo, tira de los hilos del mundo de arriba.
El rapto de Beatriz (1922)
La misma visión colectiva que el rito a Hastur derramó sobre la ciudad les llegó también a ellos, con extrema claridad —los ciegos «vieron» Carcosa mejor que los videntes—, y así ubicaron a Beatriz Guerrero. Cuando entendieron que estaba encinta y aislada del círculo de Borges y Xul Solar, cayeron sobre ella: la sacaron dormida del convento y la escondieron en una pensión de Once. Lo que la secta persigue, en el fondo, es el Necronomicón que Xul hizo desaparecer: el libro que abre y cierra las puertas por las que ellos entran y salen.
La iniciación de la ceguera
Aquí está el nudo más fino de todo el entretejido. Perder la vista, en este mundo, no es una desgracia sino una iniciación: se deja de mirar para empezar a ver de otro modo —como Tiresias, como Homero, como Milton—. Por eso el arco de la gesta porteña cierra donde menos se esperaba: el que en 1922 leyó el libro paga su pacto con los ojos y, al quedar ciego, se vuelve uno de ellos. En el cierre de la gesta austral de 1966, Borges —ya ciego, director de la Biblioteca Nacional— preside la biblioteca-laberinto «donde está el signo y el símbolo»: no ya una víctima de la secta, sino su cofrade mayor. Los ciegos no siempre raptan; a veces, simplemente, esperan a que el que leyó demasiado cruce al otro lado.
Vínculos
- Cthulhu_Buenos_Aires — la gesta de 1922 en la que la secta rapta a Beatriz
- Fernando Vidal Olmos — el autor del Informe sobre ciegos que la logia rastrea
- Norberto_Buscaglia — el tuerto que la encabeza; convoca byakhee con un silbato
- Beatriz_Guerrero — su rehén, escondida en Once como «Rosaura»
- Borges — el que leyó el libro y, al cegarse, ingresa a la cofradía
- Carcosa — la ciudad que ellos también sueñan; el libro que abre sus puertas
- Operativo_Condor — la gesta austral de 1966 donde el hilo de los ciegos resurge