Inventó una novia para no estar solo, le puso un nombre —Rosaura— y le escribió cartas. No sabía que otros iban a traer una mujer de carne y ponerla en el lugar de su fantasma.


El restaurador tímido

Camilo Canegato es un tímido restaurador de cuadros que vive en la pensión La Madrileña, de Once. Para escapar de la soledad y de las burlas de la casa se inventó una novia: le puso nombre, Rosaura, y hasta le escribió cartas de amor. Es una figura conmovedora y menor —hasta que la secta de los ciegos descubre en su fantasía el escondite perfecto.

La novia que se hizo carne

Cuando el tuerto Buscaglia necesita ocultar a Beatriz a plena vista, no elige una casa cualquiera: elige la pensión donde ya existe una Rosaura imaginaria. A la joven raptada y drogada la instalan como si fuera, por fin, la novia de Canegato hecha realidad. La ficción del restaurador se vuelve la coartada del crimen: nadie en La Madrileña sospecha de una mujer cuya llegada todos venían esperando desde hacía meses. Canegato, así, es una víctima colateral de su propia invención —el hombre cuyo sueño ajeno le roban para tapar un secuestro—.


Capa interna [R]

No diegético. Fuente externa; no entra a productos públicos.

  • Fuente: Rosaura a las diez (Marco Denevi, 1955). Camilo Canegato, la novia epistolar inventada Rosaura y la pensión La Madrileña son de esa novela. La campaña la injerta en 1922 y la tuerce: la Rosaura ficticia se vuelve el disfraz de una mujer real secuestrada. Guiño rioplatense hermanado con el de Sábato y el de Borges.

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