La mujer más rica y más hermosa de su tiempo, muerta de un tiro por un pretendiente despechado. La ciudad le levantó una iglesia; ella se quedó adentro, y todavía sale a cobrar cuentas de sangre por las mujeres de su linaje.


La dama de Barracas

Felicitas Guerrero es el fantasma más célebre de Buenos Aires. En vida —muerta joven, de un disparo, en el Barracas de fines del siglo XIX— fue la mujer más rica y más bella de su tiempo; en su memoria se levantó la iglesia neogótica de Santa Felicitas, del ángel del ala rota, donde su presencia nunca terminó de irse. Pertenece al linaje de los Guerrero, la misma sangre de Beatriz —y por su matrimonio entró en la casa de los Álzaga, el apellido que en 1922 reaparece del lado oscuro, en Ezequiel Álzaga de la Orden Hermética—.

La que marca los brazos

Cuando en 1922 los ciegos se llevan a Beatriz, es Felicitas la que interviene desde el otro lado. A un investigador que anda cerca del caso por Barracas se le aparece el fantasma: hace en el brazo de una mujer la misma marca que le hicieron a Beatriz, y amenaza con seguir marcando a otras si no la traen sana y salva. Habla por acertijos —«a pesar de su esfuerzo, falta un huevo para la docena»: Beatriz está en Once— y donde se aparece sangran las paredes, se hiela la sangre y caen pájaros muertos del aire. De su reliquia se hace un relicario apotropaico —un mechón de su pelo, el sello «FG»— que protege de hojas y balas, pero que hay que recargar con un rito en su iglesia de Santa Felicitas, y que, como todo lo que da este mundo, cobra por otro lado.


Capa interna [R]

No diegético. Fuente externa; no entra a productos públicos.

  • Fuente: la histórica Felicitas Guerrero de Álzaga (1846–1872), asesinada por Enrique Ocampo; la iglesia de Santa Felicitas en Barracas se erigió en su memoria y es foco real de leyendas de aparición. La campaña usa la leyenda y el apellido Álzaga para hermanar a la víctima histórica con la ficticia (Beatriz) y con el villano (Ezequiel Álzaga).

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