
Ishtar
«Portero, ábreme la puerta, abre tu puerta para que entre.» «Si no abres la puerta para que entre la haré pedazos y destrozaré el cerrojo… haré levantarse a los muertos y se comerán a los vivos.» — apertura de la liturgia anual, tal como se canta en sus templos
Así entra la diosa, y así conviene que entre esta exégesis: por la puerta, y con la amenaza. Inanna la llaman los élficos, Ishtar en la lengua común, Astarté entre los cananeos: diosa principal del amor y de la guerra en el panteón de Vala, hija de Anu, hermana de Ereshkigal, «una deidad triple y femenina». Su descenso al infierno y su regreso cíclico organizan el calendario, los ritos agrícolas y buena parte de los cultos del mundo.
La estrella y las insignias
No se la describe en cuerpo: se la reconoce por sus cosas. En el cielo su manifestación visible es Venus, «la estrella de Ishtar, Vespertina», que se ve «a lo lejos» en la noche de Vala; su ciclo mide 260 días, y ese ciclo mide el tiempo de los hombres. Sus insignias son los siete atuendos que se quitó para bajar al infierno —sandalias, vestido, collar, peto, corona, en ese orden de puertas—, y entre ellos la corona de siete puntas, «el último atuendo que se saca cuando entra en el infierno». Su número es el siete y su marca son «7 marcas en el cuerpo… como negras». Hay al menos una imagen de bulto: la «estatua de Rechigal Ishtar, que quiere decir la Ishtar que descendió a los infiernos».
El sistema de los pares y de los sietes
Ishtar no es una figura sino un sistema. El primer par es ella y su hermana: la diosa del amor y la guerra arriba, la diosa de la muerte abajo, celosa de ella, la que la aprisiona en el descenso; por eso su altar es donde «la vida y la muerte se encuentran», y por eso el templo funciona a la vez como casa de fertilidad y como puerta del inframundo. El segundo par es ella y Dumuzi, el amante que hizo la travesía de las siete puertas para rescatarla: uno entra cuando el otro sale, «siempre están solos y se están buscando», y ese intercambio es lo que hace estación y cosecha. Para que ella vuelva del infierno hay que llevarle «el agua de la vida y la comida y la bebida».
El siete organiza el resto: siete puertas del descenso, siete atuendos que se quitan puerta por puerta, siete puntas de la corona, siete marcas de la maldición, y en sus templos los niveles «de los siete polvos, de los siete planetas, de los siete errantes».
Sus casas
Culto floreciente y extendido, contado entre los «tradicionales» junto al de Lil. Cada casa tiene templo de su dios principal, y el de Ishtar es uno de los grandes: templo mayor en Uruc —descrito como «lejos», donde comienza la ceremonia de la hierogamia—, templo principal aunque no único en Nivena y Lonia, gran templo en Nesut Biti fundado «hace cien años tal vez», donde sirve la sacerdotisa Halrua Ishtar Enzi. Y un Templo de Ishtar apartado, «bastante alejado de las rutas comerciales», levantado sobre ruinas de los primeros habitantes del mundo, al que se llega descendiendo piedras subterráneas y que se conecta por un pasillo con Double Vault. Lo que fijó ese templo ahí no fue el comercio sino el sitio mismo; qué era el sitio, las voces no lo dicen.
Como el rito reactúa un descenso, el edificio necesita subterráneo, escalera de piedra, altar de umbral, parte abierta, pórtico viejo, y copias locales de los siete atuendos. Y como esas copias son la garantía contra los muertos, el templo necesita ser también cuartel: «un complejo que funciona al mismo tiempo como templo y cuartel», con guardias arqueros — «en general hay dos nada más».
La que responde
Se la invoca en voz alta y en fórmula —«¡Te invoco por los registros akáshicos! ¡Oh, Ishtar! ¡Ayúdanos!»— y responde: es «la misma que los salvaba». Da regalos: «te voy a dar un regalo de objetos mágicos» a los mortales que la atraen. Pero quede dicho también lo otro, porque ella misma lo dice: «sé lo que le pasó a tus amantes» — sus amantes terminan mal. Se le llevan ofrendas; consta un anillo. Sus devotas sirven bajo voto, el llamado voto vegetal: «se pueden casar después, pero mientras están acá no».
Los atuendos, «aunque no son inteligentes, en este mundo tienen una capacidad especial tan imbuida de algo que tiene que ver con la diosa». De su guardarropa circula además una Capa de Ishtar, en manos de un mortal, activable en el combate. Sus artefactos y las copias locales de los siete atuendos están repartidos y en disputa: Luigi Vampa robó las copias locales, y hay quien declara «yo estoy juntando los artefactos de Ishtar».
La maldición
La integridad de sus artefactos es la garantía de que los muertos sigan abajo. Se custodian bajo juramento; removerlos del inframundo dispara la maldición de Ishtar: siete marcas negras, transformación del transgresor en no-muerto —incluso de una sacerdotisa suya—, y el grito: «¡Caminarán los muertos sobre la tierra! ¡Hay que volver a los artefactos!». Cuando esta maldición se desata no cambia un hombre: se levantan los muertos, y la sacerdotisa misma se vuelve no-muerta. La diosa que garantiza la cosecha es la misma que sostiene el cerrojo del mundo de abajo.
Su lugar entre las potencias
Tiamat pertenece a la primera generación de dioses, anterior a Ishtar. Su padre es Anu, dios del cielo; su hermana, la diosa de la muerte, celosa de ella; su destino de visita, Shiga, que celebra festivales junto a los de Ishtar y los de la Paz. Su culto pesa políticamente: los seguidores de Ishtar de Nesut Biti atacaron y destruyeron el templo de otro culto, y no se llevan bien con Marduk ni con los seguidores de Gilgamesh.
Advertencias del cronista
Acá conviene pisar el freno. Sobre «Rechigal Ishtar» quedan abiertas dos lecturas: advocación fija de la Ishtar descendida, o confusión de oído con el nombre de su hermana — de quien el archivo mismo trae grafías divergentes, Erech Yigal, Ereg Shigan. Este cronista consigna ambas y no falla. Tampoco está resuelto si «Kalim» es otro nombre de la diosa o una deidad aparte. Del voto vegetal solo consta la suspensión del matrimonio: qué prohíbe comer, vestir o tocar, nadie lo ha dictado. De la hierogamia de Uruc se sabe que comienza en su templo mayor, no quiénes la ofician ni qué pasa si no se celebra. La fórmula de invocación nombra unos «registros akáshicos» que ninguna voz explica, y no se sabe quién tiene derecho a usarla. Del Templo apartado no hay distancia ni rumbo respecto de ninguna ciudad, salvo que «Uruc está lejos». Cuántos artefactos suyos hay en total, más allá de los siete atuendos, y qué hace exactamente la Capa en combate; qué relación guarda «Andel» con los no-muertos y si la conversión se revierte devolviendo los artefactos; qué culto ocupaba el templo que sus seguidores destruyeron en Nesut Biti — todo eso el archivo lo calla, y el que calla el archivo, lo calla este cronista.
Véase además: Tiamat · Marduk · Gilgamesh · Luigi Vampa
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.