Templo de Ammonar

Desde el pueblo se lo ve: «está el templo ese que se ve ahí». A caballo se tarda «por lo menos 10 minutos»; desde el borde del bosque se llega por senderos de cacería hasta el domo de granito bajo el cual el templo está enterrado, a la vera del río, en la zona que «está en el sur». Se lo deja atrás al viajar — pero nadie lo deja atrás del todo, porque el pueblo entero existe porque «abajo hay cosas», y este templo es lo que las retiene.

La fábrica

Es «una estructura gigantesca y solar», de planta circular con columnas: «el terrible templo bajo el domo», una «especie de domo, cúpula, así», que se parece «al Panteón en miniatura y mucho más retorcido» — comparación de la que sale perdiendo frente a la torre antigua élfica. Alrededor, columnas simbólicas; sobre el dintel, el disco alado de Ammonar, la deidad titular. El estilo mezcla «los antiguos templos asirios» con templos «hasta mayas y aztecas».

Recibe el sol de manera directa y tiene tragaluces para la luz indirecta. De noche «enciende algunas luces»: quienes están adentro «sí tenían luz de algún tipo», que se derrama por la puerta al abrirse. De dónde sale esa luz, nadie lo ha dicho.

Adentro hay frescos, estelas y dobles puertas. El recinto interior es la naos. Hay un patio central «con los fuegos, con el zigurat»; en el círculo, una fuente rodea circularmente la estatua central. Hay capillas dedicadas —la Casa del Nacimiento y la Casa de la Muerte— y un área llamada la Aditum, a la que se entra tras atravesar un sistema de portales.

La fábrica está «en condiciones óptimas de preservación» pese a sus 700, mil años «o lo que fuera». Pero abajo la historia es otra: «este lugar está cada vez más decadente», con olor estancado y, arriba, en las partes altas de los pasillos, «la cosa viscosa esa de lo rojo» — sustancia que ningún registro explica.

El nudo de tres realidades

Es «un templo importante, pero abandonado. Y además, que tiene sus mecánicas». El templo es multiversal y «era tres veces Nexo-Guerra». Tiene tres entradas distintas de tres realidades distintas, y su circulación está pautada: «hay gente que entra a un lugar del templo y te sacan por el otro lado». Tocar la puerta principal teleporta al que la toca «al otro, en la punta del templo».

Bajo el domo se abren al menos dos niveles subterráneos con criaturas y muertos vivientes; en el nivel tres estaba el Templo de Thoth. La lógica del edificio es de contención: los templos se construyen para custodiar lo peligroso del subsuelo, y este ordena arriba lo que retiene abajo. Por eso la planta circular abierta al sol corona un pozo; por eso el mismo edificio que hace trascender almas alberga la Casa del Nacimiento y la Casa de la Muerte. Y las tres entradas y la Aditum lo vuelven nudo: la misma condición que lo hace central lo hace tomable.

El culto y las exequias

En sus días de servicio, la gente venía a las ocho de la mañana. El culto lo sostenía un sacerdote de Ammonar «que sabe rebuquear» con unos diez acólitos: un anciano sacerdote enseñaba la misa y la cruzada por Ammonar, y un viejo sacerdote enseñaba a la comunidad a pelear contra muertos vivientes — la misa y la espada, en la misma boca, porque el templo celebra arriba lo que combate abajo.

Allí se hacen las exequias: se lleva el cuerpo, se hace la pira, el alma trasciende al empirio mayor y las cenizas quedan en una urna «por si alguna vez un pariente lo busca». Un sacerdote puede consagrar el lugar y evocar sirvientes invisibles para limpiarlo.

El estado presente

Hoy las entradas están selladas y el templo «sigue extrañamente cerrado». Es «un lugar non santo», bajo influencia de la Señora de Abajo, con restricciones sobre quién puede entrar, habitado por diablos que lidera Zaniel — y los diablos lo ocuparon por lo que el templo comunica, no por lo que guarda en la superficie. De él vienen coboldes en grupo nutrido. Para purificarlo, dice el consejo recibido, «podés empezar rompiendo los pilares». Y queda dicha la obligación: «hay que cuidarlo».

Su suerte arrastra a la región. Se pregunta «¿qué pasó con el templo?», y la desaparición de un templo se vincula con la maldición de Ishtar. Que esté sellado y ocupado define el estado presente del pueblo entero.

Glosa del archivero

Acá conviene pisar el freno. Primero, el nombre: las voces dan «Ámora», «Amunam», «Amonar», «Amonarte»; este glosario fija Ammonar, pero no consta si Amunam es otra deidad o la misma mal oída. Segundo, los templos vecinos: el archivo registra uno en Caldero con vitrales de vidrio coloreado —que visita Foggimer, clérigo de la Luz—, uno en Dinaspal/Westmark donde se recuperan los heridos, el Templo de Diana donde entrenan sacerdotisas, un templo de un héroe y un templo donde se enseña «el poder de un rayo». Ninguno está identificado con Ammonar; pueden ser otros edificios o versiones de este, y el que confunda uno con otro viaja a su riesgo. Tercero, el «templo local» que dirigen el Vicario Otar, una acólita nueva y Celia: no está confirmado que sea este.

Quedan abiertas, además, las preguntas que el archivo no responde: qué es «Nexo-Guerra» y qué significa serlo «tres veces»; a dónde lleva cada una de las tres entradas; quién selló las puertas y por qué; qué contiene la naos y qué estatua rodea la fuente; qué es la sustancia roja de los pasillos altos; si romper los pilares purifica el lugar o lo derriba, y a qué costo; y qué quiere decir la frase, dicha y no explicada, de que «Dios se robó el templo». Este cronista las deja escritas para el que baje.

Véase además: Templo de Thoth · Ishtar


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.