Marduk

Tres veces se pronuncia el nombre, y las tres veces dice verdad: Marduk es el dios rey y cazador de dragones que venció a Tiamat en el origen del mundo; Marduk es un título que un héroe carga una vez por ciclo; y Marduk es un cuerpo concreto, de armadura gris, encerrado hoy en el inframundo. Ninguna de las tres verdades anula a las otras dos. Este exégeta las asienta juntas, como las recibió.

Himno del origen

En el principio hubo combate: «el combate es épico, es contra Tiamat, y Tiamat es vencida». De la muerte de Tiamat, criatura dragón primordial, nacerá la tierra. Marduk «destruyó al caos» y regeneró la naturaleza — de modo que el mundo entero es consecuencia de un acto suyo, y todo el que pisa suelo pisa el despojo de aquella victoria.

No venció solo. Marduk, Enlil, Gamayera y otros dioses tuvieron que quitar una constelación del cielo para lograrlo. Y venció con propósito: vino «a intentar capturar el anillo» —las Tablillas del Destino— «y para eso vence a los dragones». El anillo es el artefacto de legitimación divina; capturarlo es la prueba de su poder.

Después del combate, el rito. Los dioses se reúnen y le otorgan su poder combinado, «que de este modo obtiene un destino sin igual»: así es elevado Marduk a soberano supremo. Ese rito no ocurrió una vez — se repite. Los reyes lo representan en ceremonia, en «momentos donde representa a algún dios, como por ejemplo Marduk», porque «siempre hay un dios que es el rey que es el cazador del dragón». El trono, en Vala, es una liturgia de caza de dragones.

El que aparece con cuerpo

Cuando Marduk se muestra, se muestra sin ningún color. «Tiene una armadura de placas gris», y por arriba de la placa «una túnica negra medio abierta, medio poncho»; lleva «el escudo como la espalda, también un escudo gris», y una espada en vaina cerrada. Abajo, pantalones negros y botas bajas de cuero. El pelo es negro, y «los ojos son muy negros, cosa que no se distingue el iris de la pupila». Gris y negro: la paleta entera del cazadragones.

De su rostro fuera de las armas —estatura, voz, edad— los registros callan.

La lanza que no es lanza

El arma epónima engaña desde el nombre: la lanza de Marduk es «una espada curva élfica con dos manos», llevada en el vuelo «como si fuera toda una gran lanza», «cuya punta era un as de luz plateada». Es de factura élfica, «antigua lanza de plateados», hecha «en honor a Dallandor y a los dragones»; en otro mundo se la ha llamado dragolance, y se la nombra también Lanza de Babilonia, «del dios Marduk». Si esos tres nombres son un solo objeto o piezas distintas que se confunden en las bocas, el archivo no lo cierra.

Hoy el arma circula: la porta Sheridan, «espada que lleva en dos manos como si fuera una lanza», y se la ha visto trabajar en combate — «lo agarro con la lanza de Marduk». Cómo llegó a sus manos, estando su dueño epónimo encerrado, es una cadena de custodia que nadie ha escrito.

Los tres que resistieron

El nombre no se hereda: se sobrevive. Ser Marduk implica pasar el ritual de sacrificio y salir vivo, y en trescientos años sólo tres nombres lo lograron — Gilgamesh, Marduk, Ashur: «fueron tres veces en 300 años». La secuencia de los ciclos confirma que son posiciones que rotan, no individuos irrepetibles: «la anterior había tenido que ver con figuras como Gilgamesh, y la anterior a la anterior había tenido que ver con figuras como Marduk». Qué es exactamente ese ritual, y qué le ocurre al que no lo resiste, los registros no lo dicen — pero tres en trescientos años es aritmética suficiente para temerlo.

De Ilgamesh se dice que «tiene la misma actitud» y que representa al héroe sobre el toro; si es otra encarnación del mismo cargo o un héroe paralelo, la voz que lo contó no lo aclaró.

La regalía y los reinos

El sistema de reinados entero se organiza sobre su figura. Los Objetos Mágicos Mórficos son «la regalía de los reinados de Marduk, Apal y Vina», y la realeza se legitima representándolo. Mito, regalía y arma forman un solo dispositivo: quien porta la espada-lanza y sostiene la regalía puede ser reconocido como el Marduk del ciclo, reponiendo el acto fundacional que el mundo periódicamente exige.

En cuanto a su tierra: «se supone que viene» de Nivena y Lonia, tierra que «tiene mucho también de Babilonia». Se lo declara además héroe masculino de Ibenaionia. Qué relación guardan una comarca con la otra, el archivo no lo explicita.

La vacante abierta

Y sin embargo el nombre está hoy en disputa. Quedó dicho ante la compañía, como pregunta que exige respuesta: «Ustedes tienen que elegir quién es el Marduk. ¿Es el ex jardinero?». El jardinero, el Cakravartin, es candidato declarado. Elegir quién es el Marduk no es ceremonia vacía: el mundo cambia según a quién le toque. Mientras tanto, en el presente del mundo, un cuerpo que responde a ese nombre yace encerrado en el inframundo — y nadie ha dicho quién lo encerró, ni cuándo, ni por qué.

Advertencias del exégeta

Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. El lector querrá saber si Marduk es un dios, un cargo o un hombre preso, y este cronista no se lo va a resolver: las voces del archivo afirman las tres cosas sin conciliarlas, y la contradicción queda marcada, no zanjada. Del lugar de su encierro sólo consta el nombre, y en forma dudosa. De Apal y Vina no se sabe más que sus reinados; hasta sus nombres podrían estar mal oídos. Y la identidad entre lanza de Marduk, dragolance y Lanza de Babilonia se superpone sin igualarse del todo. El que jure sobre alguna de estas cosas, jura sobre bruma.

Véase además: Tiamat · Gilgamesh · Sheridan


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.