Gilgamesh

Tres oficios miran una misma figura y ven tres cosas distintas: el que gobierna Uruk lo invoca como abuelo, el que reza lo invoca como patrón, el que mira la ciudad ve su obra. Esta entrada del linaje se ordena así: primero el hombre, después la sangre, después el altar.

El rey de hace trescientos años

Reinó en Uruk —Uruk la Azul— hace unos trescientos años: «por ahí cientos de años, trescientos años». Fue «uno de los últimos gobernantes importantes» de la ciudad, y ese últimos pesa: después de él, Uruk ya no produce nombres de ese tamaño. Es «uno de los fundadores», levantó las murallas de Uruk la Azul, y a su nombre se cuelga además una gran campaña de conquista de la que el archivo no conserva enemigo ni territorio. Su fama no es local: «tiene un nombre conocido» en la historia del mundo entero.

De su naturaleza, la fórmula que corre es esta: «con parte de dios, parece que tiene un tercio de dios». Un mortal con un tercio de dios que, según se cuenta, ascendió.

La cuestión de la inmortalidad

Aquí las escuelas se dividen, y este cronista no va a zanjar lo que el mundo mismo sostiene abierto. Una versión dice de la inmortalidad que «algunos dicen que la consigue, otros dicen que no». Otras dos afirman sin reserva que «se volvió inmortal» y que «ascendió a la divinidad»; «aquí dicen que se volvió Dios». Y sin embargo la misma tradición aclara que «no es como un dios primigenio»: un dios de rango medio, un patrón, un santo patrón si se quiere. La disputa no es erudición ociosa: sobre esa ambigüedad se apoya toda su condición divina. Quién sostiene cada versión —qué colegio, qué templo, qué casa— es cosa que el archivo no dice.

La sangre: la Casa Azul

Gilgamesh legitima el trono actual de Uruk. El rey vivo lo es por ser «descendiente de la casa azul de Gilgamesh», y la Casa Azul entera desciende de él: quitarlo del linaje es desmontar la casa. La Reina lo declara en primera persona: «elegí casarme con el rey con el descendiente de la casa azul de Gilgamesh» —matrimonio elegido, dice, con la expectativa de ejercer influencia positiva en el reino. La sangre del héroe, trescientos años después, sigue siendo moneda política.

El altar: un culto que no coexiste

Gilgamesh tiene seguidores y adoradores, y su culto es militante: sus fieles son «enemigos del Toro del Cielo», y esa enemistad no se quedó en palabras. En el Valle de la Tempestad sus seguidores derribaron la estatua del Toro del Cielo y destruyeron el templo del dios de las tormentas; los escombros siguen ahí, visibles, como parte de guerra sin firmar. La lógica es coherente: un dios nuevo, hecho de un hombre, se afirma borrando los templos de los dioses de la tormenta.

Del culto se dice que tiene al menos dos asientos: «uno en todos, otro en toda la ciudad». La frase quedó dicha así y así se conserva; qué designa cada asiento, nadie lo ha desarrollado.

Kidú

El archivo fija de su amigo —Kidú, que los copistas señalan como posible forma de Enkidu— «una relación homoerótica interesante». Nada más consta, y nada más se afirma.

Advertencias del cronista

Del cuerpo de Gilgamesh, de su rostro, de sus vestiduras, de sus imágenes de culto, el archivo no guarda una sola línea: lo único físico que se le atribuye es obra y no persona, y de las murallas mismas solo consta que existen y que son suyas. Falta el escalafón divino de este mundo y en qué peldaño entra un dios que no es primigenio. Falta su muerte —o su no-muerte—: si ascendió, ¿sigue presente y actuante hoy, o solo como patrón? Falta saber si el culto y la Casa Azul son un mismo aparato o dos instituciones que comparten patrón. Falta saber contra quién fue la gran conquista, quién gobernó Uruk después de él, y si las destrucciones del Valle ocurrieron en su vida o siglos después: los registros atribuyen la mano a «seguidores» y «adoradores», nunca a él. El que quiera respuestas, que pregunte en Uruk; este cronista solo anota lo que las voces dijeron.

Véase además: Casa Azul · Valle de la Tempestad · dios de las tormentas


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.