
Hospital Borda
«El Borda es particularmente bueno en esta época.» — dicho entre profesionales, y sostenido contra toda evidencia del pabellón
Así habla la ciudad de su hospital psiquiátrico para hombres: con un elogio que hay que leer dos veces. Porque quien cruza la puerta encuentra un pabellón que «huele a desinfectante rancio», donde las «luces parpadean bajo una pintura descascada» y se sirve sopa de hospital. El prestigio y el deterioro conviven en el mismo edificio, y ninguno de los dos miente.
El pabellón y las celdas
Los internados no están en salas comunes sino en celdas numeradas; el registro conserva el nombre de una sola, la celda 3. El estado del edificio no se lee en ningún expediente: se huele y se ve. La pintura descascada y las luces que fallan son la forma en que el recorte presupuestario se manifiesta desde adentro, antes que cualquier papel lo confirme.
Una institución del Estado
El hospital lleva el nombre de su fundador, el psiquiatra José Tiburcio Borda, y lo recibe formalmente en 1967, aunque la casa viene de mucho antes: de «los años veintilargo». Depende del apoyo del Estado, y ese apoyo no llega entero: los recortes vienen «desde que vinieron las racionalizaciones después del 55». Y sin embargo, en estos mismos años, la institución se abre: «había empezado a abrirse, a tener gente de la UBA», incorporando psicólogos a la vieja tradición psiquiátrica. De esa combinación —tradición con nombre propio, sangre nueva universitaria, presupuesto en retirada— sale su forma concreta: personal de buen nivel trabajando entre paredes que se caen. El mundo no ofrece una alternativa mejor; el Borda es a la vez el mejor lugar disponible y un lugar en mal estado.
El ala de los uniformes
Dentro del mismo edificio funciona un ala especial para quienes tuvieron que ver con asuntos militares o navales: una vía diferenciada para personal de fuerzas armadas. No es un anexo caprichoso. Es lo que hace del hospital una institución de Estado y no solo un establecimiento médico, y lo que explica que su suerte se decida donde se deciden las cosas del Estado. Por esa ala, la psiquiatría y las fuerzas armadas se tocan bajo un mismo techo.
El 9 de noviembre
Entre el personal circula el rumor de «lo que pasó el 9 de noviembre». El suceso perturba a quienes trabajan ahí, y su contenido queda sin decir. Nadie lo cuenta entero; todos saben de qué se habla. Este cronista consigna el silencio tal como lo encontró.
Los alrededores
El Borda es también una referencia de la ciudad: hay quien deja a alguien «a la vuelta del Borda», y en esa vuelta funciona un alojamiento de tránsito, sostenido por los que vienen a acompañar o a esperar. El hospital es para hombres; su contraparte femenina no está aquí sino en Chabelle, el hospital de mujeres de las «hijas de Dios», que recibe chicas desencantadas con la prostitución. Se menciona además, sin ubicación precisa, un hospital pequeño en la región —«un lugar muy chiquito»— del que no consta que sea el mismo establecimiento.
Por qué importa
El Borda no es decorado: es destino. Es el lugar adonde va a parar quien queda internado por lo que vio o por lo que cargó, y por eso funciona como punto de convergencia. Quien busque a alguien que la ciudad dio por perdido, que empiece por las celdas numeradas.
Advertencias del cronista
Quedan cabos que el archivo no ata, y este cronista no los va a atar por su cuenta. Del 9 de noviembre no se sabe quién estuvo involucrado ni por qué perturba al personal: solo el rumor. De las celdas, solo consta la número 3; cuántas son y cómo se asigna una, nadie lo dijo. Del ala militar y naval no se sabe dónde queda dentro del edificio ni quién decide quién entra. Las fechas guardan una tensión sin resolver: la casa se funda en los años veintilargo, pero el nombre Borda es de 1967, y falta el nombre que la institución llevó entre una fecha y otra. El «hospital muy chiquito» sigue sin ubicar: otro establecimiento, o el mismo bajo otra voz. Y de puertas adentro, fuera del pabellón, no hay nada: ni dirección, ni médicos nombrados, ni régimen de visitas, ni lo que cuesta una internación.
Véase además: José Tiburcio Borda · Chabelle — hospital de mujeres de las «hijas de Dios» · UBA · el alojamiento de tránsito a la vuelta del Borda
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.