A un hombre no se lo separa de su Natalya.
El nombre de una mujer
Natalya no es una persona: es el fusil de asalto FN FAL de Antonio Portet, y él la nombra como a una mujer porque la trata como tal. “A un hombre no se lo separa de su Natalya”, dice, y en esa frase hay menos broma que confesión: el marino quebrado del avión a las Malvinas, partido entre el Atlántico Sur y todo lo que perdió, vuelca en el arma la lealtad que ya no encuentra en otra parte. Es un arma pesada, de las que no se llevan con disimulo, hecha para abrir y no para defenderse.
La recuperación
Cuando Antonio sale del encierro del Hospital_Borda —apenas recobrada la razón, superable pero disfuncional—, lo primero que busca no es paz sino su fusil. Recupera a Natalya por un contacto en la Armada, un hombre llamado Mariano_Lobos, que se la devuelve a pesar de que la cabeza del marino no ha vuelto entera del todo. El arma regresa a sus manos como una prótesis del rumbo perdido, en el mismo gesto con que recobra la brújula de su padre: dos objetos para sostenerse por encima del abismo.
El faro
Natalya pesa sobre la crónica de aquellos días por lo que decide en el faro. Allí, en el tiroteo que enfrenta al grupo con lo que medra bajo las islas, el fusil resulta decisivo —y también delata el estado de su dueño: Antonio dispara y, en lugar de al enemigo, hiere a su compañero Max. El arma cumple su oficio, pero la mano que la sostiene todavía tiembla con la herencia que le corre por la sangre, esa que lo liga a la Orden de Dagón y a las potencias que sueñan bajo la turba. Natalya no falla; el que falla es el hombre que la quiere demasiado.
Vínculos
- Antonio_Portet — su dueño, que la nombra y la trata como a una mujer
- Operativo_Condor — el vuelo desviado a las islas que da origen al descenso
- Orden_Esoterica_de_Dagon — el culto del fondo cuya cercanía descompone el pulso de Antonio en el faro