
Gobernador civil y militar de las Plataformas Unidas de la República de la Plata, el Coronel Carmín detenta en 1838 el doble título de Intercesor y Restaurador. Su camino al poder comenzó una década atrás con un agravio: el fusilamiento de Eldorio a manos de Gloveich. Ese crimen sin juicio fue el cimiento de todo lo que vendría, la lealtad herida que Carmín supo convertir en causa, en milicia, en régimen.
Su base son los gauchos colorados del monte y los sectores populares federales que ven en él la única garantía de un orden que no los aplaste. Ha apadrinado al mulato pianista Remigio en el Teatro Victoria, cultivando una imagen de patrón de las artes que el rojo punzó no desmiente. Sus aliados estancieros, entre ellos los de la familia Martínez de Os con sus toros shorthorn, le dan el músculo económico de la gesta. Los masorqueros son su policía invisible, la sombra que recorre las calles de Torregrises cuando el decreto y el cuchillo se vuelven lo mismo.
Se rumorea que Carmín ha tenido tratos discretos con los caciques de la frontera pampeana, entre ellos Rehuen, el cacique de dos corazones. Si eso es cierto, el Restaurador juega en varios tableros a la vez: al norte, el bloqueo de los Albiones; al este, las hostilidades de los Pernambucos; al sur, el malón que nunca termina de estallar del todo. En 1838 el régimen muestra sus primeras grietas, y los Unitarios huelen la sangre. Para los federales, Carmín sigue siendo el único hombre capaz de sostener el edificio.
Vínculos
- Torregrises — el cosmos troncal bajo cuyo nombre (Santa María de Torregrises) opera la capital rosista
- Eldorio — el mártir federal cuya muerte funda la legitimidad del régimen de Carmín
- Gloveich — el unitario ejecutor de Eldorio, antagonista fundacional del poder federal
- Rehuen — cacique de la frontera pampeana con quien Carmín mantiene tratos reservados
- Remigio — pianista mulato del Teatro Victoria, protegido del Restaurador