Hombre de la trastienda, Cordero de Andrade es uno de esos contactos que la vida política de Torregrises produce en sus márgenes: alguien de trato personal, relativamente sensible al tono de los tiempos, que lamenta lo que se perdió al otro lado del Plata. Guarda duelo por los orientales, por los “cabezones” de la Banda Oriental y las provincias que el río se tragó, y ese luto lo vuelve un interlocutor peculiar en un mundo donde los federales suelen celebrar cada victoria como si fuera definitiva.

Su nombre evoca la mansedumbre y la ofrenda, aunque nadie que lo haya tratado lo describiría como ingenuo. Tiene otros contactos que operan en registros diferentes: donde él lleva el lamento, esos otros llevan el cálculo. En el tejido de alianzas y confidencias que sostiene la ucronía rosista, Cordero de Andrade ocupa el lugar del hombre que sabe demasiado sobre lo que se perdió para celebrar lo que quedó.

Vínculos

  • Torregrises — el cosmos troncal bajo cuyo nombre (Santa María de Torregrises) opera la capital rosista
  • Coronel_Carmin — el régimen federal cuya lógica Cordero de Andrade observa con melancolía