Oficial del ejército federal, degradado y enviado al confín del mundo: el Fortín de la Estrella Federal, puesto más austral de la frontera, donde el régimen deposita lo que no quiere ver. Las causas de su caída se murmuran de manera distinta según quién las cuente: que ayudó a escapar a amigos perseguidos por la mazorca, que pesó sobre él una acusación de conducta indebida, que hay una historia anterior que nadie termina de contar en orden. El teniente no corrige las versiones.

Con el tiempo, el régimen empezó a reconsiderarlo. Se le confiaron tareas pequeñas; la degradación dejó de profundizarse. Eso lo llevó de vuelta a la ciudad —a Santa María de Torregrises— en una posición incómoda y útil a la vez: oficial rehabilitado que opera en los márgenes de la conspiración, infiltrado entre las células que quieren volar las imprentas del régimen y con acceso suficiente como para abrir puertas que los civiles no pueden abrir.

La imprenta federal ya no existe. Las catacumbas retumbaron el día que estalló. El teniente estuvo allí. Que su fusil —una escopeta vieja que alguna vez le explotó en las manos— haya sobrevivido o no a ese día, es otra historia.

Vínculos

Casas del ciclo · ⌖ El oficial federal degradado y desterrado al Fortín de la Estrella Federal traza, en clave de juego, la figura histórica del militar rosista caído en desgracia y luego reciclado por el régimen: ayudó a escapar a perseguidos por la mazorca, fue rehabilitado a medias, y volvió a la capital como infiltrado entre las células que vuelan las imprentas del Coronel Carmín. La voladura de la imprenta federal inscribe el episodio conspirativo del rosismo verbatim en la gesta. — glosa del archivero del Plata.